Ahora sí, tiempos de transformación
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Ahora sí, tiempos de transformación

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Ahora sí, tiempos de transformación

12/03/2020

Universidad Iberoamericana de Puebla / Puebla contra la Corrupción e Impunidad

Los gravísimos delitos que se cometen diariamente en contra de las mujeres no son nuevos, pero se han acrecentado y han conmocionado a la sociedad entera. Mutilaciones, secuestros en el hogar o en la escuela como el de Fátima, asesinatos de niñas y jóvenes tras ser violadas… la lista es interminable. Y llueve sobre mojado. La violencia de género sobresale a la tragedia que representan los más de 30 mil homicidios anuales que desde hace años estamos sufriendo. Los feminicidios son intolerables. Y esta violencia es posible por la cultura machista que tenemos tan arraigada en México. Se expresa en grandes y en pequeños hechos, comentarios, miradas y acciones de acoso y hostigamiento; en la normalización de la violencia en el hogar; en la discriminación de género, en la que hombres eligen a hombres para dirigir empresas y organizaciones, en donde les robamos oportunidades genuinamente ganadas. El machismo está por todos lados.

La marcha estudiantil multitudinaria de la semana pasada en Puebla, y las más de 60 marchas en todo el país el domingo pasado por el Día Internacional de la Mujer y especialmente en la Ciudad de México, muestran que hay un grito de repudio y de un “Ya Basta” de las mujeres mexicanas. Su voz, indignación y rabia se han escuchado en todo el país. Y además, de la notoriedad total, de las multitudes de mujeres marchando el domingo, pasamos en apenas unas horas al Paro Nacional de un día sin mujeres el lunes 9 de marzo.

El contraste es apabullante. Se han hecho ver, escuchar y sentir sin estar presentes. Es una imagen poderosa y esperanzadora. Ahora sí, se siente que México está viviendo una transformación que puede y debe llegar a fondo. Debe ser una transformación histórica que cambie a esta sociedad de una vez por todas, que erradique la violencia de género, los feminicidios, los machismos y arribemos a una sociedad en la que convivamos mujeres y hombres en medio del respeto y la armonía.

Pero del tamaño de la indignación, del enojo y de la demanda ciudadana es la dimensión del riesgo de que éstas se desborden, se salgan de cauce, si no tienen una respuesta a la altura de las circunstancias. Si las respuestas a la indignación y los agravios son insuficientes, si se regatean, o peor aún, si se intenta sólo “dar atole con el dedo”, puede haber una reacción violenta que agrave todavía más la situación. ¡Cuidado!

Por eso las respuestas de los gobiernos federal y estatales debieran ser relevantes, enfocadas, efectivas y bien estructuradas. Haber borrado inmediatamente los nombres de víctimas que se escribieron en la plancha del zócalo el domingo pasado irrita, pues pareciera que intentan borrar su memoria. Así no.

Debemos crear un camino creíble y efectivo para transitar en este proceso de transformación social en los centros de trabajo, en las universidades y escuelas, en los espacios culturales y deportivos. En todos los ámbitos. Debemos crear protocolos y mecanismos que sean efectivos para prevenir actitudes machistas y atender las diversas formas de violencia de género.

Pero la respuesta más importante, al menos en el corto plazo, es la que debe dar el gobierno. Y lamentablemente no ha sido así. Al referirse a las manifestaciones del domingo, el presidente resaltó la libertad de expresión y minimizó el contenido de las marchas. A pregunta expresa sobre su política de seguridad en la mañanera del martes, AMLO respondió que no hará ningún ajuste. Así confirmamos la sospecha de que no ha escuchado ni entiende nada. Pretende fingir que todo “va requetebien”. No le preocupa el problema, lo minimiza y expone incompetencia y misoginia.

El caso del gobernador de Puebla, uno de los estados con más feminicidios y violencia de género en el país, no es diferente. A lo más que llega es a la creación de una fiscalía especializada, pero sin transformar el corrupto e ineficaz sistema de seguridad ni de procuración de justicia. El gobierno (federal y de Puebla) debe reconocer que su estrategia de seguridad ha sido fallida. Debe modificarla para atacar frontalmente la violencia y la impunidad, y focalizar lo que ha hecho crisis: feminicidios, acoso, inseguridad y violencia de género.

Ahora sí, México se está transformando. Las mujeres se hacen notar más que nunca, la violencia contra ellas nos lacera, y la sociedad está reaccionando. Nos toca impulsar, por todos los medios posibles, un alto a la violencia. Los gobiernos deben actuar decididamente, de manera efectiva e inmediata, sin simulaciones, y no dar soluciones aisladas e ineficaces. Hasta ahora sus respuestas no han convencido. No han querido reconocer la gravedad. Y si no son capaces de hacerlo, me temo que la violencia será mucho peor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.