Enrique Cardenas

Ni ellos se ponen de acuerdo

Las mañaneras no son un ejercicio de rendición de cuentas, donde se informe verazmente ni con el análisis requerido.

Universidad Iberoamericana de Puebla, Puebla contra la Corrupción e Impunidad.

Nuevamente corroboramos que las conferencias mañaneras del presidente López Obrador no son, como el gobierno pretende mostrar, un ejercicio ‘inédito’ de rendición de cuentas: una conferencia de prensa diaria que ‘informa’ y establece un contacto directo con el ‘pueblo’. Muchos analistas, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil han dado cuenta, en muchas ocasiones, de que la ‘información’ que presenta el presidente de la República no tiene sustento documental directo, muchas veces no corresponde a la información oficial dada por su propio gobierno, y en numerosas ocasiones simplemente se aparta de la realidad. Por ejemplo, Verificado Mx, Animal Político y Nexos han realizado ejercicios de esta naturaleza, encontrando que los datos, en una gran proporción, no concuerdan. La organización SPIN ha contabilizado las ocasiones en que el presidente miente o dice medias verdades y se acercan a las 90 por conferencias mañaneras. Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad ha mostrado las violaciones sistemáticas a la ley por parte del gobierno y fue de los primeros que se topó ante la inexistencia de información documental de las cifras presentadas por el mandatario. Signos Vitales muestra constantemente cifras en diversos ámbitos que no corresponden con la realidad, como puede observarse en su reporte ‘El valor de la verdad’.

Tocó ahora el turno a Causa en Común, que preside María Elena Morera. En su reporte ‘No hay, no quieren o no entienden. Análisis de las conferencias de prensa matutinas’, en lo que concierne a la información sobre Fuerzas Armadas y seguridad, Causa en Común corrobora que las conferencias del presidente no son, ni por mucho, un ejercicio de rendición de cuentas. Con una metodología sólida y aplicada sistemáticamente, hicieron mil 283 solicitudes de información a 20 instituciones sobre seguridad. De ellas, se analizaron 999 solicitudes correspondientes a solamente seis dependencias (Secretaría de Seguridad Ciudadana, Segob, Sedena, Guardia Nacional, Marina y el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública). Los hallazgos son impactantes. En 69 por ciento de las respuestas se dio información completa (56 por ciento) o parcial (13 por ciento), y de ese porcentaje, sólo 66 por ciento concuerda totalmente entre la información que se da en las mañaneras y la que reportan las entidades públicas. El 12 por ciento adicional concuerda sólo parcialmente. Por tanto, de las 999 solicitudes de información, sólo en 37 por ciento de ellas la información es completa y concuerda con lo dicho en las mañaneras. Es decir, la mayor parte de los dichos del presidente no coinciden, no existen o el gobierno no quiere otorgar la información.

Este hecho no sólo constituye una violación al derecho de los mexicanos a conocer la información pública, sino que además que esa información al menos sea consistente al interior del gobierno. Ojo, ello no quiere decir que la información dada por el gobierno sea, además, verdadera. Más bien, hay muchas instancias en que se ha comprobado la falta de veracidad de los datos que nos ‘informa’ el presidente. Por lo tanto, el ejercicio de las mañaneras no es una rendición de cuentas, donde se informe verazmente ni con el análisis requerido para que efectivamente el presidente rindiera cuentas constantemente.

Un problema adicional es que la información no es útil para realizar diagnósticos, los cuales son componentes fundamentales para el diseño de políticas públicas que busquen resolver los problemas del país. Si no se cuenta con buena información, es prácticamente imposible diseñar buenas políticas públicas que posteriormente sean evaluadas para su ajuste y mejora. Por eso, no es de extrañar la falta de resultados en casi todos los ámbitos a tres años de esta administración. En corto, con la política de ‘otros datos’ se mutila el gobierno mismo de uno de sus instrumentos esenciales para gobernar, y deja a los ciudadanos sin herramientas para ejercer sus derechos. No contar con información fidedigna lastima los valores democráticos y los derechos humanos fundamentales, al tiempo que el uso de ‘otros datos’ por el presidente distorsiona la realidad y facilita la polarización del país. Y lo peor es que se trata de una estrategia premeditada que tiende a la perversidad.

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