Servir, una empresa noble
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Servir, una empresa noble

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Servir, una empresa noble

01/02/2019

Esta historia la saben bien los familiares de los enfermos que luchan por su vida en las salas de terapia intensiva del Hospital General de Guadalajara Jalisco.

La conocen desde 1992, hace 27 años cuando luego de recuperarse a lo largo de un año de un grave accidente MARIANA PARADA TOVAR decidió corresponder al privilegio de mantener su existencia sirviendo a familiares de enfermos graves.

Es de esas historias que hablan de buenos corazones y de labores que nunca deben de ser olvidadas.

Lo que vio y vivió MARINA PARADA TOVAR mientras se recuperaba lentamente le exigió ponerse en acción en favor de lo que su fe tuvo que enfrentar.

Religiosa, madre de una docena de hijos, esposa de un exitoso empresario que fue de los que establecieron las bases de Guadalajara como capital latinoamericana de joyería de oro, Marina decidió responder con trabajo una iniciativa social que recibe reconocimiento en otras ciudades y otros hospitales de México donde se habla de esa señora que movilizó a sus hijas e hijos y a los amigos de ellos y ellas y a sus amigas y a familiares de sus amigas para que llevaran comida de calidad a los familiares de pacientes que por su pobreza duermen en el suelo y por la mañana y noches "esculcan" la basura en busca de algo que llevarse a la boca.

Y desde 1992 les lleva comida a esos familiares que oran y esperan que sus familiares se recuperen de sus graves enfermedades.

Fruta, pozole, picadillo, tostadas, carne con papas, queso, frijoles, 30 garrafas de agua de futas, postre, pan y tortillas. De tortillas solamente llevan a obsequiar 80 kilogramos. Todos los jueves llegan a medio día, montan sus manteles en las mesas que el hospital les ha dispuesto y comienzan a repartir comida a las dos de la tarde. Para las ocho de la noche terminan.

En 1992 comenzaron ella y tres amigas a realizar una tarea que hoy apoyan, voluntariamente, más de 25 personas que se reúnen y coordinan para calmar el hambre de quienes tienen pacientes muy graves.

Nadie habla de dinero. Todos quienes se han sumado lo han hecho voluntariamente y han encontrado el respeto y apoyo de las autoridades hospitalarias para realizar esa labor y extenderla a todo aquel familiar de un enfermo que tenga hambre o sed.

Pueden ser entre 900 y mil comidas en platos desechables y cuando se puede repetir se hace. Nunca se queda comida. Pero la labor no queda ahí porque con mayor frecuencia los propios alimentados buscan no solo el aliento de Marina sino también que ella hable con sus enfermos para que acepten la posibilidad de la muerte. Los ayuda a bien morir.

El asunto es referente internacional de lo que Marina ha desarrollado a lo largo de todos esos años desde principios de los años noventa.

Ahora llega el momento de pensar en institucionalizar la labor, que de manera altruista, inició Marina Parada Tovar. Momento de comenzar a considerar hacer de esto una empresa de responsabilidad social que sin ningún enfoque de lucro multiplique sus acciones para que la obra se mantenga no solo en la voluntad de todas sus hijas e hijos que tuvo y que colaboran, todos, sino garantizar que esa labor nunca se pierda sino al contrario, crezca en beneficio de muchos familiares de pacientes pobres que guardan la llegada de un milagro que permita que sus familiares salgan sanos de esos hospitales públicos.

Son de esas experiencias que tienen que conocerse y que deben de ser respaldadas para que nunca se olviden.

Mujer de corazón de oro.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.