¿Refundar organismos empresariales?
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¿Refundar organismos empresariales?

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¿Refundar organismos empresariales?

07/03/2018
Actualización 07/03/2018 - 15:05

La corrupción ha corroído a tal extremo instituciones públicas y privadas que resultaría al parecer más práctico darlas por muertas y refundar nuevas.

La corrupción ha tocado muchos renglones de los organismos empresariales donde se han tomado decisiones a partir de intereses personales o sectoriales en detrimento del interés general.

Uno de los casos más escandalosos de corrupción señala con claridad a la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio. La justicia en el país es tan lenta y tan poco justa que lo más seguro es que nadie sabrá a ciencia cierta si hubo desvíos y compras amañadas en el caso de las tabletas que se adquirieron al amparo de un apoyo del Instituto Nacional del Emprendedor como sostiene con datos y documentos Juan Carlos Pérez Góngora.

Es más fuerte el impulso para darle carpetazo al asunto que la voluntad de llegar a la verdad caiga quien caiga.

Con justificación o sin ella, el dedo puesto en ese renglón del mal uso o abuso de recursos públicos no sólo ha sembrado una duda importante en la Confederación comercial sino en otros organismos públicos.

Cuando aún no era Inadem, sino una subsecretaría, mucho se dijo entre pasillos del abuso que varios organismos empresariales presentaron en el manejo de recursos de apoyo a Mipymes.

Se negociaban 'cuotas' para apoyar a varias cámaras empresariales y los empleados de ellas impusieron cantidades escandalosas por intermediación, incluso superiores a 40 por ciento.

Quien niegue esto padece de una ceguera patológica. No se requiere ser clarividente. Revise los recursos canalizados a cámaras empresariales para evidenciar que varias de ellas hicieron del recurso del Inadem un soporte financiero para su funcionamiento.

Se acusa a Pérez Góngora de haber lesionado moralmente a la máxima casa empresarial de los comerciantes. Hubo también quien le condenó por haber hecho público el señalamiento de corrupción. Pero no sólo es corrupto quien recibe dinero o maneja fuera de los parámetros establecidos un recurso destinado a apoyar a empresarios o emprendedores. También lo es quien tiene una representación empresarial y prefiere aceptar 'línea' a sabiendas de que lo que tiene que apoyar no juega a favor de los intereses empresariales.

Juan Carlos Pérez Góngora no será presidente de la Concanaco porque los procedimientos de justicia en el país están más corrompidos que las propias cámaras en donde se ejercen esas prácticas.

Por ello no es mala idea la de refundar organismos empresariales desligados de la voluntad del sector público y con el verdadero compromiso de representar honesta y legítimamente los intereses empresariales.

Podemos adelantar que está cerca la creación de un organismo de representación que harán nacer quienes se han acercado al disidente de la Confederación para conformar un cuerpo de legítima representatividad y defensa empresarial.

Actualmente Pérez Góngora trabaja con empresarios afines a su forma de pensar y actuar en el armado de ese proyecto que tendría como misión una legítima y honesta defensa y representatividad de los intereses empresariales mexicanos. Será una asociación civil y pudiera nacer antes del proceso electoral de mediados del año.

No es mala idea. El país requiere empresarios que luchen respetuosamente, pero de frente, contra el poder administrativo del sector público. No hay suficientes figuras empresariales para luchar por los intereses del sector privado coincidentes con los intereses del país. La apatía ha ganado mucho terreno.

Ya veremos hacia dónde va el esfuerzo que encabeza el disidente de la Confederación de comerciantes en el país. La corrupción ha sido tan grande que se antoja luchar por un saneamiento de la vida pública de representación del sector privado.

En beneficio del país, primero, por supuesto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.