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Preguntas sin respuestas

07/02/2018
Actualización 07/02/2018 - 14:20

Por cuestiones que no puedo explicar, quien esto escribe fue incorporado a un espacio de la plataforma de WhatsApp de un grupo extenso de profesionales convencidos de que José Antonio Meade es el mejor candidato a la presidencia de México.

He de reconocer que el autor de esta columna es como el común de los mexicanos: preocupado por el país pero sin preferencia hacia algún partido político y cierta aversión hacia el ejercicio de la política mexicana.

No obstante, no tener partido ni haber decidido hacia quien habrá de merecer el voto en las próximas elecciones, decidí quedarme sobre todo para conocer las propuestas del abanderado priista desde un grupo que le apoya.

Con tristeza contemplo que el grueso de los envíos hacen gala de las carencias de los opositores a Meade y no precisamente se destacan las propuestas programáticas de su ideal aspirante a la presidencia.

Como el resto de sus contrincantes políticos, enfatizan los errores, las limitaciones y los rincones oscuros de quienes le compiten y los espacios propositivos o proactivos son los menos.

No hay diferencia sustancial de lo que hacen los simpatizantes de los otros virtuales candidatos a la presidencia. Las propuestas quizá tengan que esperar a otro momento porque, por ahora, sus calificaciones ante el electorado no son del todo brillantes.

En el tema Pyme vendrán, esperamos, mejores momentos para conocer los planteamientos de los aspirantes a la presidencia.

Será interesante cómo abordarán el muy urgente y necesario proceso de profesionalización de las micro y pequeñas empresas que representan más de 98 por ciento del complejo empresarial mexicano.

Será importante ver cómo se plantea; si es que ocupa alguna preocupación entre los aspirantes a la presidencia; la necesidad de que un mayor número de unidades económicas incorporen la tecnología a su diario ejercicio empresarial; de cómo abordarán, si es que lo hacen, la necesidad de programas que vinculen a las micro empresas con las pequeñas y a éstas con las medianas y las medianas con las grandes compañías.

¿Cómo plantearán fortalecer las cadenas de valor? ¿Cómo se destacarán las vocaciones regionales en los planes de políticas públicas y cómo el apoyo para que se consoliden?

¿Habrá más modificaciones fiscales y en ese sentido se tomarán en cuenta las propuestas del sector privado para promover una política fiscal que promueva la reinversión, la inversión en tecnología, en procesos de innovación? ¿Cómo vincularán de una manera más útil la relación entre Universidades públicas y privadas con el sector productivo? ¿Cómo se combatirá la informalidad? ¿Qué papel jugarán las empresas en el abatimiento del rezago educativo, la corrupción y la inseguridad?

¿Cómo se evaluará la política pública pro-Pyme desarrollada en la presente administración? ¿Habrá voluntad política y visión como para desprender de la Secretaría de Economía al Instituto Nacional del Emprendedor y hacerlo dependiente de manera directa y sólo de la presidencia de la República como se hace de Estados Unidos?

¿Qué sesgo se contempla para un 'nuevo' Inadem si es que se plantea mantenerlo en vigencia? ¿Cómo promover el emprendimiento entre los jóvenes mexicanos y cómo se planteará el apoyo a proyectos realmente innovadores y en vinculación con las grandes necesidades nacionales, o seguiremos apoyando proyectos que no necesariamente se relacionan con los retos o grandes necesidades sociales del país?

¿Se contempla posible y necesaria una política de promoción industrial?

En fin, que hay estas y muchas más preguntas que debieran encontrar respuestas de los aspirantes a la presidencia. No serán suficientes los meses de campaña para conocer los planteamientos generales de los aspirantes a la primera magistratura nacional en estos y otros temas fundamentales.

De ahí una pregunta fundamental: ¿Quieren que votemos por el menos tonto o por quien ofrezca planteamientos más razonables y viables para recomponer la realidad nacional y convertir a México en una nación más próspera y justa para la mayoría de sus habitantes?

Si es así, que desean ganar el voto por la confianza que merecen sus planteamiento, por qué pierden tanto tiempo tratando de desprestigiar a sus contrincantes políticos?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.