Estertores de talento disruptivo
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Estertores de talento disruptivo

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Estertores de talento disruptivo

17/09/2019
Actualización 17/09/2019 - 14:32

JAVIER LARRAGOITI es un muchacho que forma parte de una generación 'sandwich'. Fundamentó su proyecto emprendedor disruptivo en los últimos años de política pública federal pro-Pyme y lo inicia prácticamente en un sexenio en el que no se cree que el apoyo a emprendedores tenga sentido alguno.

Y mire con qué producto: con un sustituto de azúcar que usted confundiría con el producto surgido de la caña de azúcar con un sabor casi igual. Producto que NO HACE DAÑO AL DIABÉTICO y que se obtiene del OLOTE o la mazorca del maíz que prácticamente no tiene un uso útil en el país.

Bajo los parámetros del actual gobierno federal, Larragoiti es un joven fifí que se educó en la carrera de química en una universidad privada (La Salle), en la que buscó durante largos cuatro años una solución que permitiera a su padre, diabético, y a su madre, también, tener mejor calidad de vida sin extrañar al azúcar.

Cuando cursaba el primer semestre de su licenciatura a su papá le diagnostican diabetes. Javier entonces se da a la tarea de buscar un sustituto de azúcar que no causara daños al organismo de sus padres diabéticos.

Surge el proyecto de pensar que de un proceso de fermentación del olote, la mazorca del maíz, elemento que hoy prácticamente se desecha en México, pudiera obtener un elemento que es la XILOSA que también es conocida como el azúcar de madera.

Luego de cuatro años de investigaciones muy extensas y costosas al final de su carrera JAVIER LARRAGOITI tiene un sustituto de azúcar derivado de la fermentación del olote. Pero surge otro problema grave: la universidad tiene la patente y no quiere concedérsela como licencia en exclusiva para su explotación. Inexplicablemente no quiere que la patente se explote ni que su estudiante la aproveche a pesar de haberla generado.

Momento para salir del país y pensar las cosas durante su maestría en Londres donde adquiere sus conocimientos de biotecnología.

Al regreso a México, luego de haber considerado el renunciar al proyecto, decide mejor replantear el proceso y llegar al mismo resultado o uno mejor mediante otro procedimiento que ya fuera su patente. Pide apoyo al Tec de Monterrey sede Monterrey y a la UAM Iztapalapa en la que bien le reciben sus peticiones de uso de sus laboratorios a cambio del pago cuando consiga capitalizarse.

Cosa que hace con mucho éxito gracias al reconocimiento internacional que se le concede a su invento o desarrollo tecnológico.

Obtuvo el beneplácito del MIT de Massachusetts como uno de los 35 productos que cambiarán al mundo y es el primer proyecto mexicano que consigue el prestigiado concurso global THE VENTURE. CitiBanamex le cataloga como la empresa con mayor sustentabilidad en su proceso y los primeros siete millones de pesos que fueron invertidos en su proyecto regresan para soportar su segundo proceso.

Ya con la idea de que el asunto puede tener sentido en un segundo esfuerzo, ya con una de las maestras que más le apoyó en el conseguir el producto en el primero de los intentos, LORENA PEDRAZA es invitada a incorporarse al proyecto que en casi un año obtiene el segundo procedimiento mejorado que obtiene un producto prácticamente de igual granulado que el azúcar convencional, mismo color, peso un poco menor y sabor más volátil, no tan endulzante pero de, digamos, exactamente mismo sabor, más discreto pero, lo más importante: SANO y sin daño a organismos diabéticos.

COFEPRIS lo acepta y más adelante lo hacen también las autoridades de la FDA en Estados Unidos.

Ya se produce en México y ya se vende para quienes le conceden valor a este proyecto disruptivo mexicano.

Se produce a razón de una tonelada por año. Para conseguir esa cantidad compran anualmente siete toneladas de olote mismas que muelen tan pronto llegan. A pesar de que es un producto de desecho y que las comunidades tiran o queman, los involucrados en este proyecto lo pagan a comunidades de Puebla porque en la Central de Abasto de la CDMX comenzaron a tratar de extorsionar al muchacho.

Siete toneladas de olotes sirven para producir una tonelada del producto. Para finales de este año habrán de incrementar hasta tres toneladas a las que llegarán durante el 2020 y para el 2022 deberán estar en las 300 toneladas anuales de producción.

Ahora la empresa la llevan tres socios: su maestra Lorena e Isabela Fernandez, ingeniero en alimentos y experta en procesos de comercialización de este tipo de productos muy especializados.

Por cierto, el producto sirve para hornear y los panes o pasteles si esponjan. Para contacto busque en redes sociales XILINAT.COM. Ahora trabajan para conseguir que el producto valga lo mismo que el azúcar convencional y por cierto... casi lo olvidaba: esta 'azúcar' no provoca caries.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.