Tormenta para rato
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Tormenta para rato

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Tormenta para rato

25/01/2018
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En los últimos días se ha estado hablando de la posibilidad de una tormenta perfecta. Fernando Ónega señala en un artículo que la expresión tormenta perfecta ‘fue popularizada por una película basada en hechos reales: los sufridos por pescadores de pez espada sorprendidos por la conjunción de dos grandes borrascas, una de aire frío continental y otra de aire caliente en la isla de Sable. El choque o la fusión de ambas provocó grandes desgracias’; aplicándolo a nuestro caso, significaría que la confluencia en el tiempo de diversos fenómenos negativos estarían creando el ambiente para una crisis en el último año del sexenio. En este artículo argumento que los impactos pueden ser más permanentes, por lo que es posible que más que una tormenta perfecta tengamos varios años complicados.

Tres son los componentes que más se mencionan como parte de la tormenta perfecta. En la parte externa, la posible salida de Estados Unidos del TLCAN y los impactos en los flujos de inversión extranjera provocados como consecuencia de la reforma tributaria aprobada en nuestro vecino del norte. En la parte interna se menciona la posibilidad de que López Obrador gane la presidencia, dadas las políticas de regreso al pasado que ha estado anunciando, construir dos plantas petroquímicas, cancelar la reforma educativa y poner la continuidad de la reforma eléctrica a referéndum, entre otras.

Los dos primeros componentes, si bien tienen efectos en el corto plazo, sus mayores efectos podrían sentirse en el mediano plazo. En el caso del TLCAN, aunque la moneda está en el aire, ya se está hablando de posponer la posible renegociación para después de julio. En un escenario negativo los impactos los veríamos en 2019 y los años subsecuentes.

En el caso de la reforma tributaria su impacto está por verse. En el corto plazo difícilmente se movería una planta de un país a otro; en el mediano plazo, si bien es lógico que afecte en alguna medida los flujos futuros de inversión extranjera, la magnitud va a depender de la evaluación que hagan los inversionistas sobre dónde es más rentable invertir. Habrá que escuchar y observar las reacciones de los inversionistas. Me preocupa más el impacto que tenga la reforma tributaria en la política monetaria de Estados Unidos. Un efecto a favor de la reforma tiene que ver con el impulso a la actividad económica de México como resultado del mayor crecimiento de la economía de Estados Unidos.

Con respecto a la incertidumbre electoral, las encuestas hoy muestran que López Obrador está adelante, aunque como dice Roy Campos en las láminas donde presenta sus encuestas: ‘Por favor nadie vea esto como un pronóstico, porque seguramente se equivocará’. Para evaluar el impacto conviene recordar lo que ha pasado en las elecciones recientes donde participó AMLO. En 2006 el tipo de cambio pasó de 10.45 pesos por dólar en enero a 11.31 en junio, una depreciación de 8.2 por ciento; sin embargo, para fines de ese mismo año ya había regresado a niveles de 10.81; algo similar paso en 2012. En este caso el tipo de cambio pasó de 12.78 a inicios del año a 14.29 en el mes previo a las elecciones (una depreciación de 11.8 por ciento), para regresar a 12.87 a finales de ese año. Es decir, la incertidumbre, que se refleja en el nivel del tipo de cambio, ha sido temporal; aunque en ninguna de las elecciones ha ganado AMLO.

A los componentes de la lista anterior habría que añadir los cambios en la política monetaria en Estados Unidos, que se reflejaría en alzas de tasas de interés mayores a las previstas, con la consecuente salida de inversiones en cartera. Conviene recordar que 33 por ciento de los valores gubernamentales está en manos de no residentes en el país.

Por otro lado está la evolución de la economía en el último año del sexenio. En 2006 el crecimiento fue de 4.4 por ciento, en 2012 de 3.7 por ciento, mientras que las expectativas de los analistas para 2018 rondan 2.2 por ciento; sin embargo, ese modesto crecimiento puede incluso ser menor si entramos a un ciclo de menor crecimiento económico que ya se venía reflejando en el segundo semestre del año anterior en varios indicadores.

Si a estos elementos añadimos una inflación fuera de rango, inseguridad rompiendo récords, finanzas públicas frágiles -lo que se refleja en un porcentaje extraordinariamente bajo de inversión pública sobre PIB- y muy poca capacidad del gobierno para liderar decisiones difíciles, dado su bajo nivel de aceptación, muy probable más que una tormenta perfecta, tengamos tormenta para rato.

Profesor Asociado del CIDE.

Twitter: @EduardoSojoGA

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.