Todavía puede rescatarse el sexenio en materia económica
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Todavía puede rescatarse el sexenio en materia económica

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Todavía puede rescatarse el sexenio en materia económica

10/10/2019
Actualización 10/10/2019 - 13:22

Hace algunos días un buen amigo me preguntó sobre cuál de los escenarios económicos, de los que escribí hace cerca de un año, tenía mayor probabilidad de ocurrencia, dado como ha iniciado el sexenio. En esta entrega hago una revisión de dichos escenarios, asignándoles probabilidades de ocurrencia. Las probabilidades no suman 1, porque cada una es independiente.

En estos primeros diez meses de gobierno no hay muchas sorpresas respecto del tipo de políticas públicas que se pensaba iba a instrumentar en su gobierno el presidente Lopez Obrador. Ha sido muy consistente. Quizá la mayor sorpresa ha sido la resistencia a observar la realidad (‘yo tengo otros datos’); sin embargo y aunque públicamente no lo admita, estoy seguro que en su interior, pragmático como es, debe estar muy preocupado porque las cosas no están funcionado como él esperaba en materia económica.

La realidad es que nadie pronosticaba un escenario tan malo para la economía de México en el primer año de gobierno; y eso va a influir en el tipo de políticas públicas que se tomen a futuro.

Al primer escenario le denominé: ‘El poder es como el violín’, recordando la frase que utilizo David Konzevik en Brasil a propósito del gobierno de Lula da Silva, ‘se toma con la izquierda, pero se toca con la derecha’. A este escenario le doy ahora una mayor probabilidad (0.75). El presidente se tardó en reconocer la importancia de la iniciativa privada en los procesos de desarrollo; no obstante, gracias al rápido deterioro de la situación económica, pero también a los buenos oficios de empresarios como Carlos Salazar, Antonio del Valle y Alfonso Romo, las cosas empiezan a cambiar. Por ello doy mayor probabilidad a un escenario en el que regresen esquemas público-privados para impulsar la infraestructura, rondas petroleras, subastas de energías limpias y proyectos en los que se incentive la inversión privada. Veo que también se ha incrementado un poco la probabilidad de una reforma fiscal que inhiba lo menos posible la inversión y la generación de empleo. Ante un escenario internacional poco favorable, las opciones se reducen. El Ejecutivo federal tendrá que impulsar la inversión privada utilizando todos los instrumentos a su alcance y reducir la vulnerabilidad fiscal con un reforma que inhiba lo menos posible el crecimiento económico.

Al segundo escenario le titulé: ‘No les voy a fallar’, tomando la frase que el presidente utilizaba frecuentemente en campaña. A este escenario le doy una menor probabilidad de ocurrencia (0.6), dado que implica incumplir su compromiso de mantener la deuda como porcentaje del PIB, pero no lo descarto. Aunque el presidente ha reiterado su compromiso con el mantenimiento de finanzas públicas sanas y sabe que un mal mensaje a los mercados pondría en riesgo el grado de inversión, los márgenes de maniobra para cumplir con sus compromisos de campaña sin incumplir las responsabilidades de gobierno, se van a ir reduciendo cada vez más y va a ser muy difícil impulsar una reforma fiscal que no inhiba el crecimiento económico y el empleo. Por lo anterior el presidente optaría por incrementar la deuda con el argumento de actuar de manera contracíclica.

Al cuarto escenario, y tercero ahora en probabilidad (0.5), le llamé: ‘Sálvese quien pueda’, título basado en un escenario desarrollado por Richard Wells de Lexington Group. Este escenario combina un mal manejo de la política económica interna, con una recesión en los Estados Unidos y una pérdida del grado de inversión. Si ganan los que quieren impulsar la agenda de la 4T con instrumentos del pasado y sin contemplar los impactos que esas medidas puedan tener en la economía; y se combinan con un entorno externo adverso, este escenario tendría una mayor probabilidad de ocurrencia.

Al tercer escenario y al que ahora le doy la menor probabilidad (0.3) es al que denominé: ‘Continuidad en lo esencial’ porque implicaba la continuación de las políticas económicas instrumentadas en los últimos años, de forma que los cambios resultaban más retóricos que reales. El presidente se ha caracterizado en estos pocos meses por acabar con todos los programas que vienen de pasadas administraciones y debilitar las instituciones construidas en los últimos años; y eso no creo que vaya a cambiar. Lo hecho, hecho está.

En síntesis, nadie había pronosticado un arranque tan malo en materia económica como el que hemos tenido en este inicio de sexenio y ello condiciona las políticas públicas para el resto de la administración. En mi opinión todavía puede rescatarse el sexenio si no se complica mucho el escenario internacional. Para ello se tendrían que tomar decisiones más amigables a la inversión privada y reducir la vulnerabilidad de las finanzas públicas con una reforma fiscal que inhiba lo menos posible el crecimiento económico. Entre más se tarde la toma de decisiones, más complicado será el sexenio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.