“No les voy a fallar”
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“No les voy a fallar”

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“No les voy a fallar”

15/11/2018
Actualización 15/11/2018 - 14:15
columnista
Eduardo Sojo
Érase una vez un Número

En este artículo se describe uno de los cuatro escenarios sobre el siguiente sexenio que comentaba en un artículo anterior. Los escenarios, como ha señalado Richard Wells, presentan realidades potenciales, cuestionan las zonas de confort y abren la mente a posibilidades divergentes. En este caso contribuyen a organizar nuestros pensamientos y contrastar políticas públicas.

El título de este escenario está basado en la frase que ha utilizado el presidente electo de manera recurrente cuando se le cuestiona sobre la dificultad o inviabilidad de llevar a cabo sus propuestas.

Para describir el escenario de manera más clara me situó a finales del 2024, las elecciones pasaron y para muchos el resultado se explica por la persistencia del presidente López Obrador. Hasta el final impulso la mayoría de las propuestas con las que arrancó su sexenio. Es cierto que prácticamente todas las fueron matizando con el tiempo, pero permaneció la idea original.

El Tren Maya enfrentó problemas no anticipados, pero en marzo del presente se inauguró su primera fase, la más rentable (es incierto si va a continuar). Este mismo año también se inauguró (finalmente) la refinería en Tabasco y el aeropuerto de Santa Lucía con muchas limitaciones. La descentralización de las dependencias se llevó a cabo de manera muy parcial.

La austeridad, que se mantuvo durante todo el sexenio, contribuyó a llevar adelante el proyecto de gobierno, pero no generó márgenes fiscales suficientes para atender los compromisos de campaña; por ello el presidente propuso un incremento de la deuda a partir del presupuesto del 2020. A esas alturas era clara la imposibilidad de llevar adelante el programa para su sexenio si no cambiaba la meta que se había autoimpuesto de no tener déficit primario en las finanzas públicas y mantener la relación deuda pública a PIB.

El argumento a los mercados fue sensato: “Ya demostramos que el gobierno puede administrarse de manera austera y responsable; corresponde ahora impulsar el desarrollo que demanda un país con niveles elevados de pobreza, desigualdad y desequilibrio regional; y un ejército de jóvenes incorporándose a la fuerza de trabajo”.

No fue sencillo, tuvo que aceptar los condicionamientos de los mercados, en particular, la creación de un consejo fiscal con facultades de revisar el destino del gasto; y la aceleración de la reforma energética que habían entrado en pausa al inicio del sexenio. Incluso dio marcha a su propuesta de no utilizar la técnica del fracking para extraer gas natural

El entorno internacional no fue favorable, las políticas anticomercio exterior prevalecieron a nivel global durante los últimos seis años, lo que provocó un decremento en la actividad económica; y el desorden fiscal de los Estados Unidos impulsó un ciclo de altas tasas de interés que aunado a la incertidumbre mundial provocaron la salida de capitales de los mercados emergentes.

No hay mal que por bien no venga, la menor demanda de petróleo como consecuencia de la caída de la actividad económica mundial permitió que la administración del presidente López Obrador pudiera cumplir con una de sus propuestas más comprometedoras en términos de recursos fiscales: el mantener congelados en términos reales los precios de los energéticos. También fue posible dar a los productores del campo precios de garantía adecuados para crecer y modernizarse, esto último facilitado por diversos eventos relacionados con el cambio climático que afectaron la producción agrícola en el mundo.

No todo fue miel sobre hojuelas, el crecimiento económico fue inferior a los sexenios anteriores y se generaron menos empleos formales que en el sexenio del presidente Peña Nieto y si bien la pobreza se redujo, no fue en las proporciones esperadas. Tampoco se pudo revertir la muy baja relación de inversión pública a PIB. Fueron célebres las críticas al Inegi por las cifras que producía, la frase “yo tengo mis datos y no corresponden con los del Inegi” fue motivo de debates frecuentes en los medios de comunicación y comenzó a sospecharse que los registros administrativos de las dependencias federales no reflejaban la realidad.

Los que más sufrieron durante el sexenio fueron los gobiernos locales, con excepción de la CDMX; las tensiones con las universidades locales y el mantenimiento de los servicios de educación y salud provocaron conflictos permanentes con el gobierno federal. El sexenio terminó con la propuesta de terminar con el pacto federal planteada por un buen número de gobiernos estatales.

El mensaje de Morena durante las elecciones reflejó lo que había sido el sexenio: “Seis años son muy pocos para cambiar un modelo neoliberal que tiene décadas administrando el país, pero vamos en el camino correcto. La situación en el mundo no nos permitió avanzar más en este sexenio”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.