Los puntos negros del Presupuesto
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Los puntos negros del Presupuesto

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Los puntos negros del Presupuesto

17/01/2019
Actualización 17/01/2019 - 12:01
columnista
Eduardo Sojo
Érase una vez un Número

En el artículo de la semana pasada señalamos que el Presupuesto 2019 cumple con lo ofrecido, se mantienen los niveles de deuda respecto del PIB, se programa tener un superávit primario, no se crean nuevos impuestos, ni se elevan las tasas actuales. También mostramos que a pesar del enorme esfuerzo realizado para reorientar el gasto público, los datos agregados de gasto corriente y de inversión física cambiaron muy poco y los ahorros se quedaron muy cortos respecto de las propuestas de campaña.

Aún así, la reasignación del Presupuesto a los proyectos anunciados por el presidente de la República no es gratis.

De la reducción del presupuesto del Conacyt y la eliminación de los programas de estímulos a la inversión en investigación y desarrollo por parte del sector privado, se desprende que el objetivo de incrementar a 1 por ciento del PIB el gasto en ciencia y tecnología hay que ponerlo en el cajón de los buenos deseos.

Tampoco se ve el agresivo programa de infraestructura que se planteaba. El gasto en infraestructura como porcentaje del PIB quedó en el mismo nivel que el año anterior, que ya era un mínimo histórico. Pero quizá más grave aún, es el hecho de que en el escenario inercial la inversión en infraestructura seguiría su tendencia a la baja, para alcanzar un promedio de 2.4 por ciento del PIB en el período 2020-2024. Como referencia vale la pena recordar que ese porcentaje asciende al 7 por ciento en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

No ayuda en esta materia que a la SCT se le reduzca el presupuesto en 21.3 por ciento y que los proyectos de infraestructura anunciados no dispongan de manifiesto de impacto ambiental, ni estén basados en estudios de factibilidad.

En otras palabras, lo que se desprende del Presupuesto es que la propuesta de llevar la formación bruta de capital fijo del sector público como porcentaje del PIB a 5 por ciento se va también a quedar en el cajón de los buenos deseos, lo cual es muy grave en un país como el nuestro, con amplios rezagos en infraestructura, una población creciendo y un importante proceso de urbanización.

Otro costo importante de la reasignación del Presupuesto es la cancelación de instrumentos de promoción económica, dado el cierre de instituciones como ProMéxico, el Consejo de Promoción Turística y el Instituto Nacional del Emprendedor

Tampoco se ven en el Presupuesto, aunque habría que esperar los programas sectoriales, programas para incentivar las industrias del futuro y la innovación, o consideraciones respecto de aquellos sectores que se verán amenazados por la revolución 4.0.

El medioambiente no aparece ni en los discursos, ni en las acciones (los proyectos estratégicos del gobierno no han considerado los estudios de impacto ambiental), ni en el Presupuesto. No estamos conscientes de la importancia de este tema para las próximas generaciones. El porcentaje de agotamiento de los recursos naturales y degradación ambiental como consecuencia de lo que producimos ascendió a 4.3 por ciento del PIB en el 2017, mientras que en ese mismo año el gasto realizado a favor del medioambiente fue de sólo 0.6 por ciento. Para matizar este comentario habría que destacar la inversión de 15 mil millones de pesos en el proyecto denominado Sembrando Vida.

Por otro lado y dada la reducción del presupuesto de las dependencias, éstas van a tener muchas restricciones para responder a demandas específicas de sectores en dificultades, como las universidades con finanzas muy deterioradas o las entidades federativas donde del servicio de la deuda representa una parte importante de sus ingresos.

También va a ser muy difícil para las dependencias el apoyar a sectores en problemas por circunstancias no previstas, como podría suceder con productores del campo, o impulsar iniciativas ciudadanas como las orquestas infantiles, los proyectos para apoyar grupos vulnerables, los programas para migrantes y un largo etcétera, que aparecían en el Presupuesto de 2018.

En otras palabras, las dependencias van a tener menos márgenes de maniobra para apoyar a diferentes grupos de la sociedad.

La contraparte de lo anterior son los aspectos positivos del Presupuesto, como el programa de apoyo a adultos mayores o el de Jóvenes Construyendo el Futuro, el apoyo a los municipios de la frontera norte y el impulso renovado a los estados del sur.

Para algunos también es positivo la decisión de que CFE y Pemex realicen actividades que en otras circunstancias podría desarrollar el sector privado. A mí me parece una apuesta riesgosa y equivocada, porque se están privando de recursos fiscales a otras responsabilidades esenciales de la actividad gubernamental, como las señaladas anteriormente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.