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En busca del “consenso de AMLO”

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En busca del “consenso de AMLO”

18/10/2018
columnista
Eduardo Sojo
Érase una vez un Número

Nunca me han gustado las etiquetas a los modelos económicos porque al final son combinaciones de políticas públicas y tendríamos que tener tantos nombres como combinación de políticas públicas. Tampoco creo que se puedan dividir los gobiernos o los modelos entre los que tienen confianza en el mercado y desconfianza en el gobierno o viceversa, porque siempre hay matices; cada país tiene la mezcla de participación del mercado y de Estado que considera conveniente. No creo tampoco que existan reglas únicas o generales que deba seguir cada gobierno, dado que cada país se encuentra en condiciones especiales en cuanto a su desarrollo, su cultura política, y madurez de sus instituciones y sectores público y privado.

En México, después del agotamiento de un esquema basado en una participación importante del gobierno en la economía y un modelo proteccionista y cerrado a la competencia, apostamos por la apertura económica, la disciplina presupuestaria, una mayor participación del sector privado en sectores estratégicos y la creación de instituciones para regular esa participación y los mercados en general. Este tipo de políticas públicas ha recibido la denominación de “modelo neoliberal” y a sus promotores frecuentemente se les ha señalado por seguir el “consenso de Washington”.

Ahora que esta por iniciar un nuevo gobierno el Presidente electo y miembros destacados de MORENA buscan diferenciarse de lo que llaman el “modelo neoliberal”, lo cual no es sencillo porque las premisas del modelo económico que se ha seguido en nuestro país en las últimas décadas seguirán vigentes. En materia de finanzas públicas el siguiente gobierno promete ser más neoliberal que los neoliberales, en materia fiscal vienen disminuciones del impuesto sobre la renta en la frontera norte, la defensa del Tratado de Libre Comercio con los vecinos del norte, símbolo de la apertura económica, fue impulsado decididamente por el Presidente electo, la inversión privada en el sector energético fue ratificada por el Presidente López Obrador en una reunión reciente con empresas petroleras y se ha establecido claramente el respeto a la autonomía del Banco de México en materia de política monetaria.

En realidad se trata de una nueva versión de un viejo debate. La primera formulación del llamado “consenso de Washington” se debe a John Williamson (“Lo que Washington quiere decir cuando se refiere a reformas de las políticas económicas” ) y data de 1990; trataba de políticas públicas para evaluar el desempeño de los países por parte de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial cuando los países en vías de desarrollo solicitaban ayuda. En ese “consenso” se incluían aspectos relacionados con la disciplina presupuestaria, liberalización comercial, liberalización financiera, especialmente en las tasas de interés, apertura a la inversión extranjera directa, desregulación, garantía a derechos de propiedad, entre otros.

El principal problema del “consenso de Washington” era su inaplicabilidad en países en desarrollo a los que estaba destinado, dado que excluía los temas de equidad, inclusión y pobreza. Tampoco estaban presentes los temas de sustentabilidad, pero daba confianza a los inversionistas.

Por aquellos tiempos y ante las críticas que despertaba el “consenso de Washington”, James Wolfensohn, director del Banco Mundial, lo da por bueno, pero propone llevarlo más allá con el “consenso de Santiago” (mucho menos famoso) adoptado en la Cumbre de las Américas de Santiago de Chile, y en el que estaban presentes temas relativos a educación, salud, infraestructura, especialmente caminos rurales, Estado de derecho, justicia y seguridad, buen funcionamiento de los sistemas financieros, servicios públicos, y sobre todo el desarrollo de capacidades institucionales.

Algo similar esta pasando en nuestro país, se están dando por buenas las bases del modelo económico de las últimas décadas pero se busca promover cambios que corrijan sus insuficiencias. Porfirio Muñoz Ledo mencionó recientemente en un artículo en El Universal tres condiciones básicas para cancelar lo que el llama el ciclo neoliberal: “La reaparición del Estado en la regulación de los procesos económicos, el fin del saqueo de los recursos naturales y su entrega al extranjero —primordialmente los hidrocarburos— y la elevación consistente de los salarios en el corto plazo”.

Por lo que hemos escuchado del Presidente electo en transición las dos primeras parecen retóricas, pero el tema de los salarios si parece estar con claridad en su estrategia; habría que añadir: la política de garantizar un precio atractivo para productores agrícolas, el incremento en el apoyo a programas sociales y las nuevas formas de ejercer la función pública, hasta ahora.

Quizá eso sea insuficiente para los que han adoptado el combate al “modelo neoliberal” como su caballito de batalla e incluso no dé para ser una cuarta transformación en materia económica (se esperarían cambios más agresivos), pero es positivo que se mantengan las bases del actual modelo. La consistencia intergubernamental en las políticas públicas es un elemento esencial para el éxito de los programas de desarrollo en los países.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.