El acelerado envejecimiento que se nos viene
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El acelerado envejecimiento que se nos viene

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El acelerado envejecimiento que se nos viene

14/02/2019

En el artículo de la semana pasada señalamos la importancia de las modificaciones a la ley de planeación, que obligan a incluir una visión de largo plazo para enmarcar el plan de seis años.

En este contexto, las proyecciones de población por edad desplegada son fundamentales para prever las necesidades que se tendrán de infraestructura y servicios, y los desafíos que en general presenta el cambio en la estructura por edad de la población. Las proyecciones se actualizan cada vez que se tiene nueva información censal, de conteos o de encuestas intercensales.

Siguiendo esa lógica y tomando como referencia la Encuesta Intercensal 2015 realizada por el INEGI, el CONAPO presentó a finales del año pasado las proyecciones de población 2016-2050, que muestran que nuestro país ocupa el lugar número 10 a nivel mundial en cuanto al número de habitantes, que somos poco más de 126 millones de personas en el 2019 y que en el 2050, si se cumplen los supuestos, México contará con una población cercana a los 148 millones de personas.

Las proyecciones muestran que a diferencia de los países desarrollados, donde su población ya no crece o crece a tasas muy bajas, y que de alguna manera ya construyeron la infraestructura que requieren y buena parte de los esfuerzos van en mantenerla en las mejores condiciones, en el caso de México la población seguirá creciendo y demandando cada vez más infraestructura y servicios. Mala noticia para un país con finanzas públicas tan comprometidas.

Además del desafío que presenta el crecimiento de la población en sí mismo, las proyecciones de población también nos invitan a tener presentes otros desafíos demográficos como el del envejecimiento de la población. Los datos señalan que las personas de 60 años o más eran el 10.7% de la población en el 2018, pasaran a ser el 14.8% de la población en 2030 y el 22.5% en el 2050. En números absolutos, los adultos mayores se incrementarán de 13.4 millones en 2018 a 20.5 millones en 2030 y a 33.4 millones en 2050, lo que refleja la velocidad con que está cambiando la estructura de la población en el país.

Ante estos números surge inmediatamente la preocupación por las pensiones y la atención de la salud, dado que vamos a observar un crecimiento de la demanda de servicios de salud relacionados con enfermedades crónico-degenerativas, cuyo tratamiento requiere de mayores recursos (diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, etc.), por no mencionar el crecimiento de las necesidades específicas de personas con alguna discapacidad.

En materia de pensiones dos son las preocupaciones, por un lado, como lo comentaba hace unas semanas en esta páginas Enrique Quintana, dada la baja tasa de ahorro obligatorio contemplada en el sistema de cuentas individuales de las Afores, la tasa de reemplazo para los jubilados podría ser del 40% del salario de cotización, claramente insuficiente para sus necesidades; y por el otro, en nuestro país el 56.7% de los ocupados tiene una ocupación informal, lo que significa que en general no están ahorrando para su pensión, y tenemos casos como los de Oaxaca, Chiapas y Guerrero donde la ocupación informal asciende a cerca del 80%. En otras palabras, porcentajes muy elevados de mexicanos van a llegar a la edad adulta sin una pensión o con pensiones que no les van a permitir tener un vida digna.

Por si lo anterior no fuera suficientemente grave, los demógrafos nos han advertido que la transición demográfica en México ha sido más rápida que en otros países y que vamos a tener, por tanto, menos tiempo para prepáranos para ese cambio en la estructura de edades de la población. Así lo señala CONAPO en un documento titulado Diagnóstico Demográfico para la Planeación Nacional: “A diferencia de los países desarrollados, los retos actuales se relacionan con la gran velocidad con la que están ocurriendo los procesos de transición demográfica y de distribución territorial de la población”.

Los datos que escuché en una presentación de Rebeca Wong, especialista mexicana de la Universidad de Texas, son reveladores de la alta velocidad de envejecimiento que registra nuestro país: De contar con 6% de la población de 65 años y más en el 2010, México va a pasar en solo 26 años al 15 % (en el 2036). Lo que se compara con 69 años que le llevó a Estados Unidos contar con una participación de adultos mayores del 15% (en el 2013); y los 115 años que le llevo a Francia alcanzar ese porcentaje en 1980. En otras palabras, vamos a tener mucho menos tiempo que otras naciones para prepararnos para una población más envejecida.

El tiempo apremia. La pensión universal para adultos mayores es un paso en la dirección correcta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.