Descontento con partidos políticos
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Descontento con partidos políticos

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Descontento con partidos políticos

01/03/2018
Actualización 01/03/2018 - 14:17
columnista
Eduardo Sojo
Érase una vez un Número

A medida que avanza la contienda electoral va creciendo la inconformidad con las instituciones electorales y con las reglas que nos hemos dado los mexicanos para realizar la elección, al mismo tiempo que van perfilándose nuevas reformas legislativas.

Luis Carlos Ugalde y otros han propuesto, por ejemplo, hacer efectivo el voto obligatorio; la segunda vuelta electoral; la centralización del sistema electoral para reducir el costo de la democracia, y mejorar la fiscalización de las campañas electorales. Vuelve también la propuesta de disminuir el número de plurinominales, que hoy es realmente excesivo.

Por otro lado, en los últimos días se han dado dos fenómenos. El primero, la molestia ciudadana por la incorporación en las listas para diputados o senadores plurinominales de personajes que muchos pensamos no deberían estar ahí, y el descontento y división al interior de los partidos por la selección cupular de los nombramientos.

Sobre el primer tema Leo Zuckerman ha señalado que deberíamos tener la oportunidad de votar separadamente por los candidatos de mayoría y por la lista de representación proporcional, y que lo deseable sería que se pudiera votar por el orden o lugar a ocupar de la lista.

Las propuestas anteriores hacen sentido. El problema es que lo mismo sucede en cada elección. La inestabilidad de las reglas electorales no me parece que sea parte de una mejora continua, sino el síntoma de que no hemos encontrado la forma de procesar la transición a la democracia. Pasamos de la apatía democrática durante el periodo del partido hegemónico al interés y entusiasmo por la misma, pero cargado de desconfianza en los políticos y molestia ciudadana.

Tampoco creo que sea un tema de los medios, los expertos o el círculo rojo, las cifras del Informe de Latinobarómetro de 2017 ratifican que es algo más profundo. En una región donde la democracia no califica bien, México está en la parte baja de satisfacción con la democracia, apoyo a la democracia, confianza en el gobierno o confianza en los partidos políticos.

A nivel de Latinoamérica ‘la confianza en los partidos políticos es la más baja de la lista de instituciones de la democracia’ lo que de acuerdo al mismo reporte tiene que ver con la atomización de los sistemas de partidos, la crisis de representación y el desencanto con la política. En el caso de México, a la pregunta sobre qué tanta confianza tiene en los partidos políticos, sólo nueve de cada 100 respondieron mucha o algo. Desconfianza prácticamente absoluta.

El descontento con los partidos políticos se da no sólo en la sociedad sino al interior de los propios partidos, particularmente cuando se trata de elegir a los candidatos a las distintas posiciones y más aún cuando se elaboran las listas de representación proporcional.

Mucho deben hacer los partidos políticos para ganar legitimidad, pero podrían iniciar por elegir de mejor manera a sus representantes. No sugiero la votación por los miembros de los partidos, porque dada la estructura vertical de los mismos, el resultado es similar a la decisión cupular, pero sí una selección de candidatos con base a un perfil, una evaluación o una elección de los que reúnan el perfil, y un sorteo de todos aquellos que cumplan el perfil y reúnan el mayor número de votos en el caso de una elección u obtengan una mayor calificación para la labor que van a desempeñar en el caso de una evaluación.

No soy ni cercanamente un experto, pero una defensa informada de lo que podría llamarse democracia representativa aleatoria, la elección por sorteo combinada con criterios para elegir la persona elegida, se encuentra en el libro de David Van Reybrouck titulado Contra las elecciones, cómo salvar la democracia. Un sorteo de este tipo motivaría la participación, mejoraría la opinión de los partidos políticos, sería una forma más justa de dar oportunidad a la participación en política, disminuiría los desacuerdos y mejoraría los perfiles de quienes nos van a representar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.