“Continuidad en lo esencial”
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“Continuidad en lo esencial”

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“Continuidad en lo esencial”

22/11/2018
Actualización 22/11/2018 - 13:18
Eduardo Sojo
Érase una vez un Número

En este artículo se describe uno de los cuatro escenarios sobre el siguiente sexenio que comentaba en un artículo anterior. Los escenarios, como ha señalado Richard Wells, presentan realidades potenciales, cuestionan zonas de confort; y abren la mente a posibilidades divergentes. En este caso contribuyen a organizar nuestros pensamientos y contrastar políticas públicas.

Para describir el escenario de manera más clara me sitúo a finales del 2024, las elecciones pasaron y para muchos el resultado se explica por la política económica seguida durante el gobierno del presidente López Obrador, quien continuó con las políticas económicas que había criticado en el pasado. Los cambios más relevantes del sexenio fueron tres: Impulso a los proyectos de infraestructura que había definido desde el inicio de su gobierno, incremento en los programas sociales y austeridad en el funcionamiento de la administración pública.

Desde la transición vino el golpe con la realidad; la Bolsa, el tipo de cambio y las tasas de interés resintieron los anuncios del presidente electo y las propuestas de los legisladores de Morena. Por ello el presidente López Obrador, ya en el poder, fue extremadamente cuidadoso de no romper con los elementos esenciales de política económica impulsada en gobiernos anteriores, especialmente en lo que se refiere a las finanzas públicas.

Por falta de recursos económicos, muy pocas dependencias salieron de la CDMX y las que lo hicieron fue de manera muy parcial; la reforma energética continuó y fue apoyada firmemente después de que en los primeros años del gobierno fue claro que la estrategia de regresar al modelo anterior de mayor participación de Pemex y CFE no era viable por motivos presupuestales.

Las finanzas públicas se mantuvieron relativamente en orden, terminamos el sexenio con cerca de 55 por ciento de deuda sobre el PIB, lo cual fue tolerado por los mercados por la instalación de un consejo fiscal. Entre las cosas que más le dolieron al presidente fue que no pudo mantener los precios de los energéticos creciendo en términos reales. La fragilidad de las finanzas públicas y la depreciación que sufrió nuestra moneda como consecuencia del incremento en la tasa de interés en los Estados Unidos por el desorden fiscal de la era Trump, hizo materialmente imposible seguir subsidiando la gasolina.

Durante el sexenio hubo innumerables rounds de sombra con las instituciones autónomas, particularmente con el Banco de México, el Inegi, la Cofece y el IFT, pero en la práctica las instituciones hicieron valer su autonomía.

No se firmaron nuevos acuerdos de libre comercio, aunque de cuando en cuando se utilizaron medidas no arancelarias ante los reclamos de los sectores productivos por la pérdida de mercado ante las importaciones.

La economía global se mantuvo creciendo a un ritmo moderado como consecuencia de la disminución del comercio y las crecientes medidas proteccionistas adoptadas por los países en respuesta a las medidas tomadas por el gobierno de Trump, pero los impactos no fueron tan dramáticos en México dado que a pesar de los debates políticos y mediáticos del presidente López Obrador, los elementos fundamentales del modelo económico seguido en las últimas décadas se siguieron aplicando.

El crecimiento económico fue similar al de sus predecesores, la tasa de informalidad se mantuvo, la inversión pública se rezagó aún más, la inflación fue inferior al 5 por ciento, el salario mínimo creció, pero no cambiaron significativamente los salarios promedio en términos reales.

El discurso del presidente López Obrador continuó siendo el mismo: “No es más de lo mismo, no es simulación o gatopardismo. Transformar no es ejecutar o ‘dar el violín’, instrumento que se toma con la izquierda y se toca con la derecha. No y no, lo nuestro es auténtico y será distinto”; pero en la práctica se respetaron los principios fundamentales del modelo seguido en el país en las últimas décadas: finanzas públicas en orden, apertura económica, política monetaria independiente, competencia económica, apertura a la inversión extranjera incluso en el sector energético, facilidad para establecer negocios, gobierno no productor de bienes (salvo por el caso de la refinería), tasas fiscales que no inhiban la inversión, etc.

Para la izquierda radical AMLO fue una decepción, para la extrema derecha fueron seis años perdidos. En el resto se encuentran opiniones muy variadas, los de Morena y los beneficiarios de programas sociales están satisfechos con el gobierno, los opositores al gobierno insisten en señalar “se los dije”, en la clase media están muy desilusionados con el trabajo del presidente López Obrador. Los pequeños y medianos empresarios esperaban más, para muchos la cuarta transformación se quedó corta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.