Sánchez Cordero se fue de la lengua
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Sánchez Cordero se fue de la lengua

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Sánchez Cordero se fue de la lengua

22/08/2019
Actualización 22/08/2019 - 14:39

El pasado martes la Secretaria de Gobernación dio la nota. En un evento público dijo, en el característico plural indeterminado de los políticos: “hemos estado en zonas de Guerrero, en zonas de Tamaulipas, en zonas de La Huacana, en Michoacán, tratando y conviviendo para poder avanzar en la pacificación del país”. La funcionaria agregó que se refería a grupos que “han estado combatiendo unos a otros y han estado cometiéndose los homicidios de un grupo contra los otros”.

No sabemos a ciencia cierta quién es ese nosotros, implícito en las declaraciones de Sánchez Cordero, que ha estado “tratando y conviviendo”. Tal vez se refiriera a ella y a otros funcionarios de Segob; tal vez hablaba de otros actores del gobierno federal o de Morena. Lo que sí sabemos es que, en el caso concreto de La Huacana, opera fundamentalmente una célula vinculada con el CJNG, al mando de El Migueladas. Como es frecuente en Michoacán, este grupo combina actividades lícitas –la producción de melón– con el boyante negocio de la droga sintética. En los últimos meses El Migueladas ha estado en abierto conflicto con Los Viagras. En mayo también hubo un incidente con el Ejército cuando pobladores de La Huacana retuvieron a elementos de Sedena que habían decomisado armamento de alto calibre. Por si hubiera lugar a dudas, después del evento, a pregunta expresa de si se estaba buscando una tregua con grupos del crimen organizado, Sánchez Cordero respondió “estamos dialogando ahorita con mucho grupos”.

Sánchez Cordero se fue de lengua. Luego vino el deslinde. Desde la cuenta de Twitter de Segob se aclaró que la secretaria sólo expresó “voluntad de diálogo con auténticas organizaciones de autodefensa”. El subsecretario Ricardo Peralta enfatizó que, aunque en algunos casos hay grupos de autodefensa que participan en las pláticas, el gobierno no negocia con grupos del crimen organizado, sino con luchadores sociales que buscan llevar la paz a sus comunidades. Hasta el Presidente entró ayer al quite para reiterar que su gobierno no tiene relación de diálogo con “las bandas”.

La cuestión de forma es si los grupos con los que dialoga Segob son crimen organizado. Las autoridades usan las palabras de forma acomodaticia. No olvidemos que por años Miguel Ángel Mancera se aferró a decir que en la capital del país no había crimen organizado. Sin embargo, por lo menos en el caso de la Tierra Caliente de Michoacán, es ingenuo pensar que los grupos armados que hoy tienen control territorial, y que invariablemente se ostentan como autodefensas, no participan en actividades criminales. Algunos efectivamente tienen liderazgo y arraigo comunitario. Sin embargo, no por eso dejan de ser criminales. Prácticamente todos los cárteles, incluso los más sanguinarios, protegen a ciertas comunidades. Tampoco hay que olvidar que el narcotráfico es una de las principales fuentes de empleo en algunas regiones rurales. Se estima, por ejemplo, que el cultivo de amapola es el sustento económico de alrededor de 50 mil hogares en comunidades de la Sierra de Guerrero.

La pregunta de fondo es si el gobierno debe buscar un acercamiento con esos grupos. La respuesta es: sí, pero importa cómo. Hay un riesgo inminente de un escalamiento mayor de la violencia en la Tierra Caliente de Michoacán y Guerrero. El CJNG y sus rivales (Los Viagras y otros grupos locales) parecen dispuestos a todo. Cada semana hay una masacre o un video en el que un comando armado (de esos de varias camionetas, que más bien parecen pequeños ejércitos) anuncia su llegada a un nuevo municipio. Es indispensable fortalecer la presencia del Estado con un despliegue masivo de la Guardia Nacional. Para hacerlo y evitar violencia innecesaria, no está de más mandar ciertos mensajes a quienes hoy tienen el control territorial de la región. Tampoco es mala idea acompañar la intervención con programas sociales y productivos, como la planta agroalimentaria que se quiere instalar en La Huacana.

Sin embargo, más que un diálogo o una negociación, hace falta que el gobierno exija condiciones para que la Guardia Nacional se despliegue y sea la única que patrulle carreteras; también para poner un alto a los secuestros y las extorsiones. Es probable que el precio a pagar sea algún tipo de repartición de los otros negocios entre los bandos que actualmente están en conflicto (ustedes no pasan de esta línea y ustedes de esta otra). Sin embargo, sólo se pueden esperar buenos resultados si los emisarios o negociadores del gobierno asumen su papel de autoridad: ellos están para poner orden y límites. En ningún caso se deben ceder nuevos espacios de poder a los grupos armados. Ya en tiempos de Peña Nieto al gobierno se le pasó la mano con las concesiones a las 'autodefensas'. El resultado son Los Viagras, El Migueladas y, en general, el desastre que hoy tenemos en Michoacán y Guerrero.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.