Eduardo Guerrero Gutierrez

Presencia criminal (no control criminal) en 755 municipios

El problema es que en México se registran eventos que serían impensables en otros países y que hacen parecer que los delincuentes efectivamente gobiernan en buena parte del territorio.

Desde una óptica militar parece una pregunta sensata, incluso necesaria. Durante las grandes guerras del siglo XX, la probabilidad de victoria o derrota de cada bando se definía, en buena medida, en función de la magnitud de los territorios ocupados, y de los recursos disponibles en dichos territorios. Por lo tanto, no me sorprende del todo que un militar norteamericano, el general Glen VanHerck, quien encabeza el Comando Norte del Departamento de Defensa de Estados Unidos, se haya aventado la puntada de decir que entre 30 y 35 por ciento del territorio mexicano lo constituyen zonas sin gobierno, donde frecuentemente opera el crimen organizado.

VanHerck mencionó ese porcentaje durante una conferencia de prensa vía Zoom del Departamento de Defensa. Los porcentajes ofrecidos por VanHerck inmediatamente se viralizaron, a pesar de que durante la conferencia de prensa el general no explicó cómo había estimado ese 30 a 35 por ciento, ni nadie consideró oportuno preguntarlo. Por cierto, en esa misma conferencia de prensa se dijo que, junto con el crimen organizado transnacional, la otra gran amenaza para el hemisferio occidental era la "insidiosa, corrosiva y corrupta influencia del Partido Comunista chino (lo que nos da una idea del tipo de declaraciones contundentes y simplistas que se estilan)".

Estimar qué porción del país está bajo control criminal haría sentido si se librara una guerra convencional, con bandos y frentes bien definidos. Sin embargo, la situación de los conflictos criminales en México es mucho más compleja. En regiones amplias del país operan grupos armados ilegales que, de cuando en cuando, se atreven a ocupar comunidades o a bloquear carreteras por algunas horas en la noche, pero que salen corriendo en cuanto les llega el pitazo de que se acerca el Ejército; algo a lo que difícilmente podemos llamar control territorial.

También hay algunos poblados, e incluso barrios en el medio urbano, donde es bien sabido que no entra la policía ni ninguna autoridad, y donde prácticamente nada pasa sin que se entere la maña (ese fue el caso por años, por ejemplo, de la mítica colonia El Hoyo, en Iztapalapa). Sin embargo, este último conjunto de localidades y barrios, en los que efectivamente hay un control territorial más o menos permanente de los criminales, no constituyen, ni remotamente, 35 por ciento del territorio del que hablaba el general VanHerck.

Tampoco puede decirse a rajatabla que en ciertas partes de México no haya gobierno. Por un lado, es innegable que el crimen organizado tiene alguna forma de presencia en buena parte del país, y que esa presencia implica cierto grado de capitulación de la autoridad. De acuerdo con la base de datos de Lantia Intelligence, en el último año y medio se ha reportado presencia de por lo menos una organización criminal en 755 municipios del país (30 por ciento del total). Por otro lado, algunas funciones esenciales del Estado han podido operar hasta ahora en todo el país, sin ser afectadas por la delincuencia. Mal que bien, en las elecciones, el INE siempre ha logrado instalar prácticamente la totalidad de las casillas, incluso en los municipios más golpeados por la violencia criminal (una situación que, esperemos, se mantendrá en la jornada del próximo 6 de junio).

La declaración del general VanHerck inevitablemente causó ruido en los medios. Honestamente no creo que debamos tomarla muy en serio. Así como dijo que en 35 por ciento del territorio mexicano no había gobierno, pudo haber dado cualquier otro porcentaje. La intención de su mensaje es lo que importa: destacar que la frontera con México es un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos, sobre todo en el actual contexto de crisis migratoria, y justificar así la permanencia de tropas en dicha frontera.

También importa el contexto que hace ese señalamiento plausible. Si un militar norteamericano hubiera dicho una barbaridad así de un país europeo, todo el mundo se hubiera reído inmediatamente. El problema es que en México –una y otra vez, y en prácticamente cualquier lugar– se registran eventos que serían impensables en otros países, y que a la distancia hacen parecer que los delincuentes efectivamente gobiernan en buena parte del territorio. Pienso en lo ocurrido en Culiacán o en Bavispe en 2019, o el atentado contra el secretario de seguridad de la capital el año pasado, o la emboscada contra policías del Estado de México de la que hablaba en este espacio la semana pasada. El desafío para el gobierno no es reconquistar territorios, sino lograr que las organizaciones criminales, que operan y seguirán operando en gran parte del país, acepten límites en el uso de la violencia.

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