Las masacres, de vuelta
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Las masacres, de vuelta

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Las masacres, de vuelta

06/05/2019
Actualización 06/05/2019 - 14:39

Las masacres han regresado con furia a diversos estados del país (en Lantia Consultores consideramos como 'masacre' un evento en el que un grupo criminal asesina a un grupo de cuatro o más personas). El promedio mensual de estos sanguinarios eventos durante el primer trimestre del nuevo gobierno fue de 32.3 (parecido al 32.7 que promediaron las masacres al mes durante la segunda mitad de la administración de Felipe Calderón). Durante diciembre, enero y febrero, las entidades más afectadas por las masacres fueron Guanajuato, con 18; Jalisco y Tamaulipas, con 14; Chihuahua, con 9; Michoacán, con 8, y Veracruz, con 5.

En Guanajuato los municipios con más masacres fueron Valle de Santiago, Salamanca y Pénjamo; en Jalisco, Guadalajara y Tlajomulco; en Tamaulipas, Miguel Alemán y Reynosa; y en Chihuahua, Ciudad Juárez. En Juárez, por cierto, se registraron ni más ni menos que 183 masacres durante el sexenio de Calderón (recordemos que fue la ciudad más violenta del mundo en 2011); después las masacres disminuyeron en Ciudad Juárez y 'sólo' se registraron 30 en el sexenio de Peña Nieto.

Las masacres son eventos un tanto enigmáticos; nadie sabe a ciencia cierta por qué suelen aumentar o descender abruptamente en algunas localidades o regiones. Un primer bosquejo de los datos sobre masacres ocurridas en México durante los últimos doce años nos revela lo siguiente: 1) las masacres ocurren frecuentemente en ciudades donde conviven grandes y pequeñas organizaciones criminales que participan sobre todo en los negocios de narcotráfico transnacional y/o cobro de piso; 2) las masacres son de carácter altamente epidémico, es decir, una vez que se ha registrado una serie de masacres en una misma zona durante un periodo breve (es decir, unos cuantos meses), la autoridad debe intervenir con diligencia para contenerlas oportunamente; de otra manera, las masacres pueden crecer exponencialmente en el corto plazo y volverse incontrolables, como sucedió entre 2008 y 2012 en Ciudad Juárez; 3) un aumento de masacres puede coexistir con descenso de ejecuciones (por ejemplo, en 2012 mientras las ejecuciones decrecían en varios municipios del país, las masacres registraron máximos históricos en varios de esos mismos municipios), de modo que el descenso de homicidios en una región no implica necesariamente un descenso de las masacres en esa región en el corto plazo; y 4) las masacres se recrudecen cuando aumenta la competencia criminal en la zona, ya sea por el ingreso de nuevos actores a los mercados ilícitos o por nuevas acciones anticrimen por parte de las autoridades.

Dado su carácter indiscriminado y espectacularmente violento, las masacres buscan cimentar la reputación de un nuevo grupo criminal o reafirmar la autoridad de uno que se siente vulnerable. Las masacres también son ordenadas por líderes criminales que buscan imprimir mayor credibilidad a sus amenazas, ya sea contra 'clientes' u otros grupos delictivos que 'no pagan mercancía' o 'no pagan piso'. Habría que agregar que la producción de esta violencia contundente por parte de algunas organizaciones juega a favor de su cohesión, pues desincentiva rebeliones internas o deserciones.

Las masacres son altamente dañinas para la imagen de las autoridades, y para la inversión foránea y el emprendimiento de nuevos negocios. Su ocurrencia genera la percepción pública de que el presidente de la República, el gobernador o el alcalde no tienen un mínimo control sobre lo que sucede en una región, un estado o un municipio. Y si después de la masacre no hay arrestados peor aún, pues se expande rápidamente la sensación de indefensión y caos entre la población.

En los próximos meses pueden crecer rápidamente las masacres en varios puntos del país. La súbita reducción que ha experimentado el mercado ilícito de combustibles en estados como Hidalgo, Puebla, Guanajuato, Jalisco, Veracruz, Estado de México y Tamaulipas ha forzado a que varios grupos criminales de esos estados incursionen en otros negocios ilícitos, especialmente la extorsión presencial y el secuestro, el narcotráfico y el narcomenudeo. Este aumento de la competencia en estos mercados delictivos puede dar lugar a una serie de eventos violentos de alto perfil, incluidas las masacres, las cuales ya registraron un incremento considerable en varios de los estados mencionados, como lo apunté al inicio de este texto.

Bien haría la administración de AMLO de armarse, tan pronto como sea posible, de un buen sistema de alertas tempranas que le permitan detectar focos de atención y actuar oportunamente en aquellos lugares donde empiece a observarse un aumento sostenido de masacres (u otros eventos delictivos de alto impacto). El establecimiento de estos sistemas de alerta temprana es rápido, barato, y sumamente eficaz como mecanismo preventivo (véase, por ejemplo, la fructífera experiencia de Colombia al respecto). En este tipo de asuntos México ya no tiene tiempo que perder.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.