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La violencia en tiempos de Covid (y apunte sobre el 'affaire' Cienfuegos)

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La violencia en tiempos de Covid (y apunte sobre el 'affaire' Cienfuegos)

18/01/2021
Actualización 18/01/2021 - 13:49

El Covid-19 ha dejado un terrible saldo en México: 140 mil fallecimientos y contando, según cifras oficiales. La pandemia también ha implicado un golpe brutal para la actividad económica. Sólo entre abril y mayo del año pasado se perdieron 12 millones de empleos en el país. Sin embargo, esta parálisis no afectó por igual a todos. La evidencia disponible parece indicar que los grandes grupos criminales han sobrellevado la pandemia con sus estructuras prácticamente intactas, al tiempo que su capacidad para generar violencia incluso creció.

De acuerdo con el monitoreo de Lantia Consultores, cerramos 2020 con 24 mil 807 homicidios vinculados con el crimen organizado. La cifra es superior en 3.5 por ciento a la registrada en 2019. Este aumento contrasta con los datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que hasta el corte de noviembre reportaban que los homicidios dolosos habían tenido un crecimiento cercano a cero a lo largo del año. Una posible explicación de esta diferencia es que, durante los meses de confinamiento, probablemente sí hubo una disminución de la delincuencia común y de los homicidios que ésta ocasiona (lo anterior fue una consecuencia casi inevitable de la disminución del movimiento de personas). Sin embargo, los comandos armados del crimen organizado no disminuyeron su actividad, sino que incluso asesinaron a más personas que en 2019.

Lo anterior no significa que los negocios de los grandes grupos criminales no hayan sido afectados. Muy probablemente el cierre de fronteras dificultó el acceso a insumos para la producción de drogas sintéticas, así como la capacidad de las organizaciones para desplazar narcóticos a Estados Unidos. Más importante todavía, con el cierre de los antros y la parálisis del turismo inevitablemente bajaron los ingresos de los cárteles y las mafias que controlan el narcomenudeo y la extorsión. Los huachicoleros también vieron disminuidas sus ganancias. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió con muchas de las empresas legales del país, la crisis todavía no ha orillado a los líderes criminales del país a ningún tipo de recorte. Mi interpretación de lo que vimos el año pasado es que, en la mayoría de los casos, los grupos criminales tienen márgenes y reservas tan holgados que, incluso en tiempos de crisis, pueden seguir pagando su nómina y los costos asociados a sus constantes conflictos. A diferencia de lo que pasa en las empresas de la economía legal, no hay ninguna señal de que estas reservas estén próximas a agotarse.

Dentro de este panorama de continuidad, cabe señalar que la pandemia dio lugar a algunos cambios en el perfil de las personas reclutadas por el crimen organizado. Hasta ahora, la violencia del crimen organizado en México ha sido en buena medida una guerra entre hombres en edad madura. De hecho, a lo largo de la última década la edad promedio de las víctimas de homicidio en México fue considerablemente superior a la que se observa en países como Brasil y Estados Unidos (donde el grueso de la violencia homicida es resultado de conflictos entre pandillas integradas por jóvenes).

Sin embargo, conforme avanzó 2020 en México, los jóvenes aumentaron como porcentaje del total de las personas asesinadas por el crimen organizado. En el primer trimestre de 2020, antes de que empezaran los contagios y el confinamiento, 17.5 por ciento de las víctimas de las cuales conocemos la edad eran menores de 25 años; este porcentaje es prácticamente idéntico al que se observó a lo largo de 2019. La proporción de jóvenes creció gradualmente durante el resto del año y, para el cuarto trimestre, el porcentaje de víctimas menores de 25 años fue de 21.7 por ciento. En algunos estados, como Morelos y Tamaulipas, hubo una verdadera explosión en el número de jóvenes asesinados por el crimen organizado.

Es posible que la falta de alternativas, en particular la suspensión de la educación presencial, haya favorecido un mayor reclutamiento de jóvenes por parte del crimen organizado. Por otra parte, cabe señalar que el año pasado también se observó un aumento en el porcentaje de víctimas mujeres (si bien, a diferencia del caso de los menores de 25 años, ese aumento forma parte de una tendencia que ya se observaba desde antes del inicio de la pandemia).

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En otros temas, parece que el affaire Cienfuegos está todavía lejos de llegar a su fin. La decisión de Trump de no respaldar a la DEA y de devolver al exsecretario generó una situación sumamente compleja. Como nadie pensaba que el exsecretario fuera a ser investigado en serio en México, el gobierno de Estados Unidos mandó un expediente largo, pero completamente inocuo, que en nada compromete las operaciones de sus agentes en México. Sospecho que los indicios que apuntaban a una posible colusión de Cienfuegos con los criminales deliberadamente se dejaron fuera de ese expediente.

Las declaraciones de AMLO de la semana pasada, francamente provocadoras, y la decisión de publicar el expediente equivalen a echar más leña al fuego. Ahora la DEA tiene todos los incentivos para devolver el golpe. No sé si se esmeren en intentar demostrar de alguna forma la culpabilidad de Cienfuegos o de algunos de sus colaboradores cercanos, o si más bien busquen exhibir algunos trapos sucios de funcionarios del actual gobierno. Ojalá esto no termine en un rompimiento mayor de la colaboración bilateral en materia de seguridad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.