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Bucareli me lo confirmó

12/02/2018
Actualización 12/02/2018 - 14:48

Hace una semana sujetos desconocidos colocaron una narcomanta en pleno Periférico Sur de la Ciudad de México. La narcomanta advertía de “la pelea que se va a suscitar” y aclara que no será contra civiles, pero sí contra “chapulines” (criminales que cambian de bando), “extorsionadores” y “ratas”, así como contra las autoridades que los apoyan. Firmaba, en rojo, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

El mensaje es anómalo por varias razones. Por una parte, la amenaza va contra un grupo delictivo del Pedregal de Santo Domingo, una colonia del sur de la Ciudad de México: un tal Hugo, El H, y su tío 'don Agustín'. Salvo que se trate de un descuido o un error de cálculo, me parece difícil pensar que al CJNG –una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo– se exponga para amenazar de forma tan pública a una organización relativamente menor. Por otra parte, los autores de la manta hacen la advertencia extensiva, no sólo a la Policía capitalina, sino también a la federal. Cosa rara, pues la Policía federal no se inmiscuye hasta donde sabemos, ni para bien ni para mal, con la delincuencia que opera en las calles de la capital del país (salvo en Tláhuac).

Estas anomalías me hacen sospechar que la narcomanta del Periférico no era en realidad un mensaje para los vecinos, ni para los malandros de El H, sino parte de una estrategia de comunicación más amplia. Los medios de todo el país no tardaron en publicar titulares alarmistas (por ejemplo: "Anuncia CJNG su llegada a la Ciudad de México" o "CJNG anuncia con 'narcomanta' su llegada a CDMX"). Luego vino la discusión, frívola pero inevitable, sobre si el CJNG tiene en efecto 'presencia' en la capital. Como era previsible, el jefe de Gobierno lo descartó; aseveró que el propio secretario de Gobernación le había confirmado que en la Ciudad de México sólo se trabaja en “temas de narcotráfico” en Tláhuac. Lo secundó el Comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales, quien dijo que no había, hasta este momento, señales de presencia operativa del CJNG.

Por supuesto, determinar si el CJNG tiene presencia en la capital depende enteramente de lo que cada quien quiera entender por 'tener presencia' o 'presencia operativa'. Una cosa es que algunos de los líderes del CJNG se escondan, vivan o tengan negocios en la Ciudad de México (lo que seguramente ocurre); otra que distribuyan droga al mayoreo (lo que también es muy probable); y otra muy distinta que cobren cuota o ejerzan otras formas de control sobre el narcomenudeo u otros giros delictivos (algo que no podemos descartar del todo, pero que no ocurre de forma generalizada).

Ahora bien, si la intención de fondo de la narcomanta del Periférico Sur no era intimidar al grupo de El H, me inclino a pensar que la motivación fue fundamentalmente política. El golpeteo podría dirigirse al propio Miguel Ángel Mancera, quien siempre ha insistido en que no hay crimen organizado en la capital. Por lo pronto, algunos precandidatos a la jefatura de Gobierno ya aprovecharon la noticia para denunciar la ineficacia del gobierno de Mancera en materia de seguridad. Una hipótesis más preocupante es que la amenaza se dirija al gobierno federal. No olvidemos que pocos días después de ser nombrado secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida anunció que desmantelar al CJNG sería un objetivo prioritario durante su gestión. No puedo imaginar nada más amenazador para el gobierno federal que la posibilidad de que el CJNG lleve la guerra a las calles de la capital.

Es inevitable que el CJNG y otras organizaciones criminales muevan droga por la Ciudad de México, que es el principal mercado y el principal nodo de comunicaciones del país. La pregunta relevante es si el CJNG tiene injerencia en la Policía, la Procuraduría y los penales de la capital (es decir, si intimida o asesina elementos, paga nóminas y recibe información de quienes patrullan nuestras calles). Si éste fuera el caso, el riesgo es enorme: el CJNG –ahora señalado como el blanco prioritario del gobierno federal– podría hacer lo único que hasta ahora no ha hecho ninguna organización criminal: narcobloqueos, balaceras y atentados a gran escala en toda la Ciudad de México.

Al respecto no hay evidencia concluyente, pero sí indicios preocupantes. En 2016 se atribuyó al CJNG el asesinato de un policía en la delegación Venustiano Carranza, así como una serie de amenazas a funcionarios del sistema de readaptación social de la capital. Adicionalmente, uno de los grupos criminales más violentos de la Ciudad de México, La Unión Tepito, se fragmentó a raíz de la muerte de su líder, Pancho Cayagua, en octubre pasado. Como ha hecho en otras entidades federativas, el CJNG bien podría consolidar su presencia territorial en la capital en alianza con alguna de las facciones escindidas de La Unión Tepito.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.