Eduardo Guerrero Gutierrez

Bienvenidos a las narcocampañas

Los hechos de violencia que tuvieron lugar en Hidalgo en semanas y días recientes son un pésimo presagio de lo que nos espera el próximo año.

El próximo domingo se celebran elecciones locales en Coahuila e Hidalgo. Los comicios en dichos estados son un preámbulo antes de las elecciones federales de 2021, las cuales serán, por el número de cargos en disputa, las más grandes en la historia del país. Desafortunadamente, los hechos de violencia que tuvieron lugar en Hidalgo en semanas y días recientes son un pésimo presagio de lo que nos espera el próximo año.

En Coahuila, la intervención de la delincuencia durante las campañas ha sido poco visible. En general, la violencia en dicho estado se ha mantenido en niveles moderados desde hace algunos años (la proyección es que este año concluya con cerca de 170 ejecuciones, lo que constituye una disminución de 80 por ciento respecto a la cifra registrada en 2012, cuando el conflicto entre Los Zetas y el Cártel del Golfo estaba en su momento más álgido).

Sin embargo, el factor más importante en Coahuila no es la relativa paz, sino que no se elegirán alcaldes, sólo diputados locales. En contraste, el domingo próximo se renuevan los 84 ayuntamientos de Hidalgo. Además, se trata de una entidad donde la competencia se ha vuelto feroz entre los candidatos del PRI (el partido del gobernador Omar Fayad); de Morena y sus aliados (que tienen la mayoría en el Congreso); y del PAN, partido que ganó varios municipios clave en la elección pasada, incluyendo Pachuca.

A lo largo de la campaña hubo una serie de indicios preocupantes. Primero fueron algunas amenazas y provocaciones menores. Luego siguieron los tiroteos en mítines, como los que ocurrieron en los municipios de Tolcayuca y El Arenal. Después vinieron los ataques claramente dirigidos contra candidatos. La noche del 6 de octubre se registraron dos. Uno tuvo lugar en Tlahuelilpan (el mismo municipio donde, a principios de 2019, la explosión en una toma clandestina causó la muerte de 137 personas), en el que fue agredido el abanderado del PAN. Un segundo ataque se registró en Tepeji del Río, donde fue rafagueado el domicilio de familiares del candidato del PRI.

Sin embargo, el hecho más revelador hasta ahora es la detención de un narcomenudista y huachicolero de la Sierra Norte de Puebla, apodado El Moco, ocurrida a principios de este mes. Al momento de ser detenido, al presunto delincuente se le encontraron 97 bolsas de metanfetaminas. También llevaba despensas. De acuerdo con el gobernador de Puebla, el morenista Miguel Barbosa, El Moco transportaba las despensas a Hidalgo con fines electorales. De confirmarse, lo reportado por Barbosa implica que un grupo de candidatos hidalguenses contrataron, o buscaron el apoyo, de un grupo delictivo foráneo. Probablemente hubo un pago en efectivo, como tantos otros que se hacen para eludir la fiscalización del INE. Más probablemente, a modo de pago, hubo una promesa (por ejemplo, que los delincuentes podrían establecerse y operar libremente en municipios de Hidalgo en cuanto los candidatos que apoyaron asuman el cargo).

Hidalgo no es, ni de lejos, un lugar prioritario para los grandes cárteles del país. El Cártel de Sinaloa y el CJNG sólo tienen operaciones marginales y, en lo que va del año, menos del 1 por ciento del total nacional de asesinatos cometidos por el crimen organizado ha ocurrido en Hidalgo. Hay un par de pandillas de tamaño considerable, con presencia en Pachuca y en Ixmiquilpan. Sin embargo, en el estado no se observa hasta ahora una alta concentración de mafias regionales, como ocurre en entidades vecinas. Si en la contienda electoral en Hidalgo ya fue tan notoria la intervención de la delincuencia, es francamente aterrador lo que pueda ocurrir en los próximos meses en estados mucho más complejos, como Guanajuato, Jalisco y Michoacán.

No es sólo un tema de ataques armados y de candidatos asesinados (aunque, como van las cosas, me temo que tendremos un número récord de éstos en 2021). La experiencia de Hidalgo alerta sobre un problema más amplio. En los últimos años la delincuencia ha construido una enorme maquinaria. Esta maquinaria incluye tanto milicias armadas como cuadrillas de operadores y gestores. Estos últimos resultan idóneos para el trabajo sucio de acarreo, compra y coacción del voto que en muchos lugares es decisivo para ganar elecciones. El tiempo se agota, y los partidos no han mostrado una intención seria de frenar la intervención de la delincuencia en las elecciones locales. Bienvenidos a las narcocampañas.

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