No es más de lo mismo, es algo peor
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No es más de lo mismo, es algo peor

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No es más de lo mismo, es algo peor

16/11/2018
Actualización 16/11/2018 - 11:28

La construcción de paz es un proceso. De hecho, la paz es resultado de procesos de gestión gubernamental exitosos, pero también de dinámicas sociales que contienen el conflicto, disminuyen los riesgos de respuestas violentas y de mecanismos que generan cohesión en colectividades. La paz se rompe cuando estos resortes fallan. Algunos de estos temas los escuché en el Foro París sobre la Paz, que tuvo verificativo en Francia, en el marco de los 100 años del armisticio que dio fin a la Primera Guerra Mundial. Con estas ideas en la cabeza, recibí el Plan de Seguridad del próximo gobierno.

En esta propuesta encontré un poco de todo. Un esfuerzo por darle integralidad a la política criminal; un deseo de hacer justicia a las víctimas; una promesa de respeto a los derechos humanos; un compromiso con la atención al sistema penitenciario y el derecho de los internos. Sin embargo, esta articulación conceptual se violenta radicalmente cuando se propone la creación de una Guardia Nacional, cuyo mando será militar.

La verdad es que resultaría ingenuo suponer que la estrategia de seguridad podría ser distinta entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. El déficit de capacidades de Estado en este país es tan grande que no tenemos muchas opciones más que colgarnos de las Fuerzas Armadas, que tienen doctrina, estructura y disciplina. El problema es que este argumento que se presenta en 2018, fue el mismo que se planteó en 2012 y en 2006. Y este es el saldo: crisis institucional y crisis de violencia sin precedentes.

El verdadero problema de la estrategia planteada por AMLO es que es ignorante y omisa en lo esencial. Nuestro problema de violencia y de crimen está asociado con la disfuncionalidad del Estado. Con nuestro enorme déficit de mecanismos de gobernanza efectivos y con nuestra debilidad institucional. Ninguno de estos temas se aborda. Y si no se reconocen como parte del problema, pues no hay una ruta prescrita para resolverlos.

En el modelo que se plantea no hay una oportunidad para la vía civil, ni para un nuevo modelo de gobernanza que dé funcionalidad a nuestro sistema federal. La Guardia Nacional se justifica en el sentido de “activos ociosos”. Si nuestras Fuerzas Armadas no atienden temas de seguridad nacional porque un enfrentamiento bélico es improbable, entonces pongámosla a disposición de tareas de seguridad luego de un entrenamiento que las capacite para ello. Esto porque la Policía Federal se encuentra descompuesta (¿infiltrada?). Y se propone dividir al país en territorios coordinados por representantes de la Federación. En estos núcleos de coordinación se podrá invitar a actores locales, en esa calidad, la de invitados. La configuración es peculiar. Ante una crisis de gobernanza, se opta por mecanismos que la agudizan, o por lo menos no la resuelven. La estrategia será tan centralizada, reactiva y militar como fueron las anteriores, si no es que más. Y que no quede duda sobre el papel de las Fuerzas Armadas. Tienen el mando.

Quisiera poder augurar éxito en la estrategia. Porque la desgracia es mayúscula y el sufrimiento humano que la acompaña también. Pero el eje rector de lo que se propone es muy similar a lo que hemos tenido y los resultados son desastrosos.

Lo que México necesita es la generación de capacidades de Estado. En términos prácticos esto implica formar policías en los distintos ámbitos de gobierno. Son la base de la pirámide en materia de seguridad. Son los que pueden realizar tareas preventivas con base en información de inteligencia criminal. Son los que están en contacto con la comunidad y crean comunidad. También se necesitan capacidades de Estado a nivel muy granular para poder plantear intervenciones preventivas exitosas en comunidades, espacios y con personas vulnerables. Necesitamos aparatos de persecución criminal que funcionen para esclarecer hechos y ofrecer justicia. Puedo seguir con una larga lista de temas que nos lleva al mismo punto: necesitamos un gobierno que funcione en el marco de nuestro federalismo.

La paz mundial se sostiene en procesos muy locales que interactúan con buenos mecanismos de gobernanza global. Eso aprendí en el Foro al que hago referencia. En México necesitamos lo mismo. Pero en el planteamiento de AMLO hay un supuesto distinto: necesitamos la centralización de mando para articular respuestas efectivas.

Regresamos así al esquema de hombre fuerte, instituciones débiles. Ese paradigma del poder que nos ha hecho tan vulnerables.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.