Telón de Fondo

¿Que 50 años no es nada?

Paradójico que la preocupación que diez lustros atrás tenía México, hoy reviva y vuelva a ser centro de la deliberación pública: la democracia. ¿Estaremos condenados a un eterno retorno?

¿Estaremos condenados a un eterno retorno? Si es así, hay al menos dos posibilidades, una en la que en cada ciclo se repiten circunstancias, pero cada vez de manera progresiva, es decir, la humanidad progresa y va dejando rémoras en el transcurrir de la historia, y la otra en la que no aprendemos y tropezamos con la misma piedra, diría el clásico.

Lo anterior viene a colación, ya que a dos semanas de la jornada electoral y a punto de refrendar el derecho de optar en libertad por quien gobierne y nos represente, parece que la historia se repite y no necesariamente para enriquecer el diagnóstico sobre nuestro presente y las propuestas de futuro.

Ayer por la noche se realizó el tercer y último debate entre las candidatas y el candidato a la presidencia de la República. Escribo esto antes de ello y con la esperanza de que ese ejercicio, que afortunadamente ha venido ganando audiencia, haya rebasado el nivel de la confrontación cargada de descalificaciones y haya estado a la altura de los temas puestos sobre la mesa.

Como tema general Democracia y gobierno y como subtemas: Política social; Inseguridad y crimen organizado; Migración y política exterior; y Democracia, pluralismo y división de poderes. Vaya tópicos y de lo más oportunos a unos días de cerrar este proceso electoral, ya que la democracia ha sido para la oposición eje central de su campaña y factor de convergencia de los diversos sectores sociales, algunos de los cuales se volvieron a concentrar ayer en el Zócalo capitalino.

Me llama la atención que en el paquete se haya incluido inseguridad y crimen organizado, quiero entender que no es casual y que se trata del reconocimiento a lo sentido y grave del problema, y a su posible incidencia en la vida democrática, triste reconocimiento.

Pero volvamos al principio, escribo esto desde Guanajuato, ya que un grupo de compañeros no quiso dejar pasar la oportunidad de recordar que hace 48 años fundamos el Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad de Guanajuato (SITUG), mismo que formó parte de una ola de insurgencia sindical en el país a la que no fueron ajenas las universidades.

Independientemente de la legitimidad de las demandas laborales —las condiciones de trabajo del personal académico y administrativo eran precarias y la contratación y permanencia lejos de criterios académicos—, lo que subyacía era un clamor libertario, estaba cercano el influjo del 68.

Más allá de lo que le es propio a un movimiento sindical, lo que estaba de por medio era abrir los espacios políticos para aquel entonces acotados a la militancia en el partido oficial. Justo en 1976 se había dado la campaña de un solo candidato, José López Portillo, como la constatación más evidente de un sistema político que había llegado a su límite. Tan es así, que al año siguiente Jesús Reyes Heroles anunció una gran reforma para abrir el sistema político a expresiones excluidas hasta entonces, decisión visionaria, ya que un sistema excluyente lo que genera es que surjan otros al margen de él que terminen por desconocerlo.

Se inició así un largo ciclo de cinco décadas de construcción de nuestra democracia, en el que en sucesivas reformas se fueron ampliando los derechos y las libertades para ejercerlos. Paradójico que las preocupaciones que diez lustros atrás teníamos, hoy reviven y vuelvan a ser centro de la deliberación pública.

A cincuenta años pareciera que volvemos a lo mismo, a un desencuentro entre restringir o ampliar libertades. Parece increíble que exista la posibilidad de echar por la borda tal vez el único legado de mi generación ante el fracaso de las políticas ambientales, la distribución del ingreso, la atención a la salud, a la educación y a la obligación del Estado de brindar seguridad a la ciudadanía.

Se ha pretendido atender el déficit social con programas sociales, craso error cuando el tema es estructural, y ahora con ellos se busca comprar el voto ciudadano. Por otra parte, se ha confundido educación con adoctrinamiento y se ha hecho de la formación de los profesores un botín político. Para no hablar del irresponsable manejo de la salud, el medioambiente y la seguridad.

Lo anterior se puede remediar pasando de las ocurrencias y las decisiones cortoplacistas a políticas de Estado sustentadas en criterios científicos y ejecutadas por profesionales conocedores de su materia y sujetos a criterios de transparencia. Pero la democracia no corre la misma suerte, minarla posterga todo y corroe la confianza social frente a las instituciones, el Estado de derecho y frente a nosotros mismos.

¡Sí! El legado democrático está en riesgo. No verlo así, ignorarlo o minimizarlo puede llevarnos pronto a otro 68. Se cerraría así un ciclo que se muerde la cola y no la espiral ‘ascendente’ que nos enriquece en la diversidad, en la tolerancia y en el respeto que nos merecemos.

Han pasado casi cincuenta años de aquellos hechos que me tienen hoy aquí en Guanajuato y pareciera que seguimos en lo mismo, luchando entre el autoritarismo y la democracia, no saben cómo quisiera estar equivocado.

POSDATA: A unos días de las elecciones esperemos que el INE esté abocado en la certeza, es decir, en la tarea de cerrar la organización y pulir las herramientas para dar a conocer los resultados de las elecciones: el Conteo Rápido, el PREP, los cómputos y la legalidad del proceso, todo lo demás a un segundo plano.

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