Telón de Fondo

Un logro de AMLO: un país dividido

Dos visiones radicalmente distintas: en una se habla de una democracia fortalecida y en la otra de un gobierno autoritario que la ha usado para llegar al poder y desde ahí, ahora, la dinamita.

Ayer fuimos testigos de una evidencia más de que vivimos en un país dividido, polarizado. Mientras que en el centro de la capital de la República, en la Plaza de la Constitución (y en muchas otras plazas de las entidades federativas) se concentró una multitud en defensa de la democracia y de la carta que le da nombre al Zócalo: la Constitución, al sur de la ciudad, en las instalaciones del INE, la coalición oficial registró a su candidata a la presidencia de la República.

Por un lado, en el primero, se manifestó con contundencia la preocupación sobre los riesgos que corre nuestra democracia, y por el otro, Claudia Sheinbaum escoge exactamente la misma fecha para tratar de contrarrestar aquella otra visión de la nación y afirma que vivimos en democracia.

Dos visiones radicalmente distintas, en una se habla de una democracia fortalecida y en la otra de un gobierno autoritario que la ha usado para llegar al poder y desde ahí, ahora, la dinamita.

Las diferencias no sólo están en torno a la democracia sino además en relación a la situación económica y social que vive actualmente el país. La Dra. Sheinbaum, después de hacer una relación de lo que considera logros del actual gobierno, concluye: “mejor imposible”.

En tanto, el único orador de la concentración en el Zócalo, el Dr. Lorenzo Córdova, inicia su intervención enumerando los déficits en materia de pobreza, corrupción, desigualdad y violencia.

Más diferencias, la señora Sheinbaum se compromete con la continuidad de las políticas del actual gobierno y con las propuestas de reformas que ha hecho López Obrador, mientras tanto en la Plaza de la Constitución se hace énfasis en los riesgos que implican las reformas para las libertades y se clama porque a las instituciones, en su caso, se les toca para mejorarlas y no para minimizarlas o desaparecerlas. Y menos para concentrar el poder, lo que conlleva al autoritarismo.

Ayer lo confirmamos, vivimos en una sociedad dividida y en buena medida gracias al actual Presidente, cuya investidura lo obliga en primer término a gobernar para todas y todos los mexicanos, y se ha empeñado desde el primer momento de su gestión en todo lo contrario.

Su lema de campaña “primero los pobres” —mismo que por cierto hace tiempo no pronuncia— hacía sentido. Ante una sociedad en la que más de la mitad de la población se encuentra sumida en la pobreza había que atender urgentemente esa realidad “por el bien de todos”.

Lamentablemente, vendió esas frases como slogan de campaña y lo que parecía la propuesta de un gobierno enfocado en corregir las desigualdades para construir una sociedad más igualitaria, que sentara las bases de una plataforma de igualdad de oportunidades, devino en marketing político como lo hemos venido constatando a lo largo de estos cinco años.

La pobreza no ha disminuido de manera significativa y no se han sentado las bases estructurales para que lo haga y se corrija la injusticia social. A cambio de eso se le explota políticamente a través de programas sociales. Y lo que sí se ha logrado es deteriorar las estructuras democráticas a la más vieja usanza leninista: primero la dictadura ya después vendrán las libertades.

A unos pocos kilómetros de distancia dos Méxicos, lo que se multiplica a lo largo de todo el país. Seguramente López Obrador dirá que es “un mal necesario”, que le viene “como anillo al dedo” como lo dijo cuando la pandemia del covid. Juega con fuego, ¿cuándo habla de continuidad la Dra. Sheinbaum también se refiere a eso?

Al pie del Palacio Nacional, muralla de acero de por medio, se manifestó una parte de este país, ¿qué tan grande o qué tan chica es esa voz? Eso dependerá de apreciaciones, pero sin duda es parte de este país, eso es incuestionable. ¡¡Existe!! Negarla es continuar con la división y la polarización que empobrece nuestra posibilidad de ponernos de acuerdo sobre lo que nos es común.

Mientras esperaba la intervención de la Dra. Sheinbaum en el evento de su registro en el INE, se escuchaba en la transmisión una canción que aludía a la campaña y a la coalición gobernante. En uno de sus estribillos decía: “… Morena madre de la nación…” haciendo referencia al manto celestial sobre el movimiento de renovación nacional. ¿Dónde quedó la laicidad juarista? ¿Acaso también fue la Virgen Morena la que hizo sonar estruendosamente las campanas de Catedral en el Zócalo justo cuando el otro México se expresaba?

POSDATA: No perdamos de vista el tema de los debates presidenciales. Mucho trabajo se ha desplegado para vencer la inercia de la simulación, aquella en la que los candidatos buscaban defenderse, no arriesgar antes que dialogar. Ejemplos progresivos fueron los debates del 2012 y en particular los del 2018. Ahora, un partido político, Morena, pretende descalificarlos (por si se ofrece, diría el clásico). A la primera oportunidad promueve un proyecto ante el INE para desconocer la metodología aprobada para el primer debate, según la cual un centro de investigación, el ITESO de Jalisco, dirigido por una académica de intachable trayectoria como la Dra. Rossana Reguillo, haría la criba de las preguntas provenientes de redes sociales para los candidatos. Lo que es preocupante es cómo el partido gobernante quiere imponer condiciones. Al árbitro le toca velar por todos y no dejarse llevar por la sinrazón de la fuerza.

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