Telón de Fondo

¿Más elecciones y menos democracia en el mundo?

Esperemos que hayamos aprendido la lección de que la democracia, si bien no es perfecta, es el menos peor de los sistemas y sin ella poco futuro económico y social nos espera.

Este 2024 la comunidad internacional estará cruzada por elecciones durante todo el año, en todos los puntos cardinales y bajo las más variadas ideologías, circunstancias y consecuencias.

De los 8 mil millones de personas que poblamos este planeta, más de 2 mil millones seremos convocados a las urnas y nuestras decisiones impactarán directamente en la mitad de la población mundial. Cerca de 100 países tendrán algún tipo de elección y más de la mitad de ellas serán presidenciales. Países como Estados Unidos, Rusia, India, Taiwán, Finlandia, El Salvador, Venezuela, Sudáfrica y México, y la Unión Europea renuevan sus gobiernos y representaciones.

Lo anterior es, por un lado, una buena noticia sobre la normalidad democrática, pero, por otro lado, es motivo de observación y preocupación, ya que en algunos casos se trata de ejercicios simulados y en otros en los que la democracia misma está en riesgo o debilitándose. Echemos un rápido vistazo a este caleidoscopio.

El pasado 13 de este mes Taiwán tuvo elecciones y las mismas desbordan con mucho las deliberaciones nacionales, el resultado tiene alcances internacionales, ya que lo que está en juego es el conflicto con China que reclama ese territorio para sí y calienta otro foco de tensión en el ya de por sí convulso mapa mundial.

Las elecciones ratificaron al actual partido en el poder, uno de los más férreos defensores de la independencia de la isla. De manera tal que la democracia en este caso, además de definir quién encabeza el gobierno local, es un referéndum implícito respecto a la relación de ese país con los polos de la geopolítica global.

En otros casos seremos testigos de la simulación democrática, sin duda Rusia es el ejemplo más evidente. El presidente Putin construye candidatos a modo —el opositor más competitivo está en una cárcel cercana al círculo polar— y en esas condiciones y con la intimidación social que impone su estilo de ejercer el poder, seguramente continuará en el gobierno con el ‘respaldo’ de cerca del 90 por ciento de quienes acudan a las urnas.

Paradójicamente, Ucrania, según su Constitución, tendría que ir a las urnas este próximo 31 de marzo, pero evidentemente las armas se imponen sobre las urnas y dado el conflicto bélico con Rusia tendrán que suspender ese ejercicio electoral por tiempo indefinido. ¡Han pasado ya dos años…!

En otros países prevalecerá el sabotaje a las oposiciones y a la misma democracia, Venezuela es un claro ejemplo al respecto. Maduro busca inhabilitar a la candidata opositora, María Corina Machado, como ya lo ha hecho con otros candidatos en elecciones previas, para extender su gobierno hasta el 2031, después de 23 años si consideramos el periodo previo de Hugo Chávez.

En este caso, además del uso del aparato del Estado para perseguir e inhibir críticas y oposiciones, se han cooptado a las autoridades electorales y se han hecho sucesivas reformas constitucionales para cambiar las reglas del juego democrático y justificar un ejercicio autoritario del poder y su renovación bajo una simulada democracia.

Presenciaremos también este año casos como el de El Salvador, en el que la descomposición social ha llegado a tal nivel que la población prefiere ver disminuidas sus libertades a cambio de seguridad, tal cual, aunque después se sufran las consecuencias, como la historia lo ha demostrado. Seguramente el presidente Bukele será reelecto por amplia mayoría el próximo domingo.

En otros contextos, las viejas y ‘robustas’ estructuras democráticas parecen tambalearse, las elecciones en EU serán un escenario al respecto. El vecino del norte no solo se enfrenta a la carencia de una renovación generacional, lo que en sí mismo devela un problema, si no cabe la posibilidad de que Donald Trump regrese a la presidencia de aquel país.

Lo anterior no debería sorprendernos si eso resulta de una elección libre, lo que llama la atención es que por la vía democrática acceda al poder quien la combatió en 2020 cuando usó la retórica del fraude para no aceptar su derrota y hoy sigue procedimientos legales en su contra por haber instigado la toma del Capitolio (6 de enero 2021) para impedir una sesión del Poder Legislativo en la que se contaba el voto del Colegio Electoral que daba la victoria al actual presidente Biden.

Pasando a otro contexto crítico y muy influyente en la escena mundial, este año habrá elecciones para el Parlamento Europeo, cerca de 400 millones de electores de 27 países elegirán a sus representantes. No es exagerado afirmar que el futuro mismo de la Unión está en juego. ¡La iniciativa civilizatoria más esperanzadora de una vida sin fronteras e incluyente!

Es muy probable que se incremente el número de parlamentarios que desde la ultraderecha combaten a la Unión y que pregonan una vuelta a los nacionalismos. El resultado de estas elecciones sin duda pesará en el ánimo de la democracia global e incidirá en el conflicto armado de la región y en el de Medio Oriente.

Referencia aparte merece la India, que tiene el padrón electoral más grande del mundo, más de 900 millones de electores. Para recibir el voto de toda la ciudadanía, la ‘jornada’ electoral se extiende durante un mes, el reto además de político es de una enorme complejidad logística.

En América Latina tendremos elecciones presidenciales en Uruguay, tal vez las más democráticas de las que veremos en el continente este año, y también elecciones municipales en Brasil, y en Chile, que sumará comicios regionales. En ambos casos se trata también de cuasi referéndum, después del conflicto poselectoral en el que Bolsonaro desconoció los resultados; del triunfo de la izquierda chilena con Gabriel Boric y de la deliberación sobre un nuevo marco constitucional en ese país andino.

He ahí un breve y para nada exhaustivo recuento de lo que electoral y políticamente estará en juego este año. En ese entramado nuestro país acude a la convocatoria electoral del 2 de junio y si bien, lo que decidiremos es nuestro futuro político y cómo atender nuestros múltiples y complejos problemas domésticos, no podemos dejar de ver el contexto internacional y los aires antidemocráticos que soplan.

2024 será un año de sobreexposición del ánimo de la naturaleza humana tras el poder y la representación pública, esperemos que hayamos aprendido la lección de que la democracia si bien no perfecta, es el menos peor de los sistemas y sin ella poco futuro económico y social nos espera. Eso es lo que está en juego en México y en el mundo.

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