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Para derrotar el desastre del pasado

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Para derrotar el desastre del pasado

11/11/2020

La autora es Diputada Federal

El fin de semana pasado pudimos ver a miles de jóvenes, mujeres y hombres, haciendo fila como se estila en los nuevos tiempos, con sana distancia, para participar en el Examen Nacional de Residencias Médicas.

Las escenas se repiten año con año, pero en este 2020 de la pandemia tienen un significado especial por varias razones.

Primero, porque miles de trabajadores de la salud, de todos los rangos y especialidades, han tenido un comportamiento heroico para enfrentar la pandemia y merecen el reconocimiento del conjunto de la sociedad.

Este año, además, con una fuerte inversión pública, se garantizará que accedan a las residencias médicas, es decir, a estudiar una especialidad, el doble de los profesionales que lo conseguían durante los gobiernos anteriores.

Durante las pasadas dos décadas quedó fuera 80 por ciento de los aspirantes, puesto de que casi 40 mil aspirantes eran aceptados menos de 10 mil. Este año, con una inversión del gobierno de México de dos mil 500 millones de pesos, se abrirán 18 mil 929 plazas nuevas a médicos especialistas. El esfuerzo institucional no termina ahí, pues también serán entregadas mil 600 becas para especialidades en el extranjero.

Duplicar el número de residentes forma parte de un gigantesco esfuerzo institucional que venía desde el inicio de este gobierno pero que tuvo que acelerarse y adaptarse de cara a la emergencia sanitaria por el Covid-19.

En ese marco, resulta tan risible como preocupante que exsecretarios de Salud federales que heredaron un sistema saqueado y en los huesos hayan pretendido dar lecciones sobre el manejo de la pandemia. Los resultados de sus recomendaciones ya los estamos viendo en entidades cuyos gobernadores han usado políticamente la crisis de salud, con resultados contrarios a los objetivos declarados.

Enfrentar el rezago histórico de nuestro sistema de salud ha sido prioridad del gobierno de México. Por ello encabezan el área profesionales destacados con convicción social y servidores públicos comprometidos con la transformación.

Más allá del ruido mediático y de la súbita aparición de expertos que todos los días señalan errores en la estrategia oficial –critican aquí lo que elogian en otros países–, los organismos internacionales del sector han sido claros en el reconocimiento a la ruta y los esfuerzos realizados en México.

Recientemente, como botón de muestra, Cristian Morales Fuhrimann, representante en México de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), reconoció que el nuestro es el país del continente que hizo mayores esfuerzos de reconversión hospitalaria (un incremento de 375.6 por ciento en las camas de cuidados intensivos), lo que fue vital para evitar el desbordamiento que se presentó en otras latitudes.

Para enfrentar la pandemia, estábamos en un escenario de desastre con múltiples rostros. Durante 20 años, por ejemplo, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE) no abrió una sola plaza nueva para residentes. En la misma línea, es emblemático el caso de las 307 unidades hospitalarias que quedaron inconclusas o fueron de plano abandonadas. Otro rostro de ese desastre es el control mafioso de la adquisición de medicamentos para el sector público, que era un negocio redondo para algunas empresas farmacéuticas y sus cómplices en el gobierno.

Estábamos en el suelo en materia de salud, ha dicho con razón el presidente Andrés Manuel López Obrador. Y nos hemos ido levantando gracias al talento y compromiso social de funcionarios que son eminencias en su ramo, como los doctores Jorge Alcocer Varela y Hugo López-Gatell Ramírez, el segundo blanco favorito del odio de la derecha.

En el largo camino que tenemos que recorrer para hacer realidad el derecho a la salud, se están sentando bases firmes con la creación de plazas para especialistas que atienda un déficit añejo y con la terminación de obras que la corrupción dejó a medias.

No más endeudamiento, no más “rescates” para unos cuantos; sí a los recursos directos para la gente, sí a asegurar fondos para las vacunas. Poco a poco se ha ido demostrando, y así seguirá ocurriendo, que la estrategia frente a la pandemia ha sido la correcta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.