Lozoya y ‘los toficos’
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Lozoya y ‘los toficos’

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Lozoya y ‘los toficos’

08/07/2020

La autora es Diputada Federal

El inminente retorno del exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), Emilio Lozoya Austin, es el comienzo de un capítulo que México no había podido escribir: el de la justicia en el caso Odebrecht, que desde 2016 sacudió la política de varios países de América Latina. Aquí, como todos sabemos, el exfuncionario fue protegido por un pacto de impunidad.

Lozoya ha aceptado regresar de manera voluntaria, lo que hará expedita su extradición, y es de esperarse, como han adelantado la fiscalía y el presidente Andrés Manuel López Obrador, que sus declaraciones contribuyan a aclarar los detalles de los sobornos multimillonarios –recibidos en tiempos de campaña electoral y ya en el ejercicio público– y su destino.

La ocasión es propicia para hacer un recuento de algunos de los actos que provocaron que el exconsejero de OHL sea ahora acusado de varios casos de corrupción, lavado de dinero, cohecho y apropiación indebida.

La trama de Agro Nitrogenados y Fertinal comenzó a mediados de 2013. Dos años después, el Consejo de Administración de Pemex emitió un acuerdo para la creación de Pemex Fertilizantes. Unos meses más tarde, en octubre de 2015 el mismo Consejo aprobó la adquisición de Grupo Fertinal.

Hasta mayo de 2019 Pemex había desembolsado alrededor de mil 395 millones de dólares (mdd) por la compra y rehabilitación de dos plantas de fertilizantes, pero ninguna resultó rentable ni generó utilidades para el Estado.

Con el pretexto de que el Estado debía atender las necesidades de los productores del campo, Emilio Lozoya y el empresario Alonso Ancira, dueño de una de las plantas, fraguaron una estafa que ejecutaron impunemente, gracias al manto protector que el gobierno de Enrique Peña Nieto extendió sobre quien fuera responsable de relaciones internacionales de su campaña.

Tuvo que llegar un gobierno comprometido verdaderamente con el combate a la corrupción para que Lozoya fuese inhabilitado 10 años mientras sus cuentas bancarias eran intervenidas. Posteriormente, igual que su socio empresarial, el exfuncionario fue aprehendido en España.

Mientras padecíamos los oídos sordos del peñismo en el Senado, con el debate de la reforma energética, el Consejo de Administración de Pemex recibía informes sobre “una inversión en una planta de fertilizantes”, que no era otra sino Agro Nitrogenados, de Ancira. Tres secretarios de Estado y los consejeros supuestamente independientes fueron informados de la millonaria operación, pero nadie la objetó, quizá porque, como dijo uno de los abogados de Lozoya, él no se mandaba solo y el movimiento tuvo que contar con la venia presidencial.

En enero de 2014 Pemex anunció que reactivaría la producción de fertilizantes. El noble fin de cubrir 75 por ciento de la demanda nacional de ese insumo y así apoyar a “los sectores de menor nivel de desarrollo” fue la coartada.

La compra de activos, así como la rehabilitación y renovación de la planta involucraba una inversión de 475 millones de dólares.

Aunque la planta nunca funcionó, Ancira recibió 275 millones de dólares. Un negocio redondo pues se trataba de una planta obsoleta, abandonada, incompleta y derruida: no había funcionado en 14 años.

Lozoya cerró la pinza al nombrar a otro socio suyo, Francisco Henríquez Autrey, como director de Procura y Abastecimiento de Pemex. Las familias Ancira y Autrey habían sido las beneficiarias de la fiebre privatizadora de Salinas: habían adquirido Altos Hornos de México y compraron Agro Nitrogenados a precio de ganga, la abandonaron y se la volvieron a vender a Pemex a precio de oro. Todo quedó en familia.

Con el regreso del PRI a la Presidencia, con el padrinazgo de Salinas, la estrella de Ancira volvió a brillar.

Según investigaciones periodísticas, Lozoya recibió un generoso regalo por los servicios prestados. El pago se habría concretado mediante una triangulación que involucró a Odebrecht. El 17 de febrero de 2014, un mes después del anuncio de la compra de Agro Nitrogenados, Altos Hornos de México transfirió un millón 481 mil dólares a la cuenta bancaria de la empresa Grangemouth Trading Company LP, una offshore de Odebrecht.

En los sesenta, Carlos Salinas formó un cerrado grupo, con otros privilegiados hijos de exfuncionarios del alemanismo, en la Facultad de Economía de la UNAM. Emilio Lozoya Thalmann, padre del extraditable, formó parte de ese clan apodado “Los toficos”, en referencia a un chicloso de dorada envoltura cuya publicidad rezaba: “Uhmm, qué ricos”. Y qué corruptos, añadiríamos ahora.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.