menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Chile: derrota neoliberal

COMPARTIR

···
menu-trigger

Chile: derrota neoliberal

28/10/2020

La autora es Diputada Federal

En una época en la que las malas noticias dominan el escenario, se valoran más las buenas nuevas, como el triunfo del Movimiento al Socialismo en las elecciones presidenciales de Bolivia.

La victoria de Luis Arce es una alentadora noticia para las fuerzas progresistas de América Latina. El candidato del MAS ganó en primera vuelta con una amplia ventaja y su triunfo significó, a la vez, un mentís a la impresentable cabeza de la Organización de Estados Americanos, que había sostenido la mentira del fraude en los anteriores comicios en los que Evo Morales, líder histórico del masismo, fue candidato.

La buena racha continuó en Chile, con el aplastante triunfo de la opción “apruebo” a favor de una Convención por elección directa, que dará forma a una nueva Constitución. Al basurero de la historia irá la Constitución neoliberal que firmase el dictador Augusto Pinochet.

Una abrumadora mayoría –78.28 por ciento de los votos– decidió dejar atrás el documento redactado por los Chicago boys, inspirados en los dogmas del neoliberalismo.

La derrota del pinochetismo fue la culminación de un año de protestas que iniciaron con la “evasión del metro”, como se llamó a la decisión de los estudiantes de secundaria de no pagar el pasaje del transporte público, tras un aumento decretado por el presidente derechista Sebastián Piñera.

Las protestas fueron duramente reprimidas, pero el gobierno sólo consiguió que se extendieran a otros sectores. Finalmente, el tema del incremento de tarifas de transporte era sólo la expresión de un descontento generalizado con un modelo que privatizó prácticamente todo: la educación, la salud, vaya, incluso el agua para consumo humano.

“No son 30 pesos, son 30 años”, fue la consigna que se popularizó.

A pesar de la dura represión, los chilenos siguieron saliendo a las calles. El temible cuerpo de carabineros se ensañó con los jóvenes y se multiplicaron los casos de personas que perdieron uno o incluso los dos ojos por los disparos de las fuerzas represivas.

El llamado “milagro chileno” –así bautizado por Milton Friedman, ganador del Nobel y maestro de los Chicago boys– fue milagroso sólo para unos cuantos. Según los indicadores Gini del Banco Mundial, Chile es una de las 10 naciones más desiguales del mundo.

El marco constitucional, a pesar de varias decenas de reformas, perpetuaba las desigualdades. De ahí que millones que buscan un acceso igualitario a derechos básicos dieron un revés a la derecha neoliberal.

En México, los admiradores de Pinochet no ocultan su desconcierto y tristeza con el resultado de la votación chilena. No es para menos, pues la derecha de todo el continente ha perdido su referente, el modelo que presentaba como ejemplo a seguir.

Tal es el modelo que quisieran para nuestro país, uno contrario a los derechos humanos y laborales, con un Estado flaco y un mercado que, cual si fuera magia, ordena toda la vida social.

En abril venidero, las ciudadanas y los ciudadanos de Chile elegirán a quienes darán forma a la nueva Constitución. El Constituyente, de 155 personas, se integrará de manera paritaria –no podrá haber más de 78 personas de un solo género– e incluirá a representantes de los pueblos indígenas, cuya resistencia frente a la dictadura y sus herederos ha sido siempre heroica.

El proceso habrá de culminar en el segundo semestre de 2022, cuando se llevará a cabo el referendo ratificatorio.

El órgano constituyente tendrá el enorme reto de abordar los temas que dieron vida a la rebelión social: la desigualdad y las reformas sociales. Se trata, aunque el camino aún es largo, de comenzar a poner fin al neoliberalismo salvaje consagrado en la Constitución pinochetista de 1980.

Porque, como dijo el presidente Salvador Allende en el mensaje final a su pueblo: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.