No falta ni sobra nadie...
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No falta ni sobra nadie...

22/05/2019

Se enfrentan los dos mejores del campeonato regular. Mejor, imposible: el 1 y 2 del torneo. El que mejor juega y el que mejor nómina tiene. Dos ciudades con dos pueblos pasionales. Un entrenador joven que se ha esmerado en prepararse y otro legendario que debe ser el más importante de la época moderna en este futbol. Dos directivas emprendedoras. Una que desde siempre busca la excelencia con base en lo mejor disponible para jugar al futbol y la otra joven, que ha situado a la plaza en una posición privilegiada en lo deportivo y en lo estructural. Al León-Tigres no hay que agregarle ni quitarle nada. Es una final ideal para definir al mejor del futbol mexicano.

No sobra, no falta, ni se extraña a nadie. El futbol mexicano tiene un epílogo perfecto, justo y esperanzador, cuyo ganador será, sin duda, el máximo club de la temporada.

Los críticos se apresuraron a señalar este lunes que ambos llegan esparciendo dudas sobre su capacidad en la ronda de las semifinales. Los dos lograron el boleto a la final gracias a su mejor posición en la tabla, un premio justo de acuerdo a su comportamiento en las 17 fechas del torneo regular. De algo debe servir la consistencia y el nivel que ambos desarrollaron a lo largo del campeonato. León y Tigres están aquí por mérito propio. Podemos “acusar” a uno, de mezquino en su futbol y al otro, quizá, de no haber podido desarrollar su mejor calidad futbolística ante el América. Y, sin embargo, el balance sigue favoreciéndoles.

León sufrió el domingo apenas su tercera derrota del torneo, pero tres días antes había vencido al América en Querétaro. Por algunos momentos, mostró la jerarquía futbolística que ha tenido en el año. Por otros, desapareció ante el ímpetu y la calidad individual de los americanistas. Queda la sensación de que el América fue todo lo que podía ser y que el León jugó por debajo de sus posibilidades reales. Luis Montes sigue siendo la base del juego leonés. El “10” está mejor que nunca, mientras Ángel Mena, Rubens Sambueza, JJ Macías y Joel Campbell cargan con el poderío ofensivo. León no pudo enseñar sus mejores argumentos en las semifinales y, para la final, se perderá a Sambueza (no juega la ida por expulsión) y a Macías, quien se ha marchado a Polonia para jugar el Mundial Sub-20. Aun así, habrá que recalcar el gran trabajo defensivo que el León tuvo durante la mayor parte de la serie ante el América. Demostró que, aun sufriendo, puede sacar resultados.

Tigres no ha mostrado su faceta brillante en la Liguilla. Ha jugado al borde en la eliminación, y con Nahuel Guzmán, su portero, como la figura indiscutible. Un casi milagroso gol de André-Pierre Gignac en la agonía del juego les dio el pase ante Pachuca en los cuartos de final y tuvo una batalla durante en el Clásico regiomontano ante Rayados, donde evidentemente fue mejor en el partido de vuelta, pero donde no terminó por convencer a nadie. Un gol más de pundonor, entrega, fuerza del argentino Guido Pizarro —quien terminó en el hospital— significó el pase a la final. Tigres tiene, hombre por hombre, uno de los mejores clubes de la historia en el futbol mexicano y un personaje como Ricardo Tuca Ferretti, que arriba a su séptima final y que debe ser el entrenador más importante en la historia contemporánea del futbol mexicano.

León y Tigres no piden ni extrañan nada. El hecho de que se juegue a goles, a marcador global y a la adecuación de estilos —dos equipos que gustan de tener el balón y de elaborar el juego— puede significarse en un duelo memorable sobre la cancha.

También habrá que tomar en cuenta que la final será transmitida bajo la señal de televisión restringida, un hecho que marca los precedentes de los nuevos tiempos que se viven en el futbol mexicano.

No tenemos ni al América, ni a Cruz Azul, mucho menos a Chivas o a Pumas, pero tenemos dos maravillosos clubes de futbol que pueden ofrecernos una gran Final. León y Tigres, uno de los dos, será proclamado el domingo como el mejor club de México…

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.