Lo tenemos, no lo desperdiciemos...
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Lo tenemos, no lo desperdiciemos...

11/07/2019

Más allá de la Copa Oro, el verano futbolístico ha servido al futbol mexicano para confirmar que cuenta con la persona adecuada. El entrenador Gerardo Martino ha hecho efectivas las sospechas y las hipótesis sobre su capacidad, conocimiento, experiencia, personalidad, trato. Es el entrenador ideal para una selección mexicana. Necesita del apoyo de todos, pero creo que, a su alrededor, se puede construir el largo sueño y anhelo del aficionado mexicano de dar un paso de calidad que le aproxime a nuestro futbol al de las grandes potencias del juego...

Lo mejor el verano futbolístico mexicano no es Guillermo Ochoa, Uriel Antuna, Rodolfo Pizarro, Oribe Peralta o Giovanni dos Santos. Lo mejor del verano en el futbol mexicano ha sido la confirmación absoluta de que la selección nacional cuenta con el entrenador apropiado. Lo tenemos, no lo desperdiciemos...

Gerardo Martino debe ser el hombre que le dé el estilo y la convicción que el futbol mexicano tanto ha buscado para dar el paso de calidad y acercarse, lo más posible, a las grandes potencias del juego. Todas las sospechas, las hipótesis han terminado siendo ciertas: El Tata no solo sabe de futbol, también comunica de forma abierta y frontal tanto con el futbolista como con la opinión pública. Su conocimiento, experiencia y personalidad -en conjunto- están por encima de cualquier otro antecedente que una selección mexicana haya tenido en el puesto de entrenador. El primer gran acierto de la administración Yon de Luisa ha sido, sin duda, la firma del técnico argentino.

De aquí y hasta el Mundial del 2022, hay tiempo suficiente para seguir trabajando en el modelo futbolístico de Martino, un equipo que juegue bajo ciertos parámetros -supongo que una mezcla de la idiosincrasia del propio entrenador y las características de la generación actual del jugador mexicano- y un cuadro que tenga, además, la suficiente personalidad para poder competir en el máximo nivel posible del juego. Martino debe trabajar y conseguir ese equipo y los futbolistas, por su parte, deben seguir creciendo y desarrollando sus facultades, tanto en el nivel doméstico -que para el futbol mexicano nunca deja de ser trascendente- como en el contingente europeo que debe seguir engrosándose. Si esas condiciones se cumplen, México llegará al 2002 con otro tipo de argumentos y si existe una continuidad -algo totalmente anómalo en nuestro futbol- podríamos soñar con un paso aún más poderoso en el 2026, fecha en la que México tendrá la fortuna de jugar el Mundial en casa (México y Estados Unidos). Martino está totalmente calificado para el trabajo. La Copa Oro ha despejado cualquier duda -si es que realmente existió- sobre su capacidad y sobre el momento que vive como entrenador. La realidad es que México no pudo haber escogido mejor.

Martino necesita el apoyo y no hablo del apoyo del periodismo -ese no trasciende tanto-. Necesita, primero, del apoyo de la industria futbolística. Dueños, clubes, dirigentes, entrenadores, futbolistas, todos necesitan empujar hacia la misma dirección. Necesita que le demos un balance -lo más aproximado a a la excelencia- entre el futbol y el negocio. Que la Liga MX siga produciendo futbolistas, que los clubes fomenten más la exportación que la importación y que la Federación, a través de De Luisa, impulse la idea de darle los mejores juegos de preparación y fogueo. Los futbolistas necesitan entender que la selección no es un pesar -casi un "castigo"- y que deben aprovecharla al máximo para seguir afianzando su carrera. Los entrenadores del futbol mexicano requieren de olvidarse de diferencias, envidias y rencores y apoyar la gestión.

Si todo eso se combina, podríamos tener un futuro alentador y por qué no, llevar al futbol mexicano a ese paso de calidad que tanto anhelan y también merecen sus aficionados. Por lo pronto, tenemos a la persona indicada. No la desperdiciemos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.