Centralismo o federalismo, nada es perfecto
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Centralismo o federalismo, nada es perfecto

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Centralismo o federalismo, nada es perfecto

02/02/2018
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México (Pixabay)
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A Enrique Quintana, gran economista, periodista, analista económico y por supuesto amigo, por los primeros 30 años de Coordenadas, donde ha sido referente para entender la historia económica de México, en un tema que requiere transparencia y esa gran honestidad profesional que siempre ha demostrado. Es un honor colaborar con él en EL FINANCIERO. Un mexicano excepcional..

En el mundo han existido diversas formas de organización territorial de las naciones, siendo la definición del poder político la que da lugar a cada forma de gobierno. Es tan compleja esta definición que veamos cómo ha provocado diversas crisis, como la que hoy se da en España, y está presente en las intenciones separatistas en otras partes del planeta.

Al respecto existen diversas formas de organización política, siendo hoy las más importantes los estados unitarios y los federales. En los primeros la estructura política es indivisible y los órdenes locales no pueden tener leyes ni gobiernos propios o autónomos. Es la organización territorial más numerosa.

Por el otro lado están, aunque son menos países, pero con territorios y población más grandes, los estados federales, como México, Estados Unidos, Rusia o Brasil. En el federalismo se comparten soberanías con el fin último de la unidad nacional, porque surge un nuevo Estado que suma el territorio de todos los otros que forman la federación, los cuales mantienen su propia soberanía, con división de poderes, igual que la federal o nacional.

Las confederaciones existen cuando se unen con fines específicos, pero no comparten nada más, un ejemplo fue la Confederación de Estados Independientes, extinto, o la Unión Europea.

Nuestra historia es vasta para narrar los conflictos entre centralismo y federalismo. Está en la Constitución que somos un Estado federal; sin embargo, no siempre se ha cumplido con ello. Fue al inicio de los años ochenta que se crean el Sistema Nacional de Coordinación Fiscal, la Ley de Coordinación Fiscal y la Comisión Permanente de Funcionarios Fiscales. Decía el presidente en turno que se daba un paso atrás para avanzar en torno a esa idea de nación que tienen los sistemas federales.

Los estados se suman al mismo a través de un convenio de adhesión, con dos objetivos, evitar la doble tributación y poner orden a la jungla fiscal, que significaba la gran cantidad de impuestos al consumo tanto federales como estatales, que existían en el país.

Los estados se comprometieron a dejar en suspenso o no aplicar impuestos que constitucionalmente pueden utilizar, dejando su administración al gobierno federal, que les participaría de un porcentaje de su recaudación. Así surgen las participaciones, que son transferencias federales no condicionadas, de libre disposición, que eran fiscalizadas por los congresos locales y desde el año pasado por la propia ASF, lo cual se interpretaría como un paso intermedio para acabar con la gran corrupción en el ejercicio del gasto de muchos gobiernos.

Se empieza por la revisión de las fórmulas de distribución de los estados a los municipios, donde hay casos notorios de opacidad y abusos en contra de los mismos.

Se crea el concepto de la recaudación federal participable, que suma la totalidad de los ingresos federales coordinados y un porcentaje se paga a los estados y a través de ellos a los municipios. No tiene nada que ver el origen de lo recaudado, como sucedía en el pasado.

El sistema es más equitativo, aunque tiene dosis de inequidad derivada de la población, ya que beneficia a los más poblados y no a las entidades donde se recauda más. Pero no se puede perder el enfoque redistributivo de un sistema federal, ni la transparencia.

Este es un tema que deberá formar parte de la agenda para el desarrollo de los años futuros.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.