¿Y los maestros?
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¿Y los maestros?

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¿Y los maestros?

16/04/2020
Actualización 16/04/2020 - 13:09

La pandemia ha revelado debilidades, pero también fortalezas de nuestro sistema educativo. Cuando la escuela cierra sus puertas y se interrumpen los sistemas de control, evaluación y gestión cotidianos, quedan unos pocos hechos desnudos. Aprender es nuestra condición de vida, y se puede hacer en forma continua, progresiva, gozosa, transformadora; o bien puede ser algo discontinuo, sufrido, complejo, eventual, frágil.

En incontables ocasiones, la diferencia no es el aula, el programa, el recurso (económico, didáctico, electrónico); la diferencia es la maestra, el maestro. Ahora –y tenemos todavía varías semanas por delante– hay un renovado aprecio por los maestros, pues las familias comprueban en carne propia que facilitar el aprendizaje es ardua labor. Para aprender fácil, se requiere la guía-motivación-reto de alguien que traduce la complejidad en facilidad, y no porque minimiza, aguada, disuelve o relativiza el aprendizaje. Facilidad no es simpleza. Justo lo contrario. Facilidad para lograr el aprendizaje es profundidad, es –nunca mejor dicho– maestría.

Es como el gran intérprete de teatro clásico: para entregar algo que nos involucre pronto y se experimente como natural y continuo, hubo horas y horas de preparación previa. Puedes, como muchos han comprobado en la sala de su casa, tener libros, guías, lápices, luz natural, silencio y… errarle. La niña no le entendió, y es brillante. El niño no se siente seguro de la respuesta, pero todas las wikipedias consultables no le darán aplomo.

Es claro que el aprendizaje a distancia, en la educación básica, requiere de múltiples factores. Los gobiernos en nuestra región han tenido diversas respuestas, pero como atinadamente apuntan los colegas del BID, lo que ocupó sus primeras preocupaciones fue la “disponibilización de contenidos”. El aprendizaje es proceso de transformación, una especie de 'metabolización' y no mera transferencia. Por eso, se puede regalar una y otra vez la entera colección de Khan Academy, microvideos que explican un concepto, una operación matemática, y sin embargo no lograrse aprendizajes significativos.

Un 'download', una transferencia, es un planteamiento pedagógico burdo y atrasado: pasar del video en línea a la mente del niño, como antes se pensaba de un impreso, es una opción pobre, un sucedáneo chafa del verdadero aprendizaje. Ayuda tener contenidos, dosificarlos, que tengan buena factura y corta duración, sean escritos en papel o grabados y colgados a la red. Pero el aprendizaje es un proceso de indagación, incorporación, asimilación, reinterpretación. No se aprende mucho amarrado a una silla y con pinzas en los ojos, como justo es el argumento que hace Naranja mecánica.

Los buenos maestros pueden o no ser expertos temáticos; en lo que son expertos es en propiciar el aprendizaje. Los maestros con limitaciones –es claro en el ambiente universitario, y tristemente frecuente en el contexto de bachillerato, cuando el 'profesionista' se pone a 'dar clases'– son lo contrario: pueden ser expertos temáticos, pero no tienen pistas sobre cómo aprendemos.

Así, las mejores posibilidades de éxito están en anclar el aprendizaje a distancia al protagonismo de las y los maestros, facilitado y complementado por los diversos recursos, y consolidado por el vínculo con las familias.

La estrategia de México, Aprende en Casa, va tomando trabajosamente el camino multiplataforma: la programación por televisión educativa, el respaldo del libro de texto, la formación acelerada para que en julio ya buena parte de las y los docentes puedan manejar recursos digitales y montar sus propias clases a distancia. Para no dejar fuera a quienes no cuentan con el último eslabón –porque en casa no hay computadora, conectividad, teléfono a disposición de los niños, televisión, o ninguna de las anteriores- se prevé reactivar la radio educativa y distribuir cuadernillos en las comunidades alejadas.

¿Y los maestros? Siguen. Apoyan. Contienen emocionalmente. Producen materiales, recopilan evidencias, orientan lo mejor que pueden. Sufren la incertidumbre. Se van a esforzar para innovar, para adaptarse a lo digital; muchos, tal vez la mayoría no son hoy expertos en generar experiencias de aprendizajes en línea, y están dispuestos a aprenderlo. Pero saben que sólo depender de lo digital produce exclusión y pobreza de aprendizajes. Saben que la diversidad de las y los alumnos no debe ser aplanada ni invisibilizada; no olvidemos que los entornos virtuales de aprendizaje tienen su principal punto ciego en la casi nula interacción de los pares, y que sus voces deben escucharse también. Confiamos en que maestras y maestros tomen ánimo y aire, y los apoye la sociedad entera para que la autoridad reconozca que hacer una conclusión presencial de este ciclo escolar, así sean pocas semanas, es imprescindible.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.