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U031

12/03/2020

El autor es presidente ejecutivo de Mexicanos Primero

U031 no es un submarino alemán de la Segunda Guerra Mundial, aunque también ha pasado desapercibido en el radar. No es tampoco el nombre de una cepa numerada de virus, como pasa con el COVID-19, pero igual puede afectar desproporcionadamente el bienestar público.

U031 es el nombre de una partida del Presupuesto de Egresos de la Federación, asignado a la función Educación. Tiene como etiqueta “Programa de Fortalecimiento a la Educación Temprana y el Desarrollo Infantil” y lo establecieron los diputados federales desde 2008. Para este año fiscal tiene asignados 800 millones de pesos.

Desde su diseño contempló la trasferencia de recursos no regularizables –es decir, que no se convirtieran en compromisos rígidos, como cuando se usan para pagar plazas de personal- para solventar gastos inherentes a la operación y prestación de servicios de los centros de atención infantil. Aunque la mayor parte del tiempo el recurso se “radicó” en la Oficialía Mayor de la SEP, el dinero se mandaba a los estados. Para saber de su gasto, o de su malgasto, se tenía que esperar hasta la revisión de la Cuenta Pública por parte de la Auditoría Superior. Así, por ejemplo, en la detallada auditoría de desempeño de 2014, de los 850 millones asignados, 119 millones fueron observados por irregularidades, y de plano la ASF afirmó que su reparto era discrecional y con criterios políticos.

Con descaro, cuando en 2017 el Proyecto de Presupuesto puso esta partida en ceros, el Partido del Trabajo movió todo su circuito de privilegio para revertirlo, porque su modelo de Centros de Desarrollo Infantil, sus CENDIs, es muy sólido, muy caro y juega un papel clave de visibilidad y legitimación que lucharán con todo para no perder, porque es prácticamente la única contribución –como escribí, cara y para lavarse de la cara– de tal formación política en el desarrollo de México.

El problema no es tener un sistema caro de centros infantiles; el problema es la opacidad y la captura de voluntades y dinero para un proyecto de beneficio apropiado por pocos. Con una negociación ardua de sociedad civil, la Cámara baja abrió la llave de nuevo, para no llevarse con los CENDIs del PT otros servicios imprescindibles para la Primera Infancia.

El punto de encrucijada que hoy tenemos delante es que el U031 está ahora referido como instancia responsable al área de Desarrollo Curricular de la SEP. Cae muy oportuno, porque –por un lado– la Secretaría ha retomado sus propias mejores prácticas, de visitas domiciliarias de un modelo donde el municipio pone el espacio, el estado los materiales y la Federación el agente educativo. En el marco del currículum nuevo para Educación Inicial, que ahora la reforma al Tercero de 2019 reconoce como un derecho, el “Buen Comienzo” incorpora una solución de bajo costo y alto impacto: promotores que se encuentran con las familias en sesiones comunitarias y visitas directas al hogar, donde sensibilizan, comparten buenas prácticas de neurodesarrollo, crianza sensible –háblale por su nombre, mírala a los ojos, no la dejes frente a una pantalla que no es nana, reacciona a su caritas– y registro muy, muy sencillo de su neurodesarrollo. Está probadísimo en la evidencia internacional que para países como el nuestro, con enormes poblaciones de atención, la solución no puede ser tratar de “institucionalizar”, internar a las y los chiquitos de tres para abajo en guarderías y centros, porque no hay dinero que alcance, sino apoyar a madres, padres, abuelos y cuidadores para que sean expertos prácticos en desarrollar la sensibilidad, la coordinación, la inteligencia y la dimensión socioemocional de los más pequeños.

La Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (ENAPI) que hace dos semanas tuvo ya su presentación informal y donde Gobernación, SEP, Salud, DIF y sociedad civil reúnen sus fuerzas e integran soluciones tiene en el U031 un fondo para experimentar los primeros pasos a escala. Pero desde hace semanas los personeros del PT rondan a los funcionarios de Hacienda reclamando que les transfieran, según la arbitraria y depredadora costumbre del pasado, los recursos para manejar sus CENDIs, y si se puede, hasta pagar “por afuerita” mil 200 plazas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.