Territorio y primera infancia
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Territorio y primera infancia

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Territorio y primera infancia

05/09/2019

En época de intenso debate para México, como en la que vivimos, debemos esclarecer de nuevo cuáles son los límites de la autoridad y de la representación, cómo se articula la exigencia de equidad sin autoritarismo político, con su paralelo de exigir libertad sin acumulación depredadora; hay mucho trabajo que hacer sobre los primeros años de vida.

Las políticas compensatorias, con el cúmulo de becas, vales, bonos, transferencias y toda clase de repartos, son remediales. Llegan postfacto, cuando la vulneración ya ocurrió, cuando la marginación ya se produjo, cuando la brecha ya se abrió. La más sólida y potente de las políticas sociales es la atención integral a la Primera Infancia, de cero a cinco años de edad. El reconocimiento de este hecho –que es evidencia pura y dura, que no es ideología, ni un fenómeno con respecto del cual no se pueden tener “otros datos” que no sean simples mentiras- se ha extendido, pero apenas asoma la decisión política para actuar en congruencia con esa verdad.

El nuevo Artículo Tercero constitucional trajo consigo la obligación de que el Ejecutivo federal presente una Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (ENAPI), y en su construcción se van poniendo buenos cimientos. Este 3 y 4 de septiembre se realizó un foro internacional con el título: “Construyendo la política desde el territorio”, convocado por el Sistema Nacional de Protección de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA). Se coincidió en que, justamente, es hora de que las cosas pasen en el terreno, en el territorio, y ya no sólo en los documentos y en los reportes de oficina.

El programa fue variado y enriquecedor: se recapitularon las experiencias de Jamaica –el pionero en la región, de “Chile Crece Contigo” y el “De Cero a Siempre” colombiano, tres programas de coordinación nacional, que involucra a la autoridad local y la integración de educación, salud y desarrollo social. Discutimos en mesas sobre integración de los distintos sectores, sobre el financiamiento, sobre la consolidación del paradigma del “cuidado cariñoso y sensible”.

La presencia de funcionarios nacionales deja compromisos y su palabra empeñada: Esteban Moctezuma confirmó que la construcción de la ENAPI se hará con Salud y todos los aliados, oficiales y de sociedad civil, reunidos en el SIPINNA; Olga Sánchez Cordero dijo que Gobernación será como el juez en ese matrimonio de Salud y Educación; el titular de Coneval ofreció todo el apoyo para la evaluación, la responsable de DIF de la Ciudad de México confirmó el compromiso con un proceso compartido para aterrizar la política pública, la representante de Hacienda recapituló los retos presentados por los especialistas: nos estamos gastando anualmente en las becas universales para media superior 40 mil millones de pesos, con impacto inexistente o contraproducente de equidad o de eficacia para el aprendizaje, mientras que con 25 mil millones de pesos, redireccionados, aseguraríamos atención en centros integrales para los casi dos millones de niñas y niños de cero a cinco que hoy no reciben ninguna atención regular para su desarrollo integral porque no son beneficiarios de ningún programa. Nos gastamos cuatro puntos del PIB en pensiones, con concentraciones importantes en los deciles nueve y 10, asegurando la vida cómoda de adultos mayores privilegiados (como de jóvenes becarios de ese mismo contexto socioeconómico), pero apenas gastamos 0.4 del PIB en servicios, no tan equitativamente distribuidos, para Primera Infancia. Preservar la inequidad o cerrar la brecha; es clarísima la alternativa en política pública.

También se habló de la importancia de tener una encuesta nacional específica para Primera Infancia, construida sobre las lecciones aprendidas de ENSANUT; Sinaloa y Chihuahua presentaron sus primeros pasos de estrategias estatales integrales; lo fundamental que resulta el registro asegurado tras el nacimiento y el seguimiento nominal –niño a niño, con nombre propio y fichas completas- de los hitos de desarrollo, no sólo vacunación y controles de pediatría, sino desarrollo socioemocional y avances de motricidad y cognición.

En la conclusión, se presentó el “Informe de progreso de políticas de Primera Infancia en México”, elaborado por Mexicanos Primero, en la serie de los informes nacionales apoyados por el Diálogo Interamericano. Cuatro mensajes: 1. Niñas y niños (NN) del país requieren del buen gasto y trabajo coordinado de todas las instancias oficiales; 2. Hay un buen avance conceptual en la “Ruta Integral de Atenciones”, pero se necesita concretar en los próximos años; 3. Es apremiante contar con un monitoreo universal, personalizado, del desarrollo integral cada NN para intervenciones oportunas y focalizadas, y 4. Se requiere avanzar en la colaboración y las alianzas, que en México han cobrado una dimensión ya significativa con el Pacto por la Primera Infancia, un colectivo de más de 400 organizaciones de sociedad civil.

Y de nuevo, hay que bajar al territorio. Mientras que las fuerzas partidarias en el Congreso tienen que decidir si vamos a tener leyes secundarias que sean un Acuerdo Educativo o un Arreglo con el dominio sindical, no hay que cejar y redoblar el esfuerzo para que bebés de hoy, queridos y cuidados, impulsados y activados, sean ciudadanos exigentes y críticos que en retrospectiva vean con benevolencia cómo en las primeras décadas del siglo XXI todavía coexistían los últimos estertores del autoritarismo con la democracia que sí gozarán.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.