Candidatos de Mejora
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Candidatos de Mejora

20/06/2019

La Junta de Coordinación Política del Senado, en una muestra de buen juicio, no propuso al Pleno de esa soberanía los nombramientos de los integrantes de la Junta Directiva y del Consejo Técnico del Organismo para la Mejora Continua de la Educación (OMCE), y abrió un nuevo proceso con la perspectiva de concluirlo el 27 o 28 de junio. Conviene que dediquemos un poco a pensar qué debemos esperar de quienes resulten designados.

El Artículo Tercero recién reformado determina, en su fracción IX, la creación de un Sistema Nacional de Mejora Continua de la Educación, coordinado precisamente por un organismo, el OMCE. Aún no tiene un nombre oficial y definitivo, pues eso deberá, a su vez, asentarlo la legislación secundaria, tanto la Ley General de Educación a ajustar en las próximas semanas, como también por la Ley específica del organismo, a ser expedida por el Congreso antes del 11 de noviembre de este año, como lo manda el artículo quinto transitorio de la reforma constitucional mencionada.

El OMCE tiene, pues, sus tareas asignadas en forma general en el Tercero, entre las que destacan hacer las evaluaciones del sistema, determinar indicadores de resultados de la mejora continua de la educación, marcar los criterios que deben cumplir las instancias evaluadoras, proponer mecanismos de coordinación entre las autoridades de la materia, proponer mejoras de objetivos, planes y programas, difundir información relevante. Es el espacio institucional heredero y sucesor del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), y se espera o se aspira a que el acento ya no esté en los procesos o instrumentos, sino propiamente en el efecto final: mejorar.

La “mejora continua” es una expresión que ya se ha empleado durante muchos años en la jerga educativa en México. En lugar de un parámetro exterior y probablemente sin pertinencia, la “mejora continua” implica que las personas y las comunidades puedan revisar sus progresos con referencia a su propia situación anterior. Así, la comparación no estará centrada en una competencia por lugares en un ranking, sino enfocada a una trayectoria personal y grupal que se conecta con la progresividad de los derechos humanos -en este caso, del derecho a la educación con su triple inclusión: estar, aprender, participar.

Lo más rescatable de la expresión es que ahora queda conectada con la complicada y contendida “excelencia”. En el texto constitucional se traduce concretamente en el logro de aprendizaje, el desarrollo del pensamiento crítico y de la participación comunitaria de las niñas, niños y jóvenes en México.

Menuda tarea la del OMCE. Pero así como no hay reforma sin reformistas decididos, ni democracia sin demócratas convencidos, es poco factible que un organismo impulse la mejora si sus integrantes no son constantes, decididos y experimentados promotores de la mejora continua en la educación. Aplicando el fraseo de lo que asienta nuestra Carta Magna para los educadores profesionales, debemos esperar que sean personas con “…los conocimientos, aptitudes y experiencia necesarios para el aprendizaje y el desarrollo integral de los educandos”, pero no para un grupo o una escuela, sino para los al menos 25 millones de educandos y millón doscientos mil maestras, maestros y directivos.

La experticia necesaria no apunta restrictivamente a dominar procesos, pruebas e instrumentos que –si vemos lo que pasó en estos años de autonomía del INEE- ni eran el fuerte de todos los miembros de la Junta ni bastaron para una tarea de mejora sustantiva. No sobra el conocimiento experto, pero lo que debemos buscar es un puñado de mujeres y hombres destacados en marcar rumbo; en establecer una interlocución digna y a al vez empática con personas diversas, desde autoridades encumbradas hasta el colectivo docente de la escuela más pequeña y la familia más novata en los temas escolares; en entender las claves para la implementación, para “bajar” o “traducir” datos, estadísticas, proyecciones y puntajes, que son piezas abstractas, en estrategias, recomendaciones e innovaciones, que son activaciones concretas.

¿Los nuevos y viejos aspirantes tendrán los méritos, el perfil, el talante, los arrestos para entrarle a este reto con aplomo y consistencia? Ya lo veremos. Lo que de entrada hay que lamentar y cuestionar es que la diversidad, desde la paridad de género hasta la amplitud en experiencia de diversos niveles y modalidades estuvo deficientemente representada. Las y los que lleguen tendrán muchas atribuciones, y mucha responsabilidad. Si no hay suficientes candidatos de mejora, lo sensato fue reponer un nuevo ciclo del proceso. Sin suficientes candidatos de mejora, lo digno será una mejora de candidatos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.