Un argumento a favor del cine aburrido
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Un argumento a favor del cine aburrido

COMPARTIR

···
menu-trigger

Un argumento a favor del cine aburrido

30/03/2018

Nada puede convencer a un espectador de que está en un error cuando afirma haberse aburrido en la sala. Es inútil hablar de estilo, de forma, de la calidad en uno u otro apartado de la producción: una película tediosa tiende a percibirse como un experimento fallido.

Aburrirse, sin embargo, es una experiencia enteramente subjetiva, que se usa como argumento solo si partimos desde este equívoco: la finalidad de todo cine es ser un divertimento. Y no solo eso: un divertimento constante. Mi impresión es que como espectadores y críticos debemos desterrar ese adjetivo de nuestro vocabulario, o bien, aprender a utilizarlo o hasta considerar su valía.

He visto grandes películas y series de televisión que, por largos trechos, me parecieron aburridas, si por esa descalificación entendemos algo que no cumple la función de entretenernos, ya sea por medio de la risa, la aventura, la tensión o el miedo.

El cine más bien contemplativo puede llegar a aburrirnos (en el sentido de que no pasa gran cosa), pero eso no le resta mérito a, por ejemplo, el cine más experimental de Gus Van Sant o cintas que se mueven más bien lento como 3-Iron de Kim Ki-duk o Three Times de Hou Hsiao-hsien. Los tramos aburridos, además, pueden ser útiles, incluso en géneros tradicionalmente más cercanos al entretenimiento como la televisión.

El hecho de que en The Americans –a fe mía la mejor serie de la actualidad– ocurran pocas cosas impactantes ayuda a que cuando pasa algo revelador la audiencia lo registre como un hecho memorable (pienso en la gran secuencia en la que Philip por fin le revela su identidad a Martha). Si The Americans tuviera el ritmo frenético de una serie como 24, estas pequeñas sorpresas y giros de tuerca no tendrían la misma fuerza: es la diferencia, digamos, entre escuchar un relámpago a la mitad de una sinfonía de Mozart o a la mitad de un concierto de Megadeth. Sí, The Americans tiene momentos, tramas y hasta capítulos aburridos, pero eso no significa que sean pobres desde un punto de vista narrativo.

Entiendo el uso del adjetivo cuando hablamos de cine claramente comercial, cuyo propósito –uno supone– es funcionar como escaparate y entretenimiento, aunque incluso en una película de superhéroes el aburrimiento o los tramos aburridos pueden operar como la proverbial calma antes de la tormenta.

No obstante, como argumento a prueba de balas contra el cine en general, o como principio rector de la audiencia, el entretenimiento o la falta del mismo son descalificativos francamente fáciles, que no nos dicen gran cosa de lo que vimos en pantalla tanto como apuntan hacia la pereza con la que ese espectador juzga lo que tiene enfrente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.