'Game of Thrones' tiene demasiada prisa
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

'Game of Thrones' tiene demasiada prisa

COMPARTIR

···
menu-trigger

'Game of Thrones' tiene demasiada prisa

10/05/2019
Actualización 10/05/2019 - 15:56

Hace una semana hablé del defecto principal de las últimas dos temporadas de Game of Thrones, las primeras en alejarse de los libros de George R. R. Martin. David Benioff y D. B. Weiss, los creadores detrás de la serie, parecían carecer del ímpetu inclemente que caracteriza a Martin. El cuarto episodio de la última temporada tiene la fortuna de ser el primero de esta tanda en acercarse a la crueldad de las novelas, con sus muertes abruptas, sórdidas, sorprendentes. Y eso es buena noticia.

No obstante, persisten otros problemas. Por ejemplo: la serie aún se desenvuelve con prisa. Los personajes recorren en instantes lo que antes les tomaba capítulos enteros, a menudo impelidos por decisiones inexplicables: Daenerys –hasta hace poco una reina impetuosa pero astuta– deja que la prisa la orille a hacer idioteces a granel. Mucho de lo que vemos parece narrado en cámara rápida: hora y fracción bastan para que cuajen y se disuelvan amistades, alianzas y, sobre todo, romances (a menudo escritos con miel telenovelera). Una serie antes paciente ahora desplaza sus piezas con la urgencia y el descuido de un ajedrecista al que le quedan cinco segundos en el reloj para dar jaque mate.

Quizás el problema tenga que ver con la decisión de transmitir capítulos más largos. Esta apuesta, teóricamente atractiva, ha sido un lastre para GoT. Los escritores perdieron el ritmo al que nos acostumbraron durante siete temporadas. El resultado son capítulos repletos de eventos que la serie generalmente desperdigaría a lo largo de varios episodios. O bien: capítulos centrados alrededor de un tema o evento que no da para 84 minutos (la larga batalla del tres pudo ser más breve; los tediosos reencuentros del dos, también). Es francamente raro que Benioff y Weiss hayan optado por cambiar las reglas de su propio juego a estas alturas del partido. ¿Por qué no se concentraron en darnos dos temporadas de diez episodios? ¿Habrá sido una bronca presupuestal? Sólo sé que fue un error.

La prisa resultante empobrece lo que podrían haber sido giros de tuerca sorpresivos y consistentes con el tono de la serie, como un asesinato que ocurre en alta mar. El momento sacude, claro, pero parece planeado al aventón, por no decir similar a la muerte de un personaje casi idéntico en la temporada anterior. Se trata, por cierto, de personajes supuestamente poderosísimos, a quienes los villanos despachan como si fueran moscas. No me sorprende. Cuando hay prisa lo primero que tiende a irse por la borda es el ingenio y la lógica interna. GoT ya no se mueve a su propio ritmo sino al que Weiss y Benioff le imponen. Malas noticias.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.