Rotoscopio

'Game of Thrones': señales preocupantes

La saga cada vez se parece más a las películas de Peter Jackson, en las que la mayoría de los humanos son nobles y el mal está allá afuera.

Era inevitable que Game of Thrones nos diera un capítulo como el que vimos el domingo pasado: la calma antes de la tormenta; una serie de reuniones y reencuentros que más bien tienen sabor a despedida. Muchos de estos momentos, entre personajes que quizás no vuelvan a compartir techo, fueron conmovedores y catárticos: la confrontación entre Jaime Lannister y la gente a la que le hizo daño; la escena en la que Lady Brienne es convertida en caballero; Jon Snow soltándole la sopa a Daenerys. La pluma del guionista Bryan Cogman es versátil, capaz de hacer reír y llorar en la misma secuencia. La historia se mueve lento, pero eso no me inquieta. Game of Thrones, raro en ella, ha empezado a empalagarme.

Salvo por el contenido clasificación C, los preparativos antes de la batalla me remitieron a lo que ocurre en The Return of the King y, sobre todo, antes de Helm's Deep en The Two Towers: llegan aliados sorpresivos, niños que quieren poner su granito de arena y un montaje con una canción a capela de fondo le imprime lirismo a la guerra. Estas similitudes con The Lord of the Rings no son coincidencia. Desde que la serie rebasó a los libros, Game of Thrones cada vez se parece más a las películas de Peter Jackson, en las que la mayoría de los humanos son nobles y el mal está allá afuera, encarnado por criaturas que solo quieren ver al mundo arder. Una serie que mataba y maltrataba a nuestros personajes predilectos, ahora se dedica a reconfortarnos: salvo Cersei, todos pueden redimirse; la gente abyecta cambia de parecer; las amenazas globales tienen la capacidad de unir razas, bandos y religiones. Estamos a una escena de que los Lannister canten Kumbayá.

No me sorprendería que en el siguiente capítulo fallezcan un montón de personajes tangenciales, como hizo J.K. Rowling en la última batalla de Harry Potter (¡No!, ¡se murió uno de los gemelos pelirrojos!). Espero equivocarme. Game of Thrones puede ser el primer producto masivo de fantasía inclemente. Así fue durante cinco o seis temporadas. Ojalá no cedan a la tentación de darnos gusto. Y si eso queremos de un programa históricamente sórdido como este, quizás vale la pena preguntarnos por qué necesitamos que nos reconforte.

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