'Game of Thrones' da en el blanco
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'Game of Thrones' da en el blanco

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'Game of Thrones' da en el blanco

17/05/2019

A un capítulo de terminar Game of Thrones, hablemos de lo que sigue sin funcionar en la octava temporada. Como ya expliqué, reducir el número de episodios ha provocado todo tipo de broncas. Tramas, cambios de parecer y decisiones que antes se incubaban pacientemente, se detonan ahora con veloces justificaciones. Pienso, claro, en la transformación de Daenerys, pero también en la media vuelta de Arya, a unos pasos de cumplir su objetivo. Los momentos quizás concuerdan con el alma de los personajes, pero parecen apresurados. La solución era sencilla: mantener temporadas de diez episodios y dejar que los hilos se desenredaran poco a poco. La serie sufre de premura crónica y eso, me temo, no se va a solucionar en el último episodio.

Aunque me hubiera gustado llegar al quinto capítulo con más calma, lo que vi el domingo redime muchas de las fallas que GoT acarreaba durante esta temporada. Mi inquietud principal era que la serie se decantara por un final limpiecito. El episodio del domingo cortó de tajo esa posibilidad. Al convertir a Daenerys en una invasora que asesina a inocentes, GoT les dio la espalda a tantas otras obras de fantasía cuyos desenlaces se aferran a la redención y la cursilería. La serie no podía –o no debía– culminar de otra forma. Hubiera sido una traición al mundo que ha planteado, poblado por dragones y hechiceros, sí, pero también por seres humanos falibles.

Ninguna serie que deseara mostrar la crueldad humana podía rehuir un final como este, y menos estando en juego el poder, el gran catalizador de nuestra vileza. Daenerys hizo lo que hizo por sentirse traicionada, abandonada por medio mundo y no apreciada, a pesar de que ella, sus “hijos” y su ejército son quienes han tenido que sacrificarse. Su transformación la aleja del molde de heroína y la convierte en una figura trágica, cuya decisión será discutida por años. ¿Y no queremos eso de un programa como GoT? ¿No solo tragedia, sino polémica? La serie le fue fiel a su esencia. El problema no es el mundo en el que vivamos. El problema, aquí o en Westeros, siempre será la naturaleza humana: contradictoria, débil y ajena a finales felices. ¿No me creen? Apaguen la tele. Abran un periódico. Asómense allá afuera.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.