'Fleabag': televisión de primer nivel
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'Fleabag': televisión de primer nivel

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'Fleabag': televisión de primer nivel

14/06/2019
Actualización 14/06/2019 - 15:21

De las series de televisión centradas mayormente alrededor de un solo personaje –Louie, Better Things, Master of None–, Fleabag es la mejor. Pese a ser la más escueta también es la que cala más hondo.

La trama gira en torno al personaje titular, interpretado magistralmente por la también escritora de la serie, Phoebe Waller-Bridge. Fleabag es una chica promiscua cuya irreverencia y sentido del humor enmascaran dos tragedias que el espectador descubre conforme los capítulos avanzan. Que yo recuerde hay pocas (¿o ninguna?) escenas en las que Fleabag no aparezca, pero eso no implica que el elenco sea escaso. La protagonista tiene relaciones –espinosas, enmarañadas– con novios, pretendientes, amigos y familia, formando un tapiz sobre temas variopintos: la deriva laboral y existencial que llega junto con la adultez; los síntomas de la culpa; la paradójica soledad que corroe a quienes viven en las grandes urbes; las diversas manifestaciones del empoderamiento femenino, y mucho más.

A pesar de su irreverencia –y, cabe recalcar, pocos programas se atreven a ir adonde Fleabag va–, la mirada de Waller-Bridge es compasiva e incluso conmovedora. Y su segunda temporada es aún mejor que la primera.

La segunda tanda de episodios es concisa. El elenco parece reducido y los problemas a enfrentar son sólo dos: el matrimonio que se avecina entre el padre de Fleabag y su viperina madrastra (una sensacional Olivia Colman) y, sobre todo, el incipiente romance de la chica titular con un padrecito, interpretado con vigor y dulzura por Andrew Scott. El flirteo resultante es la mejor comedia romántica de la década: una historia de amor imposible, pero repleta –de veras repleta– de momentos hilarantes y cálidos (ayuda, claro, que Scott y Waller-Bridge logran una química atómica).

Si bien es una de mis series favoritas, mi impresión es que Louie, por poner un ejemplo, tropezó al adoptar un tono didáctico, colocando el mensaje por encima de la narrativa, como en el episodio en el que Louie sale con una chica con sobrepeso. Fleabag tiene mucho que decir, pero el discurso jamás entra con calzador, ni siquiera en largas conversaciones o digresiones como las que la protagonista sostiene con Kristin Scott Thomas, quien también se luce.

Atrevida formalmente y con enorme corazón, Fleabag es, junto con Chernobyl, lo mejor que ha salido en tele este año.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.