'Dumbo' y los extraños tropiezos de Burton
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'Dumbo' y los extraños tropiezos de Burton

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'Dumbo' y los extraños tropiezos de Burton

05/04/2019

La premisa de Dumbo debería bastar para salir del cine hecho un mar de lágrimas. Los ingredientes para conmover están ahí. Un elefantito, con la mala fortuna de haber nacido con un par de orejas gigantes que le permiten volar, es separado de su madre. Para volver a su lado, el pequeño paquidermo volador se verá en la necesidad de usar su don, en espectáculos denigrantes, hasta finalmente reencontrarse con su mamá. Hace falta una mano torpe para que una fábula de esta índole te deje frío, pero Dumbo lo consigue. Lo curioso es que su director sea Tim Burton, que antes había demostrado destreza al abordar fantasías sacarinas. Y, si no me creen, vuelvan a los últimos minutos de Big Fish.

Desde el arranque, Dumbo sufre de irregularidad crónica. La aridez de Holt (Colin Farrell) no va con las actuaciones estentóreas de Danny DeVito, como Max Medici, el dueño del primer circo donde se presenta Dumbo, y de Michael Keaton como Vandevere, el empresario que compra al elefantito para usarlo en su versión de Disneylandia. Big Fish también contrasta el mundo de caramelo del protagonista con la realidad en la que él, de viejo, muere de cáncer frente a su hijo (interpretado por Billy Crudup). Pero en Dumbo no hay barrera entre lo ilusorio y lo real, y eso provoca una atmósfera inconsistente. El problema incluso infecta al diseño de la cinta y sus criaturas. Dumbo es una creación caricaturesca, de rasgos e intelecto antropomorfo, aunque su madre y el resto de los elefantes se vean y se comporten como auténticos paquidermos.

La estrechez de la historia va a contracorriente del estilo actual de Burton, cuyos cuadros y secuencias a menudo se ven abigarrados y barrocos. Su imaginación ha dejado la calidad y la precisión para darse al exceso. La víctima de tanta faramalla es el corazón de la cinta, cuyo modesto punto de partida se presta para una película concisa y conmovedora como, por ejemplo, Pete’s Dragon. No es el caso. Dumbo es un tropiezo extraño. Un director idiosincrático que durante años nos dio un cine coherente en estética y tono ahora entrega una cinta que falla justo donde Burton no erraba.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.