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'22 July': la tragedia convertida en entretenimiento

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'22 July': la tragedia convertida en entretenimiento

26/10/2018
Actualización 25/10/2018 - 22:12

One of Us, escrito por Asne Seierstad, relata la vida de Anders Behring Breivik, antes y después de que asesinara a 77 personas, la mayoría de ellos adolescentes, en la isla de Utoya en Noruega, el 22 de julio de 2011. A través de Breivik –un tipo complejísimo, obsesionado desde la infancia con pertenecer y ser respetado–, Seierstad dibuja un magistral retrato de un país incapaz de prever y castigar a un sicópata de este calibre. A pesar de las descripciones explícitas de la masacre, la narración jamás es sensacionalista. Si en las páginas anteriores conocimos a Breivik, después del crimen es imposible no verlo como un asesino repudiable.

22 July, basada en este libro y escrita y dirigida por Paul Greengrass, es todo lo contrario a One of Us, en parte porque el cine es una mala herramienta biográfica: la cámara percibe pero no explica. Interpretado por Anders Danielsen Lie, magnífico en las películas de Joachim Trier, el Breivik de Greengrass no tiene los fascinantes matices ni el contexto que Seierstad incorpora. Al asesino, 22 July le hace el favor de condensarlo en una máquina de matar: recio, astuto y, por momentos, hasta genial. Lie intenta sumarle capas a su personaje. Advertimos cómo su Breivik contiene sentimientos, ideas, conjeturas, pero nunca sabemos qué son. Es como si solo el actor hubiera leído One of Us.

Greengrass, un director dedicado a la recreación dizque realista de hechos violentos, obliga a su elenco noruego a hablar inglés, exacerbando así la sensación de que estamos frente a un montaje hollywoodense. Después de la masacre viene un drama leguleyo que avanza a trompicones entre el melodrama y el cliché: un repaso carente de hallazgos. Aunque gran parte de la narrativa aborda la irresponsabilidad que implica darle un micrófono a Breivik, al final Greengrass le cede la última palabra. La contradicción encapsula las muchas formas en que 22 July fracasa. La fórmula de Greengrass convierte la tragedia en entretenimiento, a un asesino patético en un carismático villano. Desde la cárcel, imagino, Breivik debe estar sonriendo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.