Confidencial

A propósito de las mayorías y las ‘aberraciones históricas’

“Nunca usé como argumento la mayoría, es el peor de los argumentos, el verdadero argumento es la razón”, respondió la senadora priista Beatriz Paredes a legislador morenista.

Los morenistas y aliados ya parecen disco rayado con eso de que se hará aquello “por lo que votó la mayoría”. Ayer en el Senado fue turno del legislador guinda Israel Zamora, quien alegó el respeto a la voluntad de la mayoría expresada en las urnas. En respuesta, la senadora priista Beatriz Paredes le señaló que, quizá por la juventud del morenista, no sabe que en los 30 años que ella estuvo en la mayoría, “nunca usé como argumento la mayoría, es el peor de los argumentos, el verdadero argumento es la razón”. Y advirtió: “Cuando las mayorías no tienen razón suceden aberraciones históricas; esperemos que no estemos ante esos hechos”.

De vuelta al Senado

Entre besos, abrazos y apapachos, y sobre todo muchas solicitudes de selfies, regresó Xóchitl Gálvez al Senado para volver a ocupar su escaño. La ahora excandidata presidencial de la oposición sostuvo una reunión sobre la reforma al Poder Judicial, pues –adelantó– alista la presentación de una propuesta que sea responsable y que mejore la justicia para los mexicanos y, sobre todo, proteja la división de poderes. Aunque todo sea testimonial.

La embestida contra el rector

Vaya ataques se han presentado contra el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí, por el hecho de que la Rectoría de la UNAM se deslindó de un trabajo del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) sobre la reforma judicial. Pocos se han preguntado si la publicación no violó acuerdos previos, ni si la calidad de los trabajos en el volumen que se publicó son homogéneos. Algunos, por cierto, opuestos a la reforma, son de altísima calidad, pero otros son opiniones al vuelo. De eso podrá comentar la directora del instituto, Mónica González Contró. Ella sabrá. Pero, si las cosas siguen su curso, en agosto habrá un evento amplio, preparado con antelación y organizado por el IIJ y la Facultad de Derecho sobre el tema, donde no hay conclusiones anticipadas. Pero, ni modo, en estos tiempos de encono, encontrar el equilibrio entre las descalificaciones de los dos extremos parece casi imposible.

Más ‘santos óleos’ al PRD

Al quitarse por fin el chaleco antibalas que usó en campaña para reelegirse en su estado, el coordinador del PRD en la Cámara de Diputados, el michoacano Francisco Huacus, no se anduvo por las ramas, aplicó más ‘santos óleos’ a su partido y reconoció: “Hay que admitir que ya no tenemos registro” en el sol azteca. Enseguida matizó que “seguimos en la batalla jurídica por no perder el registro, buscando la nulidad de algunas casillas”, pero “hay que admitir que se debe consolidar una nueva ruta política, hacia donde tomaremos rumbo”. Y precisó: “El PRD duró 35 años y hoy debemos dar paso a las nuevas generaciones, a cuadros jóvenes para regresar a las causas que fundaron y dieron vida al PRD”. La dura realidad amarilla.

Entrega-recepción

Al exsecretario de Gobernación y también excorcholata presidencial, Adán Augusto López Hernández, quien se perfila como el nuevo líder de la bancada de Morena en el Senado a partir de septiembre, ayer se le vio por los pasillos de la Cámara alta, donde sostuvo reuniones para ver lo de la entrega-recepción, pues se prevé que, al ser el líder de la mayoría, también presida la Junta de Coordinación Política, que actualmente ocupa Ricardo Monreal.

Batres se ‘engalla’ con sus críticos

En un acto público en Coyoacán –alcaldía que refrendó la oposición en las pasadas elecciones–, el jefe de Gobierno, Martí Batres, fue interrumpido por algunos gritos de “¡fuera!, ¡vendido!”. Sonriente, el mandatario morenista entusiasmó a sus seguidores –que buscaban opacar los abucheos– cuando señaló a los inconformes: “Yo vine aquí a hablar del agua, pero entiendo bien que todavía hay algunos que no se curan las heridas de hace dos semanas. Les doy un abrazo fuerte, los abrazo, ya se recuperarán… Pero mientras, vamos a avanzar –y comenzó a gritar fuerte en modo de advertencia–, ¡no nos vamos a detener!, ¡nada nos va a detener!”. Los aplausos finalmente ahogaron las rechiflas.

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