Una nueva expropiación
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Una nueva expropiación

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Una nueva expropiación

10/01/2019
Manuel Velasco Coello
Colaborador invitado

“Por su trascendencia histórica, el esfuerzo emprendido por el Presidente de la República podría compararse con la expropiación petrolera de 1938, pues ahora como entonces se rescata para la nación un patrimonio de todos los mexicanos”

El combate al robo de combustible es una contundente decisión de recuperar un patrimonio de todos los mexicanos, con un valor de hasta 60 mil millones de pesos, que podrían financiar más programas de desarrollo.

El huachicoleo fue un delito silencioso que, por muchos años, creció exponencialmente y que, al ser combatido, restituirá incluso una mayor recaudación de ingresos tributarios a través del IEPS.

Este delicado asunto, que pasaba desapercibido para la opinión pública nacional, tuvo un registro promedio de 787 pipas de 15 mil litros cada una, robadas diariamente –llegando incluso a más de mil 300 pipas robadas al día– y la cifra de tomas clandestinas en los ductos de Petróleos Mexicanos ascendió a más de cinco mil, aunque la cifra podría alcanzar hasta ocho mil.

La voluntad del nuevo gobierno puso un alto a las pérdidas económicas para el país que, en los últimos 18 años, se multiplicaron de 12 mil millones de pesos, en 2006, a 30 mil mdp en 2012, y 60 mil mdp en 2018.

El daño colateral por la ordeña de ductos de Petróleos Mexicanos, que creció en un 61% para 2017, registró 568 derrames de combustible en cultivos y mantos acuíferos que generaron un grave daño ecológico y a la actividad agrícola.

Estrategia que funciona

Es imperativo que la estrategia de combate al robo de combustible continúe, pues ha funcionado: tras la puesta en marcha del plan anunciado por el Gobierno de la República, de mil pipas que llegaron a ser hurtadas al día, el pasado 7 de enero se registró una cifra histórica: tan solo 27 pipas robadas.

Hasta ahora, el ahorro que el plan contra el huachicoleo ha generado es de 2 mil 500 millones de pesos.

Sólo para darse una idea: el total de los recursos que pudieran recuperarse atacando el robo de combustibles en el país, equivale al 40% de producción de una nueva refinería, al presupuesto de la UNAM, al 60% de lo destinado a la pensión para adultos mayores y a 60 veces la inversión en 100 nuevas universidades.

A todos los mexicanos nos conviene que la lucha contra el robo de combustible sea exitosa en el corto, mediano y largo plazo, ya que representaría recursos adicionales para implementar más proyectos de inversión, aunque lo más significativo sería el fortalecimiento de la autoridad sobre un ilícito que estaba desafiando a toda la nación.

Al colocarla como una de sus prioridades al inicio de la nueva gestión, y de mantenerse firme en la determinación de ir con todo contra el huachicoleo, esta lucha que inició con el Año Nuevo podría significar la punta de lanza para enfrentar con éxito otros desafíos de gran magnitud que están en el horizonte nacional.

Ni zozobra ni pánico

Es de vital importancia cerrar filas y respaldar el combate a este delito denunciándolo, evitando caer en el juego del miedo y, sobre todo, no caer en las compras de pánico. Las autoridades merecen un voto de confianza, pues en ello México va a ganar más con el cambio que seguir igual.

El esfuerzo institucional es monumental: implica mover más de cinco mil pipas para distribuir combustibles a diferentes puntos del territorio nacional.

En ese camino, es destacable reconocer a los más de cuatro mil elementos de las Fuerzas Armadas que salvaguardan las principales instalaciones de Pemex y custodian el traslado de los autotanques, además de una labor coordinada de 15 dependencias de gobierno para frenar el robo de combustible.

No es exagerado comparar el reto actual con el boicot internacional que se dio tras la expropiación petrolera del presidente Lázaro Cárdenas, pues implementar un nuevo sistema de distribución de combustibles es una labor titánica de similares dimensiones, como los que México emprendió para crear la industria petrolera nacional.

Por su trascendencia histórica, el esfuerzo emprendido por el Presidente de la República podría compararse con la expropiación petrolera de 1938, pues ahora como entonces se rescata para la nación un patrimonio de todos los mexicanos.

Es momento de seguir dando pasos hacia adelante. Lo que no podemos permitirnos es seguir igual. Nadie dijo que iba a ser fácil, pero vale la pena no detenernos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.