Salario mínimo: todavía no es suficiente
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Salario mínimo: todavía no es suficiente

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Salario mínimo: todavía no es suficiente

04/12/2019

Por Antonio Azuela, Ricardo Becerra, Salomón Chertorivski, Enrique Provencio y Ariel Rodríguez Kuri, quienes formaron parte del grupo especial que elaboró el estudio para la recuperación de los salarios mínimos integrado por el gobierno de la Ciudad de México, en 2014.

Poco a poco, el salario mínimo ha recuperado su importancia, lo mismo en el debate público que en las decisiones de política económica de nuestro país. Qué bueno que así sea. El aumento de hace un año lo llevó a 102.8 pesos en todo el país (también se decidió un incremento de 100 por ciento para los salarios mínimos en la frontera, pero esa es otra historia). El hecho es que esos aumentos representaron un cambio drástico en el monto de los mínimos cuya trayectoria había estado artificialmente deprimida por más de 35 años. No obstante esa buena noticia, no hemos conocido aún el planteamiento más general de política coherente que sostenga la recuperación en el mediano plazo. Por ello queremos exponer lo siguiente:

1. No se debe perder de vista la definición crucial que orientó el aumento a los salarios mínimos el año pasado: que su valor no puede ser, nunca, menor al de dos canastas alimentarias (medidas por CONEVAL). En otras palabras, aquel que trabaja honestamente y en la legalidad, no puede quedar en la pobreza extrema. Este es el principio de la recuperación, al que México ya no puede renunciar.

2. No obstante, se trata de un piso que de ningún modo colma la obligación constitucional (artículo 123). Es cierto que en las circunstancias actuales resulta difícil que el aumento al salario mínimo alcance —de súbito— los 207 pesos que exigiría hoy nuestra Constitución (para sostener dignamente a dos personas) pero al menos, esa cantidad debería constituir el horizonte en el mediano plazo. Esto quiere decir que necesitamos de una política sostenida en el tiempo, prudente e incremental que nos acerque progresivamente a ese objetivo deseable.

3. Quedó demostrado que el incremento de 14 pesos fue asimilado por la economía mexicana pero hay que seguir avanzando, procurando que el salario mínimo este cada vez más cerca ya no de la canasta alimentaria, sino de la canasta de bienestar (ampliada). Un nuevo aumento de 14 pesos este mismo diciembre es absolutamente viable, y ya no bajo la forma de un “monto aparte” sino de modo directo, dentro del mismo sueldo devengado. Insistimos en el monto de 14 pesos porque no es arbitrario, porque ya es un precedente jurídico y porque la economía ya demostró que puede asimilarlo sin ningún problema.

4. En medio, el Poder Legislativo tiene una obligación de la mayor importancia: despejar las dudas y de una vez por todas culminar el proceso de desindexación en toda ley o reglamento que vincule cualquier precio al salario mínimo. Entendámonos: si el salario mínimo pudo vivir un incremento histórico en diciembre pasado, fue precisamente porque se había desindexado. Volverlo a atar a cualquier otra referencia, es condenar a los salarios (no sólo a los mínimos) a una nueva era de estancamiento.

5. Las autoridades deben monitorear cuidadosamente la evolución del salario. Y mientras más crezcan los salarios mínimos más impactos tendrá en el futuro, incluyendo un crecimiento en la demanda interna que tanta falta hace a nuestro país. La experiencia en el 2019 muestra que aún en un año de muy baja inflación, el salario mínimo fue rebasado por el aumento de los precios en los alimentos. De tal suerte que una revisión anual parece insuficiente. Por eso proponemos que la CONASAMI establezca la rutina institucional de reunirse en pleno dos veces al año, para que en junio pueda evaluar un nuevo incremento de 14 pesos, analizando seriamente el conjunto de variables para evitar rezagos o distorsiones que eventualmente se presenten en el camino de la recuperación.

6. Para ello, la CONASAMI debe fortalecer su esquema de consulta y representación, abrirse y escuchar voces distintas, menos petrificadas en esas visiones que, precisamente, anclaron al salario durante décadas y que hoy siguen dominando al pleno de representantes. Al mismo tiempo es obligado fortalecer su rigor técnico-económico y ensanchar las condiciones de transparencia de sus deliberaciones y su labor en general.

El aumento salarial es una medida que ayudará al crecimiento de la economía si se hace bien, en orden, entendiendo que no se puede vencer un rezago de treinta y cinco años en el lapso de doce meses, pero entendiendo también que es un proceso que ya no puede ni debe detenerse.

Una decisión sin fundamento ni horizonte claro —hecha por precipitación (demasiado alta) o por anquilosamiento (demasiado baja)— puede dar al traste con este que es, el principal cambio de política económica ocurrido en esta administración.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.