¿Qué le pasa a la bolsa?
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¿Qué le pasa a la bolsa?

17/01/2020

Nuestro mercado de valores, en particular el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) ha tenido un mal desempeño en los últimos años. A diferencia de los principales mercados accionarios del mundo, donde se observaron ganancias de doble dígito en el 2019, el IPC tuvo un rendimiento de tan sólo el 3 por ciento. En los últimos cinco años el rendimiento asciende a 3.3 por ciento, y en los últimos tres el rendimiento ha sido negativo, arrojando una pérdida en su valor de mercado de 4.7 por ciento. En contraste, el S&P 500 obtuvo un incremento de 28.7 por ciento el último año, y del 2015 a la fecha liga un rendimiento del 56 por ciento. La Bolsa Mexicana de Valores ha generado una rentabilidad muy baja al inversionista en los últimos años. Con esto en mente, vale la pena analizar las razones detrás de este comportamiento, y más importante qué se espera para los siguientes años.

Comenzando por las valuaciones, consideramos que el IPC se encuentra castigado. Al comparar los diferentes múltiplos de valuación contra su propia historia y contra otros mercados emergentes, pareciera que la Bolsa Mexicana de Valores es una oportunidad en términos de precio. Sus múltiplos se encuentran debajo de sus promedios históricos de los últimos años, y también resultan ser inferiores al compararlos contra otras bolsas latinoamericanas y asiáticas. Sin embargo, y a pesar de que observamos valuaciones bajas, y algunos múltiplos no se habían visto desde la crisis del 2008, los bajos precios no han sido suficientes para detonar un mayor apetito por estos activos –considerados de riesgo– por inversionistas locales y extranjeros. El riesgo país ha sido una de las razones frecuentemente citadas. Los grandes inversionistas no saben qué esperar de la nueva administración. Las constantes iniciativas que han surgido en ambas cámaras han sido sumamente disruptivas, y aunque ninguna ha progresado, siguen minando el ánimo de los inversionistas. Si bien se reconocen claras oportunidades de inversión, la incertidumbre ha frenado las compras por este tipo de activos.

La segunda razón es el débil desempeño de la economía. En el 2019 la economía se estancó y para este año y el siguiente, creceremos por debajo del potencial de la economía. Las empresas necesitan observar una reactivación de varios sectores dentro de la economía para poder tener mayores ingresos y a la postre más utilidades. Es natural, que se paguen múltiplos menores ante una expectativa más débil de generación de utilidades.

Adicionalmente, es un hecho que las elevadas tasas de interés acaban por desincentivar el atractivo de estos activos. Generalmente a tasas más altas se le exige a la renta variable un mayor retorno por riesgo. Con ello, considerando que la tasa de referencia se encuentra en 7.25 por ciento el rendimiento que exigirá el inversionista para invertir en la bolsa acabará siendo mayor, y dado el entorno actual es difícil obtenerlo. Por otro lado, al evaluar las tasas y compararlas contra las valuaciones de nuestro mercado accionario, pareciera que la bolsa luce cara. El inverso de la tasa es un buen parámetro para medir qué tan caro o barato se encuentra el mercado de valores, y dados estos niveles de tasa, la bolsa no parece ser una oportunidad. Ambas valuaciones –tanto de las tasas como de la bolsa– son semejantes, y el inversionista difícilmente querrá asumir un mayor riesgo si decide invertir en la bolsa.

Es así que, a pesar de valuaciones que podemos considerar como atractivas, el entorno actual pareciera no propiciar un mayor apetito por estos activos. Estos niveles de precio no han sido un catalizador para aumentar las posiciones direccionales de los inversionistas. Aún y a pesar de que la expectativa es que las tasas mantengan este año una trayectoria de baja, será indispensable ofrecer certidumbre en el panorama, para poder ver al IPC alcanzar su máximo histórico observado el 17 de julio del 2017 en 51 mil 772 puntos. Mientras tanto, el inversionista seguirá siendo cauto. Las acciones que están baratas pudieran seguir así.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.