Por el reforzamiento social en los condominios
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Por el reforzamiento social en los condominios

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Por el reforzamiento social en los condominios

08/02/2018
Actualización 07/02/2018 - 23:39
Patricia Gómez Chávez - Procuradora Social de la CDMX

Hasta el 19 de septiembre de 2017, habíamos olvidado la importancia que tiene vivir en condominio cuando después del sismo que sacudió a la Ciudad de México surgió la necesidad de la reconstrucción tanto para los gobiernos como para los ciudadanos. Después de las 13:14 horas del 19-11, las palabras solidaridad, ayuda mutua, corresponsabilidad, fraternidad, entre otras más, invadieron las noticias y no faltaron entre las pláticas de vecinos y vecinas los ofrecimientos de ayuda después de la crisis. No obstante, a casi cinco meses de la desgracia, ¿será que todo esto se nos empieza a olvidar, o más bien solemos actuar fraternal y solidariamente únicamente de manera instintiva ante el desastre? Lo más importante: ¿acaso nuestro raciocinio no debería obligarnos a prever situaciones similares en el futuro?

Al comprar una casa o un departamento, poco sabíamos lo que significaba que nuestras paredes, nuestro techo o nuestro terreno pertenezcan pro – indiviso también a otro sujeto; esta poca conciencia sobre la corresponsabilidad de coexistir y convivir con otros en un mismo espacio, se suma al casi nulo estudio que nuestras universidades han brindado al tema de la propiedad en condominio en México, a la carencia de juzgadores especializados en la atención de la problemática condominal, y a la propia conceptualización de la propiedad en condominio que se ve reflejada en los criterios administrativos y presupuestales que han evitado mantener, mejorar y brindar servicios públicos o recursos a unidades habitacionales y condominios, bajo el argumento de ser propiedades privadas. Lo anterior queda de manifiesto en la desigual regulación que existe en el país sobre el tema, pues mientras en algunos estados se cuenta con disposiciones específicas en la materia, en muchos otros no la hay. De tal suerte que no es lo mismo ser condómino en la Ciudad de México que ser condómino en Ecatepec, Monterrey o Cancún.

En suma, a la luz del derecho internacional comparado, la legislación que regula el régimen de propiedad en condominio en México se encuentra rezagada y cada día que pasa se vuelve más urgente su actualización ante el crecimiento exponencial de las ciudades, las exigencias del desarrollo urbano y las demandas ciudadanas ante nuevas necesidades como las impuestas por la coyuntura del 19 de septiembre.

Es así que algunos desconocíamos que nuestro modo de vida y nuestro patrimonio se encuentran regulados por una ley específica, que determina los derechos a exigir ante una colectividad de vecinos, pero también impone obligaciones a todos los que habitamos en un condominio o en una unidad habitacional. La Ley de Propiedad en Condominio de Inmuebles para el Distrito Federal establece en su artículo 9 fracción VIII la obligación de los condóminos de contratar pólizas de seguro contra terremoto, inundación, explosión, incendio y con cobertura contra daños a terceros; así como integrar sus comités de seguridad y protección civil al interior de los condominios y elaborar un Programa Interno de Protección Civil; pero además y no menos importante contribuir al mantenimiento de su propiedad.

La propiedad en condominio ha sido campo fértil para los conflictos vecinales, y todo comienza desde que, felizmente, compramos nuestro departamento, pues desconocemos que la propiedad que adquirimos se encuentra vinculada con el ejercicio del derecho de otro condómino sobre áreas que son de uso común. Si bien el concepto de propiedad en condominio nos dice que hay un derecho de propiedad absoluto y exclusivo sobre nuestra unidad de propiedad privativa, lo cierto es que se ha demostrado la necesidad de establecer límites a este principio, reprobando actos que realizados en el ejercicio de este derecho puedan perjudicar a otro.

Las problemáticas comunes que conlleva vivir en un condominio o unidad habitacional, tales como el uso de los espacios y áreas comunes o la tenencia de mascotas, sólo por poner un ejemplo, aunque no han pasado a un segundo plano, sí se encuentran por debajo de situaciones que después de la coyuntura del 19 de septiembre exigen especial atención como lo son: el deterioro y el abandono de las áreas comunes, escaleras, balcones, falta de mantenimiento a sistemas hidráulicos o de electricidad de condominios y unidades habitacionales, todo lo cual ponen en riesgo latente la tranquilidad y seguridad de los residentes de este tipo de inmuebles.

De esta manera, la reconstrucción de la Ciudad de México no puede ser posible sin la corresponsabilidad entre gobiernos y ciudadanía. Por un lado, no es posible seguir dejando en el abandono el mantenimiento de nuestras viviendas; es necesario involucrarnos y participar en la toma de decisiones que nos atañen como condóminos, al tiempo de generar una nueva cultura de la protección civil en nuestros hogares. Por el otro, indudablemente, en el caso de la propiedad en condominio es necesario impulsar su reforzamiento social en la capital mediante el cimiento jurídico y social que representan las asambleas de condóminos, como el mecanismo legal y legítimo para la toma y ejecución de las decisiones que busquen la reconstrucción y reparación de los inmuebles afectados por el sismo del 19 de septiembre.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.