Políticas monetarias y financieras para enfrentar las consecuencias económicas de Covid-19
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Políticas monetarias y financieras para enfrentar las consecuencias económicas de Covid-19

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Políticas monetarias y financieras para enfrentar las consecuencias económicas de Covid-19

19/05/2020

Por Alberto Ortiz Bolaños

La pandemia del Covid-19, con más de 4.5 millones de casos confirmados y 300 mil defunciones, está teniendo efectos devastadores alrededor del mundo. La amenaza de la enfermedad causada por el virus SARS CoV2 y la preocupación de que los requerimientos de salud desbordaran la capacidad instalada, a pesar de mayores gastos en salud, hicieron que muchos países introdujeran medidas preventivas que incluyen el distanciamiento social, la suspensión de actividades no esenciales, restricciones de viaje, cierre de fronteras, cuarentenas e incluso toques de queda.

Las actividades económicas de mercado se han visto severamente deprimidas por la concurrencia de choques negativos de oferta y demanda. Uno de los mayores retos es evitar que el choque temporal de oferta se vuelva en uno permanente si se trastocan las relaciones productivas entre empresas y de empresas con trabajadores. Algunos países enfrentan retos adicionales al tener un número importante de la población viviendo en niveles cercanos a la subsistencia y sin activos líquidos, lo que limita su capacidad de quedarse en casa sin obtener ingresos.

Las autoridades fiscales han implementado, con distinta frecuencia y profundidad, políticas de apoyo que incluyen transferencias, créditos, subsidios y diferimientos y exenciones de impuesto al valor agregado, impuesto sobre la renta y contribuciones al sistema de seguridad social. Algunos países cuentan con mecanismos fiscales contracíclicos como el seguro de desempleo y reglas fiscales que toman en cuenta el nivel de endeudamiento y la fase del ciclo económico para la fijación de gasto e impuestos y la acumulación de deuda. Sin embargo, es importante notar que los países están enfrentando al Covid-19 desde posiciones financieras distintas que condiciona su capacidad de implementar políticas fiscales en apoyo generalizado o de grupos de la población seleccionados.

Las autoridades monetarias han respondido enérgicamente para reducir el costo del dinero. Desde febrero de 2020, 116 de 186 países analizados han reducido sus tasas de interés de política monetaria, 1% en promedio. La gráfica muestra las tasas de interés reales esperadas que se construyen como la tasa de interés nominal menos la inflación esperada. Una tasa de interés real negativa implica que el rendimiento de los ahorros, al estar por debajo de la inflación, no permite conservar el valor del dinero en el tiempo. Al 15 de mayo, 80 países tienen tasas de interés reales esperadas negativas de 7.09 por ciento en promedio y con una mediana de -1.14 por ciento. Tomando los 59 países con tasas reales negativas de entre 2.5 y 0.0 por ciento, para evitar el sesgo de algunos países con inflaciones esperadas muy grandes como son Zimbabue y Venezuela, la tasa de interés real promedio es de -0.97 por ciento con una mediana de -0.81 y una moda de -1 por ciento. Se espera que aquellos países que aún tienen espacio para hacerlo continuarán reduciendo sus tasas de interés toda vez que las presiones inflacionarias de la contracción de la oferta agregada sean neutralizadas por la reducción de la demanda agregada.

Los bancos centrales y autoridades financieras han implementado una amplia gama de políticas para proveer liquidez y garantizar el funcionamiento adecuado del sistema de pagos. La tabla resume las políticas más utilizadas indicando cuántos países han implementado cada una en respuesta a la crisis del Covid-19.

De esta tabla vemos que los bancos centrales han incrementado sus operaciones de mercado abierto, han reducido su tasa de descuento y han incrementado el financiamiento a los intermediarios financieros para garantizar la liquidez del sistema de pagos. Algunos bancos centrales han incrementado la adquisición de bonos gubernamentales en las subastas primarias y hay bancos centrales que también están comprando bonos u otorgando financiamiento directo a empresas no financieras. Un número importante de bancos centrales, incluyendo el Banco Central Europeo (BCE), están usando facilidades de financiamiento a término y están estableciendo objetivos en las operaciones de refinanciamiento a largo plazo. Para limitar volatilidad excesiva en el mercado cambiario, algunas autoridades están ofreciendo divisas en los mercados spot y swaps, algunos usando los acuerdos de swaps cambiarios con el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos y el BCE.

Con la finalidad de quitar presiones y liberar recursos de los intermediarios financieros, los supervisores financieros han reducido los requerimientos de capital, reservas liquidez y provisiones, al tiempo que han relajado los estándares de colaterales que son usados como garantías. Algunos países han retrasado la implementación de los estándares de Basilea III y, principalmente en la Unión Europea, la aplicación de los estándares IRFS9. Al mismo tiempo, algunos reguladores han impuesto límites en las comisiones y tasas de interés que se pueden cobrar y se está limitando la distribución de dividendos y las posiciones financieras cortas. Varios países están alentando las transacciones bancarias electrónicas relajando las restricciones existentes. Más de dos tercios de los países del mundo tienen programas de alivio a los deudores para diferir cuotas en los créditos.

Adicionalmente, para prevenir el racionamiento de crédito, algunos gobiernos están proveyendo garantías públicas en créditos a hogares y empresas desde pequeñas hasta grandes corporaciones. En algunos países, el papel de los bancos de desarrollo, como alternativa para corregir fallas de mercado, ha tomado fuerza. Es importante darle seguimiento a la evolución de cada una de estas políticas y analizar cómo cada una va contribuyendo a mitigar los choques negativos y medir las distorsiones que puedan generar para contar con un conjunto de herramientas que permitan a los países mitigar los efectos económicos del Covid-19.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.