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Matar dos pájaros de un tiro

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Matar dos pájaros de un tiro

22/11/2019

Mucho se ha hablado que una parte de la atonía en el crecimiento económico del mundo es atribuible a la falta de inversión. Ya sea por incertidumbre política o económica, las empresas alrededor del mundo han frenado los recursos hacia inversiones productivas que acaben abonando al crecimiento económico. La guerra comercial, el proteccionismo, las elecciones en diversas partes del mundo y la interrogante sobre el desempeño económico, han sido los principales factores que explican la caída en inversión. De acuerdo con el FMI, el mayor impacto en torno a la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha sido la falta de inversión amén de la incertidumbre sobre la posible solución del conflicto, y que de continuarse escalando cobraría una factura del 0.8 por ciento del PIB mundial en el 2020. Además, hasta hace poco, había serios cuestionamientos sobre el desempeño de la economía, particularmente la de Estados Unidos –inclusive había temores de recesión; y uno de los principales componentes del PIB que han retrocedido en ese país durante el año ha sido la inversión.

En México la inversión privada no ha crecido en términos reales desde el 2016. Situación que se ha exacerbado en el 2019. Adicional a la incertidumbre del entorno internacional, la falta de claridad sobre las políticas públicas ha hecho que la inversión haya retrocedido de manera considerable en los últimos doce meses.

Se espera que en los próximos días se den a conocer los detalles del Programa de Infraestructura que planea poner en marcha López Obrador para detonar el crecimiento económico de los siguientes años. De acuerdo con lo publicado en diversos medios, el Acuerdo Nacional de Inversión en Infraestructura con el sector privado contempla la inversión a través de 61 proyectos con un monto aproximado de 255 mil millones de pesos, que equivaldría a poco más del 1.0 por ciento del PIB de México. Este plan es una oportunidad que pudiera hacer que la nueva administración siente los cimientos para aspirar a una infraestructura más eficiente, que le permita a México competir en el plano internacional, donde se podrían resolver varios cuellos de botella y mejorar la eficiencia operativa de diversos sectores productivos. Es imperante reactivar la inversión privada, y más aún si dichos recursos son destinados a mejorar la infraestructura que faciliten el abatimiento de los costos y aumenten la competitividad de México frente al exterior.

El acuerdo contempla proyectos en el sector de comunicaciones y transportes, energía y telecomunicaciones. Del monto total, el sector de comunicaciones y transportes tiene una partición del 30 por ciento, y la mitad de los proyectos son parte de las inversiones comprometidas en los Planes Maestros de Desarrollo de los grupos aeroportuarios. Se contempla un nuevo edificio terminal y la segunda pista en el aeropuerto de Guadalajara, que aumentará la capacidad y solucionará una parte de la saturación del sistema aeroportuario. El 35 por ciento de los recursos serán destinados al sector energético, y de éstos más de la mitad son para proyectos de refinación. Y para el sector de telecomunicaciones se contemplan recursos por 86.1 mil millones de pesos, que representan poco más del 33 por ciento.

Sin embargo, el esfuerzo tendría que ser mayor si se aspira a crecer más aceleradamente que lo observado en estos últimos 12 meses. Se necesitan al menos 60 mil millones de dólares por año de inversiones para crecer más allá del potencial de la economía mexicana, que ronda el 2.0 por ciento. Reactivar la inversión privada es una necesidad urgente de la nueva administración y pudiera ser el factor determinante para pronosticar crecimiento económico en el 2020. Siendo éste una primera fase de un Plan de Infraestructura más ambicioso donde se contemplen inversiones de gran envergadura de la mano de públicos y privados, se podrá matar dos pájaros de un tiro: detonar la productividad, aumentar el crecimiento y, al final de cuentas, mejorar el ingreso de la población.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.