Lo bueno, lo malo y lo feo del presupuesto 2020
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Lo bueno, lo malo y lo feo del presupuesto 2020

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Lo bueno, lo malo y lo feo del presupuesto 2020

13/09/2019

El fin de semana pasado se entregó ante el Congreso de la Unión los Criterios Generales de Política Económica, la Iniciativa de Ley de Ingresos y el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2020. A ello se agregó una iniciativa que reforma diversas disposiciones fiscales, con el objetivo de aumentar la recaudación mediante el combate a la evasión fiscal y ajustes a las tasas de retención de impuestos y de IEPS. En términos generales es un presupuesto fiscalmente responsable y mantiene las finanzas públicas sanas.

Desde que inició la administración de López Obrador, los mercados e inversionistas han estado atentos al marco macroeconómico de México, más allá de la propia retórica que mantiene el Presidente, porque francamente no gusta. Sin embargo, en la medida que el gobierno sea responsable en el manejo de las finanzas públicas, y no aumente el endeudamiento, seguirá manteniendo a los inversionistas, las calificadoras y a los mercados tranquilos. Por ello, resulta relevante evaluar los planes de la administración con respecto al manejo de las finanzas. El paquete económico propuesto tiene cosas buenas, malas y feas; pero mantiene el compromiso de la administración en el manejo prudente, que resulta ser lo bueno del presupuesto. Continúa proponiendo ahorros para varios ramos administrativos, y nuevamente los gastos son de corte social. Aunque redujo la meta del superávit primario del 1.3 por ciento al 0.7 por ciento, que es más congruente, dado el entorno actual.

Lo malo del presupuesto es que algunos supuestos que toma en consideración parecen elevados. La SHCP se espera que la economía este año muestre un crecimiento de 0.6 por ciento a 1.2 por ciento, proyecciones que fueron revisadas a la baja. Para el 2020 el crecimiento estimado es de 1.5 por ciento a 2.5 por ciento. La media de ambas estimaciones se encuentra por arriba de lo proyectado por el consenso de analistas. Los importantes riesgos que aún enfrenta la economía mexicana pudieran acabar en mayores ajustes en el crecimiento económico de México, lo que afectaría los ingresos proyectados. Pareciera que están sobreestimando los ingresos, lo que a la postre requerirá mayores medidas de austeridad, mayor necesidad de financiamiento, o utilizar de nueva cuenta los fondos del FEIP. Adicionalmente, nos mantenemos escépticos del aumento estimado en la producción de petróleo, que se estima en 1.951 millones de barriles diarios promedio durante 2020. Eso implicaría un sustancial y veloz crecimiento de la producción con respecto al nivel actual (1.66 mm de barriles diarios), algo que luce poco probable sin la apertura de inversión a privados para la extracción y producción de petróleo, y con un plan de negocios de PEMEX con inversión limitada. El aumento esperado del 17 por ciento, no ha sucedido en México en más de cuatro décadas, cuando entró Cantarell en operación, y supone un cambio dramático en la tendencia observada de producción de petróleo.

Finalmente, lo feo, son las menores inversiones programadas para el año que suponen una caída del 5.4%; así como los cambios en el cálculo de ciertas tasas impositivas. El incremento al IEPS en bebidas azucaradas de 1.17 pesos por litro a 1.24; así como la propuesta para actualizar este impuesto con base en inflación, contrario a lo que se había realizado anteriormente ya que el incremento se aplicaría cuando la inflación acumulada fuera del 10 por ciento. Este impuesto es sumamente efectivo y amplio, pero perjudica a la base de la población; son precisamente las personas con el nivel más bajo de ingresos a quienes afecta directamente. Por otro lado, el aumento a la tasa de retención de impuestos aplicable al capital del 1.04 por ciento al 1.45 por ciento, porque inhibe el ahorro. A final de cuentas, la gran mayoría de los contribuyentes cautivos no la pueden hacer deducible porque no hacen su declaración anual, y a quien más afecta la retención es al ahorrador de bajos ingresos, ya que se castiga mucho lo que no gasta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.