La realidad acerca de Jammu y Cachemira
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La realidad acerca de Jammu y Cachemira

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La realidad acerca de Jammu y Cachemira

06/09/2019
Actualización 06/09/2019 - 3:44

A unas semanas de que la India se convirtiera en un país independiente el 15 de agosto de 1947, el recién formado país de Pakistán atacó el Estado principesco de Jammu y Cachemira, e intentó anexarlo a la fuerza. El 27 de octubre de 1947, el Estado de Jammu y Cachemira, al no desear ser parte de un país creado en el nombre de la religión, decidió unirse a la India secular. La adhesión fue legal e irrevocable.

La India envió por ello a sus propias tropas a Jammu y Cachemira, y detuvo a la avanzada pakistaní. Un cese al fuego fue declarado y a Pakistán le fue solicitado por la ONU, desalojar el territorio que había ocupado a la fuerza; pero nunca lo hizo y una gran parte del Estado permanece, hasta el día de hoy, bajo la ocupación ilegal de Pakistán.

Por décadas, Pakistán ha adoptado una política de Estado de crear, financiar y apoyar a muchos grupos terroristas para regularmente bombardear ciudades indias, instalaciones gubernamentales e infraestructura. India y muchos otros países, como Afganistán y los EU, han también exigido a Pakistán terminar con ello.

Pakistán ha hecho muchas “promesas” y “compromisos” para arrestar y enjuiciar a los terroristas que viven libremente en su suelo; pero Pakistán nunca ha cumplido, debido a que cree que algunos de los terroristas son “buenos” y “útiles”. Este país continúa mintiendo y defraudando al mundo.

El 5 de agosto de 2019, el Parlamento de la India aprobó cambios en su Constitución, derogando disposiciones del Artículo 370. Este fue un artículo temporal pero su continuación hasta ahora, había detenido en Jammu y Cachemira la aplicación de diversas leyes de importancia y programas de bienestar del Gobierno de la India, disponibles en otros estados de la India; por tanto, su desarrollo socioeconómico ha sufrido. La juventud afectada fue explotada por Pakistán para alimentar ideologías extremistas, usando la religión y el terrorismo.

Los cambios constitucionales realizados por India, son un asunto puramente interno. Su principal propósito es traer a Jammu y Cachemira a la par con otros estados de la India, y mejorar la actividad económica, la buena gobernanza y la justicia socioeconómica.

Debido a que las acciones terroristas son comunes en Jammu y Cachemira, las autoridades locales tuvieron que imponer algunas restricciones temporales y medidas preventivas, para prevenir cualquier amenaza a la paz. Ni un solo tiro ha tenido que ser disparado por la policía y las medidas han sido exitosas para garantizar la ley y el orden. Las restricciones han sido más laxas en la mayoría del Estado trayendo una vida normal.

Algunas restricciones en servicios de telefonía móvil continúan, para que las redes sociales no sean empleadas de manera incorrecta para difundir rumores y noticias falsas, las cuales puedan llevar una posible violencia. Algunos individuos permanecen en detención preventiva por esta misma razón.

India es la democracia más grande del mundo con instituciones fuertes y un sistema jurídico independiente. Todos los indios disfrutan de los mismos derechos fundamentales. India es también una civilización antigua y el lugar de nacimiento de varias de las grandes religiones. El Estado y la población de Jammu y Cachemira son una parte integral del mosaico diverso y secular de la India.

Las campañas de mentiras y desinformación acerca de la situación actual en Jammu y Cachemira, necesitan ser vistas en el contexto de las intenciones reales de aquellos que propagan estos falsos mensajes. India acepta la no interferencia en sus asuntos internos. No tienen una ramificación o dimensión externa. En lo que respecta a Pakistán, la India mantiene su compromiso de resolver todas las diferencias bilaterales a través del dialogo pacifico, pero únicamente en una atmosfera libre del terrorismo. India agradece a todos sus aliados internacionales y amigos, quienes han respaldado esta lógica.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.